Covid-19: las reflexiones entre las olas y las alarmas
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Ángel Pizarro

A través de mi dermatoscopio

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Covid-19: las reflexiones entre las olas y las alarmas

Algunos análisis son derivados de la experiencia de las tres ya vividas. Pero sabemos que, pese a la fortuna de la llegada de las vacunas, que deberían ayudarnos a evitar la llegada de una cuarta oleada, aún podemos vivir momentos muy difíciles

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Foto: iStock.

Empecé a escribir este artículo el 8 de mayo y lo prosigo el 9. Entremedias, ha llegado a su fin el estado de alarma declarado el 25 de octubre pasado. Vistas las imágenes de esta noche en muchas ciudades españolas surge una pregunta obvia: ¿por qué hay tanta gente aún que no se entera de qué va esto? O que no se quiere enterar…

"Vivimos un momento crítico, a poco menos de dos meses del inicio del verano, y con unas cifras de contagios muchísimo peores que las que teníamos cerca del pasado verano"


Si tuviera que seleccionar las cinco “impresiones globales” más relevantes que han dejado en mí nuestra respuesta a esta crisis sociosanitaria, señalaría estas:

  1. Hemos confundido reiteradamente (y lo seguimos haciendo) nuestros deseos con la realidad.
  2. Nos hemos enfrentado a esta crisis rodeados de expertos, sí, pero en 'marketing'.
  3. El afán por negar y ocultar los errores cometidos no es la mejor opción para aprender de ellos y no volver a cometerlos.
  4. En nuestro medio hemos apostado por la opción de “convivir con el virus”. No es necesariamente una mala opción si consideramos las facetas no estrictamente sanitarias de esta crisis y si asumimos el inevitable coste en muertos que eso implica y actuamos con extremo cuidado y responsabilidad para minimizarlo. En muchos momentos, obviamente, no se ha hecho o no se hace así. Entonces, el coste en enfermos graves y muertos se eleva.
  5. Por razones muy diversas, políticas, económicas, sociales e incluso psicológicas, nos cuesta mucho ser proactivos frente al virus SARS-CoV-2. Y ser reactivos se paga siempre en forma de más muertos evitables y frenazo a la ansiada recuperación económica.

Lo que en verdad viene por delante

Me extenderé ahora en algunas impresiones particulares sobre cada ola concreta. Pueden ayudarnos a reflexionar sobre lo que ha pasado, y lo que aún nos puede seguir pasando, en un momento crítico, a poco menos de dos meses del inicio del verano, y con unas cifras de contagios que de momento son muchísimo peores que las que teníamos cuando nos acercábamos al pasado verano, a pesar del proceso de vacunación en curso, todavía de alcance limitado.

Primera ola: la que no pudimos evitar

La primera y mayor impresión que me dejó nuestra primera ola es que en España se actuó tarde, muy tarde. Sin embargo, hay una pregunta que me produce cierto desasosiego: con tan solo unos cientos de contagios reconocidos entre nosotros y con tan solo algunos muertos, ¿habríamos entendido, asumido y aceptado que se implantaran a finales de febrero o muy a principios de marzo las drásticas medidas que hubo que implantar inevitablemente dos semanas después?

No se esfuercen en memorizar. Relean la prensa de entonces, escuchen de nuevo las tertulias radiofónicas o televisivas de entonces, repasen los mensajes de WhatsApp que a lo mejor cruzaron con familiares y amigos en aquellos días. Mi impresión es que NO lo habríamos entendido, ni asumido, ni aceptado. La primera ola aquí fue, simplemente, inevitable (aunque ahora sea muy obvio para casi todos lo que se debería haber hecho y cuándo se debería haber hecho para al menos minimizar mucho esa primera ola).

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Residentes del centro de mayores Porta do Camiño, en Santiago de Compostela. (EFE)

Una impresión adicional: actuando tarde, porque entre otras cosas no hubiéramos aceptado que se actuara mucho antes, ¿había alguna opción realista y viable de evitar el drama que se vivió en las residencias para la tercera edad? Es duro responder que NO, pero mi respuesta es que NO. Y no pienso en lo que cualquiera querría que se hubiera hecho, ni siquiera en lo que se debería haber hecho. Es mucho más simple y más duro: pienso en lo que se podía hacer, con los escasos e inadecuados medios disponibles, en aquellos dramáticos momentos. Con nuestros recursos sanitarios colapsados. Muy poco. Tristemente, muy poco.

“Debemos volver a hacer muchas de las cosas que hacíamos antes de la pandemia, pero no podemos hacerlas todavía de la misma forma que las hacíamos antes del inicio de la pandemia”

¿Algún apunte positivo de aquellos dramáticos momentos? El hospital de campaña de IFEMA, en Madrid. Respuesta puramente reactiva, pero tan necesaria como rápida, generosa (por parte de todos los que colaboraron en su puesta en marcha y funcionamiento) y de resultado final brillante.

