Sol: problemas para nuestra piel y beneficios para nuestra salud
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Ángel Pizarro

A través de mi dermatoscopio

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Sol: problemas para nuestra piel y beneficios para nuestra salud

En verano tendemos a recordar los riesgos de la exposición solar excesiva, pero no debemos olvidar que necesitamos los rayos del astro rey para obtener vitamina D y para el bienestar mental

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Foto: Unsplash/Todd Rhines.

Hay dos frases que oigo con frecuencia a mis colegas dermatólogos, especialmente a los que están más cercanos al mundo de la cosmética y de la belleza: "La mejor crema antiarrugas es un buen protector solar" y "no hay bronceado saludable". Con la primera estoy totalmente de acuerdo. Con la segunda, no porque nuestra salud debemos de verla de forma global.

Hay cosas que desde cualquier punto de vista pueden ser dañinas para nuestra salud (el tabaco, por ejemplo) y debemos evitarlas, sin matices. Pero hay cosas que pueden resultar beneficiosas para algunas esferas de nuestra salud y perjudiciales para otras. El sol está entre ellas. Entonces los mensajes hay que matizarlos mucho más.

Riesgos de la exposición excesiva

La luz solar interacciona con nuestra piel y tiene sobre ella algunos efectos nocivos bien reconocidos. Yo destacaría cuatro:

1. Las quemaduras solares: frecuentes en pieles claras tras exposiciones solares intensas, especialmente al principio del verano. En el corto plazo, siempre incómodas. En casos severos, con grandes ampollas, pueden llegar a constituir una urgencia médica. Y a largo plazo son el factor de riesgo evitable más reconocido para padecer melanoma.

Foto: Dr. Ruiz y Dr. Pizarro. Opinión

2. Envejecimiento prematuro de nuestra piel, en forma de manchas y arrugas (el denominado fotoenvejecimiento). Para mucha gente preocupada por su imagen a largo plazo puede ser el motivo más relevante para protegerse del sol (bienvenido sea si también así reducen su riesgo de cáncer de piel).

3. Cáncer de piel: por una parte están las queratosis actínicas y los diversos tipos de epiteliomas o carcinomas cutáneos, muy frecuentes, pero la mayoría de ellos no graves, y por otro lado está el melanoma (los lunares malignos), mucho menos frecuente pero mucho más grave y potencialmente letal.

El efecto de la luz solar no es el mismo para las diversas formas de cáncer de piel. Las queratosis actínicas, muchos epiteliomas y algunas formas de melanoma (lentigo maligno) probablemente dependan más del sol acumulado de forma crónica a lo largo de la vida y aparecen preferentemente en zonas expuestas, con énfasis en la cara. Sin embargo, otras variantes de melanoma dependerían más de las quemaduras solares reiteradas, sobre todo en la infancia y juventud. El melanoma surgirá muchos años después, cuando a lo mejor ya has olvidado aquellas quemaduras. En este caso es más frecuente en la espalda.

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Foto: iStock

Enfermedades inflamatorias de piel causadas o agravadas por la luz solar: son afecciones que cursan con fotosensibilidad. Aquí incluiríamos a las reacciones fototóxicas y fotoalérgicas desencadenadas por algunos medicamentos y por el contacto con algunas plantas y perfumes, así como a algunas enfermedades inflamatorias como la rosácea (muy frecuente) o el lupus eritematoso.

Beneficios de la exposición moderada

Bien, estos son los problemas, pero ¿con la luz solar todo son problemas? Rotundamente no. También hay beneficios sobre nuestra salud. Me voy a detener en tres, alguno muy obvio para todos, y otro que a lo mejor les sorprende un poco.

1. La radiación ultravioleta B sobre la piel es la principal fuente de vitamina D para nuestro organismo. Con la dieta no cubriríamos más allá del 10% al 20% de nuestras necesidades. Un porcentaje sorprendentemente alto de la población en nuestro medio muestra niveles de vitamina D por debajo del nivel óptimo, aunque existe una gran controversia entre comités de expertos para definir cuáles son los niveles de vitamina D que debemos considerar como óptimos. Por tanto, las recomendaciones sobre la necesidad de tomar más el sol o de tomar suplementos de vitamina D deben ser siempre consideradas con cierta cautela. Los titulares al respecto en la prensa y en las redes sociales son abundantes, pero las evidencias científicas al respecto son a día de hoy escasas. Sobre esto he escrito mucho en el blog de la Clínica Dermatológica Internacional. Volveré sobre este controvertido tema en alguna publicación posterior en este foro.

Foto: Tomar el sol es una forma de generar vitamina D. iStock

2. La radiación ultravioleta es beneficiosa para algunas enfermedades de la piel, que mejoran con el sol. Quizás los ejemplos más obvios, por su frecuencia, sean la psoriasis y el acné. Con todo, la quemadura solar puede desencadenar un brote de psoriasis y algunas formas concretas de acné empeoran con el sol. Además algunos tratamientos para el acné pueden causar fotosensibilidad. En caso de duda, siempre consultar con el dermatólogo antes de incrementar sin control nuestra exposición solar.

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3. La radiación solar puede tener efectos beneficiosos sobre nuestra sensación de bienestar y estado de ánimo y sobre nuestro rendimiento intelectual. Esto tendría en parte que ver con la producción en nuestra piel de endorfinas (opiáceos endógenos) y de ácido urocáinico que en nuestro cerebro se transformará en glutamato y actuará como neurotransmisor. De lo primero hay evidencias experimentales y clínicas y se ha relacionado con el efecto adictivo que a veces tiene la exposición solar y el bronceado para algunas personas.

Estaría muy bien establecer pautas generales en relación con la exposición solar, pero es inútil, ya que han de ser individualizadas

En la parte positiva, recordar que algunos cuadros depresivos, sobre todo en países nórdicos, se tratan con helioterapia (exposición pautada a la luz solar). De lo segundo hay evidencias en ratones. Nuestra mente y nuestro comportamiento son mucho más complejos que los de un ratón. Aunque ese efecto sea real, probablemente su magnitud en seres humanos sea pequeña, aunque no necesariamente despreciable.

A partir de los riesgos y beneficios conocidos de la luz solar sobre nuestra salud estaría muy bien que pudiéramos establecer unas pautas generales de utilidad para todo el mundo en relación con la exposición solar, pero ese es un ejercicio completamente inútil. Nuestra genética, nuestro fototipo y nuestra predisposición a padecer cáncer de piel u otras enfermedades relacionadas con el sol son enormemente variables. Hay que individualizar las recomendaciones. En caso de dudas, algunas las podemos resolver los dermatólogos.

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