El mejor aliado del virus se llama fatiga pándemica
  1. Bajo el microscopio
Dr. Rafael Matesanz

Bajo el microscopio

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El mejor aliado del virus se llama fatiga pándemica

Nadie es ya inmune a ella y abarca toda una serie de trastornos psíquicos que configuran una crisis de salud mental, que ya circula en paralelo a la sanitaria y a la económica

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Basta hablar con cualquier persona o colectivo para palpar el manifiesto hartazgo de la sociedad española o en general de cualquier otro país ante esta pesadilla pandémica que nos ha tocado vivir desde hace ya más de un año. Para este estado de ánimo, a mitad de camino entre el cansancio y el hastío, se ha acuñado un término muy descriptivo que ha hecho fortuna: 'fatiga pandémica'.

"A generar esta fatiga pandémica han contribuido sin duda nuestros políticos con sus decisiones erráticas y sus disputas de patio de colegio"


Es responsable por una parte de toda una serie de trastornos psíquicos que configuran una crisis de salud mental, que ya circula en paralelo a la crisis sanitaria y a la económica, a la que nadie puede considerarse inmune, y por otra de una relajación de las medidas preventivas necesarias para protegernos y proteger a los demás del virus. La Organización Mundial de la Salud describe la fatiga pandémica como “la desmotivación para seguir las conductas de protección recomendadas que aparece de forma gradual en el tiempo y que está afectada por diversas emociones, experiencias y percepciones, así como por el contexto social, cultural, estructural y legislativo”.

Factores desencadenantes

A generar esta fatiga pandémica han contribuido sin duda, y de una forma entusiasta, nuestros políticos tanto estatales como autonómicos con sus decisiones erráticas y sus disputas de patio de colegio. Difícil entender las discrepancias entre comunidades con solo cruzar un límite regional, inexplicables por criterios científicos, o los mensajes cambiantes y muchas veces contradictorios con que nos han venido obsequiando periódicamente.

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Es más que probable que este hartazgo haya jugado un papel relevante en las sucesivas oleadas de la pandemia con su larga cadena de afectados y fallecidos. Basta ver lo que ocurre en nuestras ciudades pese a la gravedad de la situación actual y de los cientos de muertes diarias causadas por el virus ante las que parece que nos hemos inmunizado a fuerza de oírlas repetidas continuamente.

Por poner un ejemplo, la ciudad de Madrid, actual destino turístico de los ciudadanos franceses para relajarse de las medidas impuestas en su país, registraba el último fin de semana un total de 370 fiestas ilegales detectadas (a saber las que no lo fueron), lo que hacía concluir a algunos medios que estábamos progresando porque la semana previa fueron 418. El impacto psicológico de la pandemia se puede medir de muchas formas.

Del nerviosismo a la ansiedad

Encuestas realizadas semanalmente en Estados Unidos muestran que, a finales de noviembre, el 69% de los encuestados afirmó presentar síntomas de nerviosismo, ansiedad o de encontrase al límite, mientras que al principio de la pandemia esta cifra era del 25%.

Casi un 80% de los españoles, según el CIS, considera que la crisis del coronavirus ha tenido efectos negativos en su salud emocional. Algunos colectivos en primera línea de la lucha contra el virus, como los sanitarios, se muestran muy proclives a presentar trastornos mentales achacables a la situación de pandemia. Dos estudios españoles muestran que, tras la primera oleada, un 28,1% de los sanitarios sufrieron depresión, cifra seis veces mayor que la de la población general antes de la pandemia, un 22,5% trastorno de ansiedad, el 22,2% estrés postraumático y el 6% abuso de sustancias.

En conjunto, un 45,7% presentó un riesgo alto por algún tipo de trastorno mental, incluso un 3,5% tenía ideas de suicido frente a un 0,7-0,9% de la población general. Pero aún sin llegar a estos extremos, se han agravado los trastornos psíquicos en cualquier colectivo o patología que se analice. Si hablamos de los trastornos de la conducta alimentaria, el 90% de los que lo presentaban al inicio de la pandemia ha empeorado y hasta un 30% de forma grave, mientras que las nuevas consultas por esta patología han aumentado en un 140%.

De manera muy gráfica, el peso de los españoles aumentó un promedio de 5,7 kg durante el confinamiento, el mayor incremento entre los países europeos, con todo lo que ello conlleva de morbilidad asociada. Un metaanálisis de 68 estudios realizados durante la pandemia, que incluyeron 288.830 participantes de 19 países, para evaluar los factores de riesgo asociados con la ansiedad y la depresión mostró que como promedio afectó a la tercera parte de la población general. En este estudio se encontró que las mujeres, los adultos más jóvenes, las personas de nivel socioeconómico más bajo, las que viven en áreas rurales y las que tienen un alto riesgo de infección por covid-19 tenían más probabilidades de experimentar trastornos psicológicos.

Hipervigilancia

El mecanismo generador de la fatiga pandémica es múltiple. Resulta fundamental, según todos los expertos, el estado de hipervigilancia para evitar contagiarse, lo que fuerza de una manera constante el sistema endocrino y a su vez nos hace más vulnerables a patologías como la ansiedad y la depresión. La situación económica, la prolongada incertidumbre sobre qué va a pasar en el futuro, la restricción de libertades derivada de los confinamientos, el continuo bombardeo informativo o el simple y sumo aburrimiento y hartazgo contribuyen de manera clara a generar y mantener este estado de fatiga pandémica.

"No todo hay que fiarlo a que algún día nos podamos vacunar. Son muchas las heridas y es preciso atenderlas de manera adecuada"


No todo hay que fiarlo a que algún día nos podamos vacunar. Son muchas las heridas que está dejando la pandemia y es preciso atenderlas de manera adecuada. Es preciso disponer de una estrategia de salud mental que recoja las medidas preventivas y terapéuticas necesarias, pero sobre todo urge recuperar la confianza perdida de la población en los gestores de la pandemia apartándola de la gresca política, tan tóxica como el virus, y poniéndola en manos de verdaderos profesionales. Parece una obviedad, pero por desgracia hay pocas esperanzas de que así suceda.

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