Evita quemarte teletrabajando, aunque tu empresa no ayude
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Mar Cabra

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Evita quemarte teletrabajando, aunque tu empresa no ayude

Sin formación concreta sobre bienestar digital, la desconexión y el agotamiento de los que teletrabajan es cada vez mayor. Puedes aplicar una serie de mejoras desde ya para ser más feliz y productivo

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Foto: Unsplash/@glenncarstenspeters.

“Estoy hasta los huevos de esta situación”, me dijo hace poco un cliente. Lleva más de diez meses de teletrabajo, lo va a seguir haciendo durante todo el 2021, y no sabe cómo mejorar su situación. No es el único. La gran mayoría de las empresas ha mandado a sus empleados a casa, y más tras la tercera ola, sin darles ningún tipo de formación sobre cómo teletrabajar bien. Esta situación está haciendo mella: cada vez hay más personas quemadas o que se sienten aisladas/desconectadas de sus trabajos.

Un reciente informe de McKinsey mostraba que el 62 por ciento de los empleados señalaba la salud mental como el principal reto de la pandemia. Sin embargo, tan solo uno de cada seis se sentía apoyado en estos aspectos. Para la consultora, este año el bienestar debería ser la prioridad en los entornos laborales.

"Esta situación está haciendo mella: cada vez hay más personas quemadas o que se sienten aisladas/desconectadas de sus trabajos"


En el salvaje oeste del teletrabajo, cada uno se ha adaptado a las nuevas circunstancias como ha podido. Si bien la responsabilidad de cuidado está en las empresas, que deberían implementar mejoras y dar apoyo, tú también puedes tener la sartén por el mango para sentirte mejor desde ya si sigues estas recomendaciones.

Curva el espacio-tiempo

Uno de los principales factores de estrés del teletrabajo es la falta de separación entre lo personal y lo laboral. Por eso, es importante poner barreras entre los dos: tanto de tiempo como de espacio.

Es fundamental tener un lugar específico designado para el trabajo con una mesa lo más despejada posible donde poner el ordenador. (Evita trabajar desde el sofá, que además es malísimo para la espalda).

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Foto: Unsplash/@mimithian.


Hay quienes pueden permitirse montarse un despacho en una habitación de la casa, a la que solo acceden cuando trabajan. Otra opción es cambiar la configuración del espacio que usas para trabajar cuando dejas de hacerlo, con medidas como mover la mesa de posición o quitar el ordenador de la vista.

Para separar temporalmente las dos actividades, una de las iniciativas más efectivas es incorporar un ‘desplazamiento’ al trabajo. Es decir, desayuna, prepárate como si fueras a ir a la oficina y sal unos 15-30 minutos para pasear. El destino final: tu casa, de nuevo.

Esta táctica es algo que a mí me vino muy bien en uno de los períodos más estresantes de mi vida (cuando trabajaba con los Papeles de Panamá, la filtración más grande de la historia del periodismo). Está demostrado que este tiempo ‘muerto’ –que solíamos pasar en el metro o en el coche– nos ayuda a desconectar. Hacer estas transiciones, tanto al principio como al final de tu jornada, puede incrementar tu productividad entre un 12 y un 15 por ciento.

'Hackea' las reuniones

Otro de los grandes cambios del teletrabajo es que el número de reuniones y llamadas ha aumentado. En los primeros seis meses de la pandemia, Microsoft observó un incremento de más del 50 por ciento en reuniones y llamadas en su plataforma de colaboración Teams. Tanta videollamada nos ha acabado agotando de tal manera que hay un nuevo término que describe este sentimiento: ‘la fatiga de Zoom’.

Para evitar esa sensación de neblina mental en la que es difícil sentirse conectado con los demás puedes tomar medidas a nivel técnico y social. Por ejemplo, el cerebro se cansa menos cuando tiene que mirar a una cara en vez de a muchas. La mayoría de plataformas permiten quitar la vista de galería para centrarse solo en el que habla. Estar atento al mismo tiempo a lo que se dice y al chat también agota. Mejor usarlo lo menos posible y evitar conversaciones paralelas.

La atención prolongada en las videoconferencias nos consume más que en las reuniones físicas por muchos motivos, entre ellos, que tenemos que extraer lo más que podamos de una pantalla en la que solo vemos un trozo del cuerpo y no nos permite percibir el ambiente de la sala. Ponerse reuniones pegadas, una tras otra, aumenta el estrés y la fatiga. En función del control que tengas de tu agenda puedes hacer reuniones más cortas (de entre 30 o 45 minutos) o dejarte entre 5 y 15 minutos de descanso entre una y otra (en las que estirar las piernas, si te es posible). También puedes alternar entre videollamadas y llamadas (de audio), que puedes hacer incluso caminando.

A nivel social, es fundamental que no todas las interacciones sean para despachar asuntos. Al igual que ocurriría en la oficina, puedes instaurar la práctica de que unos minutos antes de la reunión se puede llegar para charlar. Otra manera diferente de empezar los encuentros de equipos es que todos compartan en una palabra cómo se sienten ese día. Un ejercicio divertido, si hay cierta confianza, es decir con qué color te identificas en ese momento y por qué.

Pon puertas al campo (digital)

Las interrupciones mientras trabajas generan mayor estrés, frustración, un aumento en la carga de trabajo y esfuerzo, así como de presión. Puedes empezar a sentir estos síntomas tras solo 20 minutos de intermisiones. El problema es que este escenario es bastante frecuente teletrabajando, ya que tus compañeros no pueden ver si estás ocupado.


Para incrementar la productividad y sentirse más efectivo es mejor no tener distracciones. Hay que pasar de la multitarea a la monotarea y establecer límites digitales. Tres acciones muy útiles para ello son: hacer una revisión por tandas de correo electrónico o redes, silenciar las notificaciones –por tramos horarios o totalmente– y hacer uso activo de los estados de disponibilidad en las aplicaciones de chat.

Sin embargo, es importante entender que tan solo la mitad de las interrupciones vienen de fuera. De la otra mitad somos responsables nosotros. Lo más común: cuando nos aburrimos o estamos ante una tarea difícil, buscamos algo para distraernos. Este paso que parece inofensivo nos mete en agujeros negros para nuestra atención. No solo desaparecen los minutos y nuestro foco. Un 40 por ciento de las veces, no volvemos a la tarea original.

Todos estos cambios pueden ayudarte a mejorar tu bienestar y evitar quemarte. A la vez, lo que uno hace individualmente solo te ayuda a llegar hasta un punto. Si tu empresa no está promoviendo este tipo de hábitos saludables, puedes convertirte en ‘abanderado del bienestar digital’ y compartir buenas prácticas. Y si aún así no hace nada, quizás es el momento de pensar si el cambio a hacer es el de irte. El teletrabajo ofrece muchas oportunidades de trabajar fuera de España sin moverte de tu actual casa, y mejor pagadas. La fuga de talentos es cada vez más fácil, si no se toman medidas para prevenirlo.

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