Seis errores simples para una sexta oleada inesperada y compleja
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Ángel Pizarro

A través de mi dermatoscopio

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Seis errores simples para una sexta oleada inesperada y compleja

Se está repitiendo el patrón básico de la tercera y pone de manifiesto similares fallos, aunque con dos actores nuevos: vacunas y ómicron. El resultado es aún impredecible, pero no lo que significa: un nuevo fracaso preventivo

Foto: Ciudadanos esperan para ser vacunados en la Fira de Barcelona. (EFE/Quique García)
Ciudadanos esperan para ser vacunados en la Fira de Barcelona. (EFE/Quique García)

¿Qué errores cometimos el pasado año por estas fechas y qué errores hemos cometido de nuevo este año? ¿Qué errores garantizan nuevos sobresaltos en la evolución de la pandemia en nuestro medio si no somos capaces de reconocerlos a tiempo y enmendarlos?

1. El triunfalismo

Los ejemplos a lo largo de la pandemia en nuestro medio son tan obvios, y yo mismo los he repetido tanto en artículos previos, que está de más reiterarlos aquí de nuevo. Me detengo en el más reciente. Se está insistiendo desde múltiples ámbitos en las dos últimas semanas en que aunque está habiendo muchísimos contagios la proporción de pacientes hospitalizados es mucho menor ahora que hace un año.

Pero este dato cierto hay que interpretarlo con mucha cautela. Por ejemplo, el año pasado por estas fechas teníamos unos 1.900 pacientes ingresados en UCI por covid-19 y este año tenemos unos 1.400 (cuando este artículo se publique las cifras serán superiores e irán en aumento). Este dato, muy inquietante, no es ni cuestionable ni maquillable. Es un dato objetivo. Esto significa que los pacientes ingresados en UCI en este momento de la sexta ola son cerca del 70% de los que teníamos ingresados hace exactamente un año. Si aplicamos una simple regla de tres y extrapolamos los muertos que finalmente causó la tercera ola (en torno a 30.000) a los que podría causar la sexta con base en los pacientes actualmente ya ingresados en UCI nos salen unos 20.000 muertos esperables para esta sexta ola. ¿Hay algún motivo para el triunfalismo?

placeholder Paciente trasplantado de pulmón por covid. (EFE/Marta Pérez)
Paciente trasplantado de pulmón por covid. (EFE/Marta Pérez)

De poco nos vale que el porcentaje de casos graves sea claramente menor si el número de contagios es muy superior. El número absoluto final de muertos puede que disminuya realmente muy poco. Mi pronóstico para esta sexta ola es que entre el 1 de diciembre de 2021 y el 31 de marzo de 2022 (la cola de mortalidad de cualquier ola es bastante larga) nos dejará entre 10.000 y 20.000 muertos. La horquilla es muy amplia porque aún desconocemos los efectos finales de la interacción entre nuestras vacunas y la variante ómicron. Y la sexta ola en sí misma va a ser una mezcla de los efectos de delta (al principio) y de ómicron (desde ya y hasta el final). Pero, incluso si nos moviéramos finalmente en torno al límite bajo de dicha horquilla (que me parece lo más probable), resultaría un fracaso sin paliativos para un país con un 90% de su población mayor de 12 años ya vacunada.

¿Salvamos vidas, salvamos la Navidad, salvamos ambas cosas o echamos ambas cosas a perder? A ver si nos aclaramos.

2. No entendemos bien los tiempos de esta pandemia

Otro asunto en el que he insistido mucho en artículos previos. La distancia que separa al aumento de contagios del aumento final de hospitalizados y muertos en cualquier ola es muy superior a lo que solemos asumir. De forma que nunca vemos (o no queremos ver) el peligro con la suficiente antelación y somos sistemáticamente reactivos, no proactivos.

Repasemos lo que ocurrió en nuestra tercera ola. La iniciamos a primeros de diciembre, cuando aún no habíamos concluido el descenso de la segunda ola. Diciembre en nuestro medio reúne desde su inicio múltiples circunstancias favorecedoras de la diseminación del virus si la ola ya viene lanzada desde noviembre, pero nos pilla aún relajados y casi negando tal posibilidad desde el principio. Nos pasó el pasado año. Nos está pasando este. Pero el pico de contagios declarados en la tercera ola (es decir, dominado ya por pacientes sintomáticos que se hacen los tests diagnósticos correspondientes) lo tuvimos hacia la tercera semana de enero, y el pico de muertos lo tuvimos a mediados de febrero. ¿Qué va a ocurrir ahora? Muy sencillo, casi lo mismo.

No reforzar las medidas básicas de prevención de contagios al inicio de las olas es lo que el virus necesita para provocar el colapso

Hay algunos argumentos a favor de que todo se adelante y se minimice el daño, pero manejarlos ahora mismo sería contraproducente. No es momento para relajarse absolutamente nada. Y me alegraré mucho si veo que me equivoco y que nuestra sexta ola concluye antes de lo previsto y con menos daño del que yo preveo.

