Razones por las que la donación de médula sí merece la pena
  1. Bajo el microscopio
Dr. Rafael Matesanz

Bajo el microscopio

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Razones por las que la donación de médula sí merece la pena

La llegada del trasplante de progenitores hematopoyéticos se ha consolidado como tratamiento de leucemias, enfermedades de la sangre en general, determinados tumores, enfermedades metabólicas y un largo etcétera

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Bajo el nombre genérico de trasplante de médula se incluye la administración de células madre de la sangre humana con el fin de que se produzca una regeneración de las mismas en el lugar donde se fabrican: la médula ósea del enfermo que ha dejado de producirlas como consecuencia de una enfermedad propia de la misma (una aplasia), o como resultado de un tratamiento con radio o quimioterapia aplicado para combatir enfermedades (leucemias, tumores…) de otra forma imposible de tratar.

La misma filosofía supone el trasplante de células de cordón umbilical, que trataremos en otro momento y que técnicamente, junto con el de células obtenidas directamente de médula ósea o bien tras su liberación a la sangre periférica, se engloban bajo la denominación de trasplante de progenitores hematopoyéticos (TPH).

"Mas del 15% de estos trasplantes son de un donante anónimo o un familiar y precisa del enorme ejercicio organizativo"

La médula ósea (no confundir con la médula espinal, que es la parte del sistema nervioso situada en la columna vertebral y que no tiene nada que ver) es el órgano donde se producen la mayor parte de las células que forman la sangre y, por tanto, en ella se reflejan las enfermedades que la afectan. Durante bastantes años, el único procedimiento de obtención de médula para trasplante eran las punciones repetidas en la zona de la cadera (en la cresta iliaca), que suponen una anestesia general con las consiguientes molestias que ello implica.

De células madre

Hoy día este procedimiento solo se utiliza por razones médicas en alrededor de la tercera parte de las donaciones, mientras que en el resto se obtienen las células madre mediante un proceso de concentración y selección, la aféresis, de alguna manera parecida a una sesión de hemodiálisis o a una donación de sangre, con mínimas molestias para el donante.

Los primeros trasplantes de médula con resultados positivos datan de 1958, cuando 5 víctimas de un accidente radiactivo en la antigua Yugoslavia son trasplantadas en París por el oncólogo George Mathé con médula de donantes sanos. Una de las enfermas así tratadas concibió un hijo sano seis años después de recibir el tratamiento.

Hoy los TPH se han consolidado como tratamiento de leucemias, enfermedades de la sangre en general, determinados tumores, enfermedades metabólicas y un largo etcétera de procesos para los que no existe otra alternativa terapéutica.

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En España se vienen haciendo en los últimos 5 años de 3.300 a 3.400 TPH. De ellos, algo más de 2.000, las dos terceras partes son autólogos: las células que se trasplantan son las del propio enfermo previa extracción y posterior tratamiento fuera del cuerpo para eliminar las células malignas (autotrasplantes). Son los más sencillos y constituyen la primera línea terapéutica de este tipo para muchas enfermedades.

En la tercera parte restante, las células madre administradas al enfermo son de otra persona sana (trasplantes alogénicos), bien de un familiar cercano, padre o hermano (unos 850 al año: trasplante alogénico emparentado) o bien de un donante anónimo, pero con un gran parecido genético que les hace inmunológicamente compatibles (trasplante alogénico no emparentado).

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Este último grupo, entre 450 y 500 al año, es decir, no más del 15%, es el que en realidad precisa el enorme ejercicio organizativo y de solidaridad que suponen los registros de donantes de médula, ya que la posibilidad de que dos personas sin relación genética sean compatibles como para compartir su médula es muy pequeña y solo partiendo de un número muy grande de potenciales donantes tendremos una alta probabilidad de encontrar un alma gemela en cualquier lugar del mundo.

DNI genético

Hacerse donante de médula supone tener entre 18-45 años (se ha ido bajando la edad de inscripción para que la posibilidad de ser donante se extienda durante más tiempo), estar sano, acudir a cualquiera de los centros habilitados en todas las comunidades autónomas, informarse adecuadamente de lo que ello implica y proceder a realizar un tipaje de sus células, una especie de DNI genético, bien en sangre o en saliva, que será lo que se compare con el de los enfermos que necesiten un trasplante.

"En el Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO) hay cerca de 450.000 personas, que aumentan a un ritmo de 80 al día"

Con estos datos se pasa a formar parte del REDMO (Registro Español de Donantes de Médula Ósea), gestionado desde su creación hace ahora 30 años por la Fundación Josep Carreras por delegación de la ONT como único registro autorizado en España y en el que están inscritos cerca de 450.000 donantes, que aumentan a un ritmo de 80 al día.

El REDMO está conectado a su vez con todos los registros internacionales, que suponen en estos momentos más de 39 millones de donantes en todo el mundo y a los que cualquier enfermo que necesite un trasplante tiene acceso en las mismas condiciones que otro ciudadano de cualquier país. Con este sistema, un 93% de los enfermos españoles encuentran un donante en menos de dos meses, con una media de 26 días desde que se inicia la búsqueda.

Hacerse donante

Cuando alguien se hace donante y queda inscrito en el REDMO, es perfectamente posible que no sea requerido durante años o incluso que nunca le llamen si su tipaje no coincide con el de ningún enfermo que precise un trasplante. Pero en cualquier momento puede surgir ese paciente y entonces es preciso acudir sin dudarlo a extraer las células madre de médula o sangre periférica, que serán transportadas inmediatamente al lugar del trasplante. De ahí la importancia de una comprensión correcta de a qué se compromete una persona cuando se hace donante, ya que de ello va a depender que un paciente pueda llegar a salvar su vida. Durante 2020 se produjeron en España 220 de estas donaciones efectivas de médula.

Probablemente haya pocas satisfacciones mayores que las que transmiten las personas que han donado médula a alguien desconocido, pero hermanado genéticamente, en cualquier lugar del mundo, por cuyas venas va a correr su misma sangre que habrá servido para salvarle la vida. Un gesto que realmente merece la pena.

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