El verdadero reto de la vacunación anticovid
  1. Bajo el microscopio
Dr. Rafael Matesanz

Bajo el microscopio

El verdadero reto de la vacunación anticovid

Seamos realistas. Al ritmo máximo alcanzado hasta ahora en inmunizaciones y suponiendo que hubiera vacunas suficientes, nos iríamos a bien entrado el 2022 para cumplir el objetivo

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Por primera vez en la historia de la medicina se han conseguido en pocos meses varias vacunas que, por lo que sabemos hasta ahora, son altamente eficaces en la lucha contra el covid-19, el virus responsable de la mayor crisis sanitaria mundial en el último siglo. Basta recordar los importantes esfuerzos dedicados en su día para lograr una vacuna contra el sida, sin los resultados esperados. Ha sido posible gracias a la comunión de impulsos internacionales, científicos y económicos, en los que por una vez han coincidido los intereses de investigadores, gobiernos y compañías farmacéuticas.

"La única manera de atajar la pandemia es inmunizar en el menor tiempo posible al 70% de la población"

Necesitamos atajar lo antes posible una pandemia que ya ha infectado a más de 100 millones de personas (en realidad muchas más por el infradiagnóstico en grandes zonas del mundo) y ha costado, también teóricamente y tirando por lo bajo, 2.250.000 muertes, acarreando la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. Para ello se han tenido que quemar etapas en la génesis de estas vacunas que en condiciones normales habrían llevado años. Cada día importa, y eso nos ha obligado a lanzarnos sin conocer la respuesta a muchas preguntas científicas y asumiendo problemas de desarrollo que están produciendo no pocos dolores de cabeza.

Inmunización

Por referirnos a España, la situación es muy clara: la única manera de atajar la pandemia y por tanto de detener el goteo incesante de cientos de muertes al día, así como de intentar recuperar cuanto antes parte de los destrozos económicos, es inmunizar en el menor tiempo posible a una porción significativa de la población, fijada por parte de los expertos en un 70%.

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El proceso comenzó con alharacas triunfalistas al llegar las primeras vacunas envueltas en banderas y grandes carteles de Gobierno de España, y administrarse las primeras dosis. Pronto vino la cruda realidad. El plan nacional fue entendido de manera distinta por cada una de las comunidades en cuanto a ritmo de vacunación, prioridades dentro de los primeros grupos, tipo de jeringas que permitieran utilizar o no la famosa 6ª dosis de cada vial, manejo de reservas para la segunda dosis... La descoordinación habitual.

Sin entregas a tiempo

Pero lo peor estaba por venir: las dos principales farmacéuticas suministradoras han anunciado que, por motivos difíciles de entender para quienes como ciudadanos europeos hemos financiado en gran parte sus vacunas, estas no se iban a entregar ni mucho menos al ritmo acordado. A ello se ha unido la insólita proliferación de cargos públicos de todo el arco parlamentario que se han saltado todos los acuerdos, vacunándose antes de tiempo con las excusas más peregrinas.

Todo ello ha generado una sensación de escasez nada edificante en el español medio y la convicción (bastante cierta) de que de ninguna manera vamos a estar vacunados en los plazos anunciados. Aunque las versiones sobre los objetivos a cumplir han ido variando según quién y cómo las exponga en cuanto a fecha y población diana (finales de junio – finales de septiembre, toda la población o solo la susceptible de vacunarse mayor de 16 años), vamos a renunciar al idílico e irreal paisaje de llegar al verano con inmunidad de rebaño y a centrarnos en la hipótesis más realista y explicitada recientemente por la presidenta de la Comisión Europea: mayores de 16 años a finales de septiembre.

La ilusión del verano

Con los datos actuales del INE serían 28,3 millones de personas a vacunar en España. A fecha 1 de febrero, según el registro del Ministerio se han administrado 1.609.261 dosis, lo que significa 42.000/día, con un máximo de 100 - 120.000/día. Para llegar al 30 de septiembre, a dos dosis por persona habría que administrar una media de 230.000 / día, domingos incluidos, una cifra de la que de momento ni disponemos ni aparentemente hay un dispositivo logístico habilitado. Al ritmo máximo alcanzado hasta ahora y suponiendo que hubiera vacunas suficientes, nos iríamos a bien entrado el 2022 para cumplir el objetivo.

En una situación como la que vivimos, la vacunación debe ser una prioridad nacional absoluta por encima de disputas partidistas, territoriales o de cualquier otra índole, y en consecuencia hay que dedicar a ella todos los recursos posibles, públicos y privados. El proceso debe pivotar sobre la red de atención primaria, pero urge recurrir además a cuantas estructuras sean precisas: a la medicina privada, como ya ocurrió en la parte más dura de la primera ola, a las fuerzas armadas con gran experiencia en este campo, mutuas, oficinas de farmacia, etc. Cualquier personal sanitario, con un entrenamiento adecuado y siempre bajo la supervisión y el control de médicos y enfermeras, debería poder contribuir a este proceso. Es hora de unir esfuerzos ante una emergencia nacional y aparcar disputas políticas, territoriales o competenciales.

"Vamos a renunciar al idílico e irreal paisaje de llegar al verano con inmunidad de rebaño"

Deben igualmente considerarse el uso de polideportivos, cadenas de supermercados, aparcamientos donde vacunar dentro del coche… Hacen falta soluciones imaginativas, como se están haciendo en otros países, y desde luego políticos y gestores convencidos y capaces de llevarlas a cabo. A ello debe unirse una presión conjunta, no solo de la Comisión Europea, sino también de todos sus países miembros, porque hay pocas dudas de que pesa más Merkel que Von der Leyen, que junto a los demás presidentes representan a quienes autorizan y compran sus productos. Todos los esfuerzos son necesarios para desatascar el grave problema del suministro, hoy verdadero cuello de botella del proceso.

Mientras tanto, cada día que pasa son cientos de muertos que se suman a los más de 80.000 contabilizados por el INE desde el comienzo de la pandemia, junto con una economía cada vez más deteriorada. Las prioridades no pueden estar más claras.

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