No te vayas de las redes sociales si estás harto: puede ser peor
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Mar Cabra

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No te vayas de las redes sociales si estás harto: puede ser peor

Cada vez hay más personas que reniegan de la 'tiranía de la presencia permanente', pero irse de redes tiene un coste social difícil de asumir. ¿Se puede estar en ellas de manera más saludable?

Foto: Foto: Unsplash @dole777.
Foto: Unsplash @dole777.

Como regalo de cumpleaños: dejar Twitter. Así decidió festejar su aniversario la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, una de las políticas españolas más activas en la red del pajarito. En principio, era una prueba piloto. Pero un mes más tarde anunciaba a sus 900.000 seguidores su salida total de ella. Era su manera de rebelarse contra la ‘tiranía de la presencia permanente’.

100 días después del inicio de su experimento, Colau se reafirma en una entrevista a Alimente+Salud: ni tiene ganas de volver, ni lo echa de menos.

“No me estoy perdiendo nada”, cuenta. “Todo lo importante de la ciudad y del mundo político me llega. Quizás no en el mismo segundo en el que ocurre, pero me llega igualmente”.

Colau no cree que Twitter fomente la “calidad democrática”. Se fue por convicción política. Su caso es uno de los más visibles en nuestro país de un grupo creciente de personas que deciden irse de las redes por completo. Los motivos son diversos, como resumía el gurú de la realidad virtual, Jaron Lanier, en su libro de 2018 'Diez razones para borrar tus redes de inmediato'.

Sin embargo, para muchos, dejar las redes tiene un coste difícil de asumir y más en tiempos pandémicos: lo cierto es que te desconecta del resto. Hay otro modo de luchar contra esa ‘tiranía de la presencia permanente’: conectarse a las redes de manera consciente.

placeholder Foto: Unsplash @thoughtcatalog.
Foto: Unsplash @thoughtcatalog.

Estar sin estar

Colau dice tener más tiempo para concentrarse en lo importante, como hablar directamente con la gente en los barrios (que es justo lo que había hecho antes de hablar con nosotros).

“La política trata de mejorar la realidad y la mayoría de la gente no está en Twitter”, explica. “Es una red que vive de generar polémicas, magnificando unas e invisibilizando otras”.

Twitter no es la red social más usada en España. Colau ya no le da tanta importancia

Ahora solo postea directamente en Instagram, una red que considera “menos polarizada”. Su equipo le lleva Facebook y Telegram. Eso sí, aunque no tuitee ni tenga la aplicación en el móvil, sigue escuchando indirectamente lo que se dice en Twitter. Una persona de la alcaldía le resume a diario los principales temas y si hay alguna mención relevante con respecto a su persona o su ciudad. Sin embargo, ahora le da mucha menos importancia.

Volver no es fácil

Quitarse de las redes totalmente o tener una oreja en la puerta, como Colau, no es válido para todo el mundo. Y menos si la manera de conectarte con los tuyos es a través de la tecnología.

Jon Abaitua, cofundador de TAZEBAEZ y Mondragon Team Academy, se tiró un año sin redes sociales. Pero ahora vive en Corea de Sur y se ha instalado WhatsApp: es la manera más cómoda de comunicarse con su chica, amigos y familia. También añadió Instagram tras un confinamiento.

“Al volver sueñas con que tendrás el control total y absoluto, pero te das cuenta de que no es así”, nos confiesa. Pero matiza: “Ahora hago un uso más intencionado de las redes, cuando antes quizá no tanto. Antes pasaba más tiempo perdido en ellas y haciendo scroll sin sentido”.

Entre sus nuevas prácticas están el hacer una valoración profunda antes de descargarse una aplicación para entender si es necesaria, tener todas las notificaciones desactivadas (salvo de WhatsApp), estar menos en grupos y asegurarse bien de lo que escribe antes de enviarlo. “También lo haría en persona”, enfatiza.

“Es mejor quedarse y tener una conexión consciente que irse del todo”, confirma. “Es insostenible e incluso contraproducente porque rechazas herramientas y canales que pueden facilitar tu vida y tu trabajo”.

Foto: Foto: Unsplash. Opinión

El ‘camino del medio’ en las redes

Dice el refrán que en el punto medio está la virtud, los budistas lo llaman el ‘camino del medio’. Esa conexión consciente de la que habla Abaitua sería el equivalente en el mundo virtual. El viaje no es sencillo, y tiene mucha prueba y error hasta que cada uno encuentra su fórmula de bienestar digital, pero hay pasos que se sabe que funcionan.

De cara a tener una relación más saludable con las redes, es importante saber por qué nos conectamos a cada una de ellas. Así veremos si sirve nuestro propósito o no. Colau lo vio claro: Twitter no le aportaba el diálogo enriquecedor que ella buscaba y se fue. ¿Por qué usas tú Twitter, o Facebook, o Instagram, o TikTok, o WhatsApp? Y lo más importante: ¿las necesitas?