Segunda ola: la que no supimos evitar

La segunda ola vino en España marcada para mí por cinco condicionantes principales:

  1. Los eslóganes derivados del final de la primera ola (“hemos vencido al virus”; “salimos más fuertes”). Obviamente inoportunos y fuera de la realidad (como lo serían si los pronunciáramos ahora mismo).
  2. Una inadecuada comprensión de las vías de transmisión del virus (énfasis excesivo en el contagio a través del contacto con superficies, negación hasta muy avanzada la pandemia de la transmisión por aerosoles, cuestionamiento de la utilidad de las mascarillas y normas tardías al respecto).
  3. Una errónea concepción de que el coronavirus podría comportarse como virus puramente estacional desapareciendo o atenuándose muchísimo su transmisión durante el verano.
  4. La necesidad de reactivar el turismo en lo posible en nuestro medio (aunque soy de la opinión de que las actividades turísticas, hosteleras, recreativas y culturales, hechas con control, cuidado y responsabilidad pueden ser mucho más seguras que muchas otras actividades sociales desarrolladas en el ámbito privado entre grupos de familiares y amigos, sin apenas control y con mucho menos cuidado).
  5. Rastreo insuficiente cuando la incidencia acumulada era muy baja, que es cuando más fácil es hacerlo y más eficiente resulta.

¿Algunas impresiones positivas tras nuestra segunda ola? Pues sí, algunas sí:

  • Excelente trabajo preventivo en el medio escolar (de cuya eficacia yo dudaba 'a priori' y me sorprendió 'a posteriori', y del que deberíamos sacar todos muchísimas lecciones).
  • Acertada puesta en marcha del rastreo del virus en las aguas residuales de los grandes núcleos urbanos para monitorizar la evolución de la pandemia y facilitar la toma precoz de decisiones.
  • Acierto previsor (y proactivo) en la construcción del Hospital de Pandemias Enfermera Isabel Zendal en Madrid. Todos recordarán las imágenes televisivas de las “colas de ambulancias” a las puertas de algunos hospitales en algunas grandes capitales europeas cuando enfrentaban su segunda ola. En ningún momento se vivió algo similar en Madrid durante nuestra segunda y tercera ola. No fue por casualidad.

Tercera ola: la que no quisimos evitar

El enunciado puede parecer duro. Pero es la impresión que a mí me quedó de lo que vi y viví desde el inicio de diciembre hasta pasado Reyes. Existía el “deseo” un tanto ingenuo entre nuestros gestores sanitarios de llegar a esas fechas con una incidencia acumulada a 14 días inferior a 25, sin tomar las medidas necesarias y sin duda impopulares para ello, además de económicamente muy costosas a corto plazo.

placeholder Ifema Madrid. (Jose Cuesta / Cordon Press)
Ifema Madrid. (Jose Cuesta / Cordon Press)

Llegamos, de hecho, con una incidencia acumulada 10 veces superior (muy similar a la actual, por cierto, aunque en circunstancias notablemente distintas). La tragedia estaba cantada. En cualquier caso, la cuestión sanitaria no es la única a considerar aquí y me parece absolutamente legítimo considerar cuestiones económicas, sociológicas y psicológicas a la hora de decidir tanto de forma colectiva como individual a qué estábamos dispuestos a renunciar y a qué no, y qué normas de cuidado y prevención de contagios íbamos a ser capaces de respetar masivamente y cuáles no. El resultado fue de unos 30.000 muertos adicionales por el covid-19, lo que supone en torno a unos tres millones de contagios “reales” (asumiendo una mortalidad global en torno al 1%) principalmente producidos entre mediados de diciembre y finales de enero.

Cada uno es muy libre de valorar si individual y colectivamente lo hicimos bien o no, y si mereció la pena hacerlo de la forma en que lo hicimos. En la práctica, y si excluimos lo ocurrido en las residencias al principio de la primera ola, esta tercera ola, tan sorprendentemente tolerada por muchos en su gestación, ha sido finalmente la más letal.

¿Nos espera ya la cuarta ola?

Las vacunas están cambiando radicalmente las reglas del juego. Para bien. La reducción de las formas graves del covid-19 entre los vacunados es drástica. Hay fuertes indicios de que la transmisión a partir de los vacunados se reduce, aunque no se suprime. Hay también dos importantes incógnitas: ¿cuánto durará la inmunidad en la mayoría de los vacunados? Y ¿cuál será el grado de protección frente a las nuevas variantes del virus que están surgiendo y lo seguirán haciendo en los próximos meses y años?

"Apostarlo todo a la vacunación reduciendo prematuramente el recurso a las medidas básicas (mascarilla, limpieza, distancia, ventilación) es de momento una opción peligrosa"


Mi impresión es que en nuestro medio ya no vamos a sufrir olas de la magnitud y con las características de las tres primeras. No, al menos, mientras no surja una cepa altamente resistente a los efectos protectores de estas vacunas. Pero corremos aún muchos riesgos y tendremos aún muchos más muertos (y mucho paro) si no entendemos que debemos volver a hacer muchas de las cosas que hacíamos antes de la pandemia, pero no podemos hacerlas todavía de la misma forma que las hacíamos antes del inicio de la pandemia (y lo vivido durante la noche del 8 al 9 de mayo en muchas ciudades españolas es una muy mala señal al respecto).

Que tengan aún vigencia muchas de las cosas que yo decía en un 'post' publicado en julio de 2020 en mi blog de la Clínica Dermatológica Internacional (y que titulaba “Covid-19: conocimiento, sentido común y responsabilidad”) no me invita a ver con especial optimismo lo que podría ocurrirnos en los próximos dos meses. Ojeen si lo dudan las conclusiones de un reciente trabajo publicado en la revista 'MMWR' del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) norteamericano.

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Foto: Reuters / Susana Vera.

Apostarlo todo a la vacunación reduciendo prematuramente el recurso a las medidas básicas no farmacológicas de prevención de contagios (mascarilla, limpieza, distancia, ventilación) es de momento una opción peligrosa. Lo visto y vivido durante la primera noche pos estado de alarma en España va, simplemente, en la dirección equivocada.

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