No preocuparse al inicio de las olas por reforzar las medidas básicas de prevención de contagios es justo lo que el virus necesita para provocar una y otra vez el colapso final de nuestra atención primaria (en el que ya estamos instalados de nuevo), un enorme estrés sanitario hospitalario posterior y finalmente algunos miles de muertos. Aplicar restricciones adicionales es otra historia. Ya dejé claro en mi anterior artículo por qué no creo ni en su necesidad actual ni en su eficacia. Pero si alguna restricción pudiera ser considerada como claramente eficaz, pierde su potencial beneficio si se aplica sistemáticamente tarde. Es decir, lo que estamos haciendo aquí.

3. Fallos en las medidas de protección frente a contagios

Me centraré en el uso de las mascarillas, de tan absurda actualidad. En mi último artículo en este foro ya mencionaba que en nuestro medio solemos fallar en tres ámbitos reiteradamente: no usarlas por buena parte de la población en aglomeraciones al aire libre, no usarlas por gran parte de la población en locales de restauración mientras no se come ni se bebe y no usarlas por gran parte de la población en las reuniones entre familiares y amigos en domicilios y locales privados. Paradójicamente en España mucha gente las utiliza andando por la calle sin aglomeración ninguna, cuando el riesgo de contagio ahí es prácticamente nulo. Y sorprendentemente nuestras autoridades las vuelven a hacer obligatorias en esta circunstancia. ¿No sería más útil intentar prevenir contagios actuando más selectivamente y a tiempo allí donde es más fácil contagiarse y allí donde más gente se está contagiando?

Foto: Foto: EFE. Opinión

Los bares y restaurantes suponen un problema particular en nuestro medio por su importancia social y económica. Aunque son lugares con un innegable riesgo de contagio este riesgo es fácilmente minimizable. Y aplicarles restricciones es, en mi opinión, contraproducente porque traslada el riesgo a ámbitos privados de control aún mucho más difícil. Así que cualquier decisión al respecto debe ser sopesada con mucho rigor y gran cautela.

En mi opinión hay varias líneas de actuación en las que se debería insistir:

  • Favorecer siempre que se pueda el consumo en zonas exteriores y/o abiertas mientras dure la pandemia (es obvio para todos que para muchos locales de restauración no existe esta opción, por lo que se debe insistir en ellos con las otras tres medidas).
  • Exigir la permanencia con mascarilla en su interior siempre que no se esté comiendo o bebiendo.
  • Exigir la colocación de medidores de CO₂ visibles para la clientela y abrir obligatoriamente ventanas o puertas, además de impedir la entrada de nuevos clientes, cuando se estén superando niveles considerados de riesgo.
  • Cuando no sea posible ventilar de esta forma el local (por las propias características del local o por las condiciones climatológicas en momentos puntuales) exigir como alternativa la colocación de purificadores de aire equipados con filtros HEPA.

Estas medidas son complementarias, no excluyentes entre sí. Cuantas más medidas se estén tomando simultáneamente, menores los riesgos (aunque asumamos todos con naturalidad que el riesgo cero no existe). Creo que en este sector hay un margen amplio de mejora sin recurrir a las manidas restricciones tan fáciles de tomar como económicamente dañinas e inútiles sobre la evolución final de la pandemia. Y algunas de estas medidas también deberíamos aplicarlas en las reuniones domiciliarias con no convivientes.

4. Confianza ilimitada en vacunas de efectividad limitada

Como reiteraba en mi último artículo en este foro, y he repetido en multitud de ellos, las actuales vacunas NO son esterilizantes, lo que implica que no impiden los contagios. Si eso ya era cierto con las variantes alfa y delta, mucho más con la variante ómicron (y no lo duden, con las nuevas variantes que emergerán en el futuro). Esto invalida absolutamente la utilidad del pasaporte covid en locales cerrados donde se pueda estar sin mascarilla (restaurantes, por ejemplo) como forma de prevención importante de contagios. No hay más que ver cómo están evolucionando las cifras de contagios en determinadas Comunidades Autónomas donde se exige desde hace semanas el pasaporte covid para entender hasta qué punto la eficacia de esta medida queda muy lejos de lo que muchos suponen.

5. Medidas sistemáticamente tardías

Ya lo he mencionado en algún punto anterior. Podríamos discutir si determinadas medidas son o no son eficaces en sí mismas, pero es incuestionable que perderán gran parte de su potencial eficacia si se adoptan cuando la incidencia acumulada está disparada y cuando el virus está ya tan extendido que buena parte de la gente más susceptible va a ser contagiada por sus propios convivientes menos susceptibles y a menudo asintomáticos, o en reuniones con sus entornos de familiares y amigos más próximos. Algún día, con el declinar de alguna ola, igual acabamos aprendiendo esta lección y asumiendo sus consecuencias.

6. Confundimos nuestros deseos con la realidad

Todo lo dicho hasta ahora nos lleva a este mayúsculo error final. Publiqué un artículo en este foro a finales de septiembre, cuando declinaba nuestra quinta ola. Con un elevado (y modélico) porcentaje de población vacunada en nuestro medio mucha gente se esperaba ya unas navidades muy tranquilas. Muy parecidas ya a las navidades prepandemia. Yo no lo veía tan claro. Este coronavirus es como es, no como nos gustaría a nosotros que fuera. Y muta mucho más de lo que nos gustaría. Nada más que añadir.

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