Si decides quedarte en ellas, quizás puedas plantearte usar alguna solo desde el ordenador, en vez de en el móvil. Desde que yo empecé a hacer eso, casi no miro Facebook. Es importante también que te plantees cómo quieres que te llegue la información y cada cuánto. Si no necesitas urgencia, quita las notificaciones. (A partir de otoño, si tienes iPhone, podrás hacer que te lleguen todas a la vez cuando decidas).

Saber para qué usas cada red social es clave para decidir si merece la pena quedarse

En ese sendero pedregoso digital, es difícil mantenerse firme. La auto-observación te hará aumentar tu nivel de conciencia y mejorar tu conexión, para caer cada vez menos en comportamientos que no te beneficien. Cuando sientas la necesidad de postear algo pregúntate: ¿por qué quiero compartir esto ahora? Quizás la respuesta acabe siendo: “Necesito calor humano”, en cuyo caso puede que una llamada a un amigo sea más efectiva.

Pon la tecnología a tu favor

Las redes sociales actualmente están más diseñadas para captar nuestra atención que para apoyarnos en un uso de ellas más saludable, aunque a veces dan algunos tímidos pasos en esa dirección. Tanto Facebook como Instagram dan información del tiempo que pasas en ellas y puedes establecer límites de uso. Esto no solo vale para adolescentes (conocido como ‘control parental’), es muy útil también en adultos. Desde las aplicaciones de Tiempo de Uso (iOS) y Bienestar Digital (Android) también se puede poner límite a otras aplicaciones.

La investigación en este campo recomienda no invertir más de 30 minutos en todas las redes sociales al día, a no ser que uno lo use para promocionar su trabajo o sus productos”, nos comparte desde California Sophie Janicke-Bowles, investigadora de psicología positiva de medios en la Universidad de Chapman y directora de investigación del Digital Wellness Institute.

En un estudio de la Universidad de Pensilvania sobre los alumnos vieron que esta medida, de hecho, ayudaba a reducir el miedo a perderse cosas, conocido como FOMO, siglas de 'fear of missing out'.

Foto: eres-fomo-o-jomo

Y aunque la comparación con otros en las redes sociales pueda parecer llevarnos solo a lugares negativos, a eso también se le puede dar la vuelta. En este paper demostraron los efectos positivos de usar Instagram como fuente de inspiración, admiración y aspiración.

“Podemos hacer una limpieza profunda para dejar de seguir o de ‘ser amigos’ de las cuentas que nos hacen sentir mal y seguir aquellas que nos hacen sentir bien sobre nosotros mismos”, sugiere Janicke-Bowles.

Aprendiendo de los adolescentes

Si hay un grupo de personas para el que no estar en las redes es difícil, son los adolescentes. Sin embargo, entre ellos, también hay un número creciente de voces que abogan por un tipo de conexión diferente, sobre todo en Estados Unidos. Aliza Kopans, que en unos meses entrará en la universidad, es una de esas jóvenes activistas que promueven un equilibro entre vida y pantalla. Su mantra: las redes sociales no son necesarias para establecer relaciones significativas.

También hay adolescentes que buscan encontrar el equilibro entre vida y pantalla


Lo común en su instituto era pedir el usuario de Snapchat casi antes que preguntar el nombre. En su mundo, las conversaciones cara a cara solían tener lugar tras semanas de mensajes en redes. Eso para ella era difícil, porque tenía poca presencia en redes sociales (borró su cuenta de Instagram y nunca tuvo Snapchat). Hasta que hizo un semestre del equivalente a 4º de la ESO en una escuela en medio de las montañas en Vermont en donde ni ella ni la mayoría de sus compañeros tenían móvil.

“Fue todo un regalo estar rodeada de compañeros que querían tener conversaciones sin mirar sus móviles, que no te juzgaban por no estar en redes y a los que les parecía bien quedarse a pesar de que crear amistades fuertes a veces es incómodo”, nos cuenta.

Reconoce que su tiempo en la pantalla se ha incrementado con el covid, pero está observante, haciendo ajustes constantemente para irse a la cama y poder decir con calma: “Hoy no he sido absorbida por la tecnología”.

Para Kopans, la clave es aprender a interaccionar con las redes sociales de una manera que “promueva conexión humana, pensamiento profundo y bienestar”, y apunta a la responsabilidad de las escuelas, padres y grupos de amigos para conseguirlo.

Teniendo en cuenta que no hay una fórmula mágica que funcione para todos igual, quizás entre todos nuestros experimentos e intentos acabemos encontrando esa otra manera de estar en las redes, sin tanta consecuencia negativa.

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