Uno de los mantras más repetidos en alimentación reciente es el de “hay que comer de todo con moderación”. ¿Pero realmente queremos que la gente coma de todo? Y, por otro lado, ¿de verdad la gente tiene claro lo que es la moderación?

¿Qué alimentos son los que hay que comer con moderación? Básicamente, esta advertencia siempre se nos suele hacer con alimentos que son factor de riesgo de diferentes enfermedades: dulces, bollería, galletas, embutido, bebidas alcohólicas, refrescos…

Hoy en día, encontramos muchos anuncios a diario en medios de comunicación que nos invitan a consumir algunos productos "dentro del contexto de una vida activa y una dieta saludable”. Es ya de por sí un mal presagio si un alimento hay que tomarlo con tantas precauciones: cantidad, contexto y acompañado... A lo mejor es que simplemente no es saludable.

No nos ha hecho falta nunca llamar a la moderación con el consumo de verduras o con el consumo de hortalizas. Primero, porque son alimentos completamente saludables, y segundo, porque comerlos en exceso es improbable (por su baja densidad energética) y porque las repercusiones para la salud son muy diferentes. Un abuso continuado de dulces puede ser motivo de aparición de enfermedades metabólicas; el de judías verdes, no.

¿Qué entendemos por moderación? (iStock)
¿Qué entendemos por moderación? (iStock)

No obstante, también hemos vivido la desgracia de llamar a la moderación con alimentos saludables de manera injustificada. La gente ha identificado durante muchos años los frutos secos como un peligro, dado que supuestamente engordaban. No es raro encontrarse todavía pautas desactualizadas de alimentación que alertan sobre ellos matizando con un “¡solo un puñado!”, como si fuese una desgracia comerse el doble de almendras para merendar.

Ojalá hubiéramos tenido a más personal sanitario mostrando esas delicadas precauciones sobre las galletas o los cereales de desayuno que colman la mañana de la familia media española.

Errores de comunicación

¿Qué errores se han cometido a la hora de comunicar? Quizás una de las realidades que peor se han comunicado ya no esté solo en la frecuencia o en la cantidad que se come de ese alimento, sino en el mandato imperioso, en ese 'hay que'.

Y es que el haber o el deber suena a obligatorio, y trasladado a muchos de estos alimentos quizá no solo es falso, sino que es contraproducente. Dado que no necesariamente 'hay que' comerlos, se puede hacer o no.

Cereales, un clásico en nuestros desayunos. (iStock)
Cereales, un clásico en nuestros desayunos. (iStock)

Curiosamente, solo una de las dos opciones se tildaría de extremista.

Si alguien dijese “no hay que comer dulces”, probablemente acabaríamos señalándolo como una postura radical y que contribuye poco.

Sin embargo, estamos más acostumbrados a escuchar el “hay que comer dulces con moderación” y podría ser tan radicalmente falso como la frase anterior, porque no hay que comer dulces con moderación. Desde el punto de vista de que no son obligatorios, como ningún otro alimento.

El problema de comunicación en esta frase lo observamos cuando viene acompañada de ese matiz peligroso, que es el que motiva este 'post' de hoy: la moderación.

¿Cuánto es 'con moderación'?

Es un buen debate comunicativo, porque verdaderamente la gente no lo tiene claro ni lo interpreta correctamente.

Resulta complicado identificar cuánto es comer galletas en exceso o pasarse con el embutido, porque dentro de algo tan inespecífico como la moderación hay muchas lecturas.

Quizás es hora de asumir que todos esos alimentos que recomendamos consumir 'moderadamente' son directamente poco saludables. Quizás es hora de cambiar el mensaje y de cambiar el 'hay que tomarlo en moderación' por un 'cuanto menos, mejor'.

Es algo que ya han hecho en otros lugares guías de nutrición como el Plato de Harvard o pirámides alimentarias como la australiana. Directamente han eliminado de sus recomendaciones los alimentos malsanos. A lo mejor tiene sentido que en una guía 'saludable' precisamente encontremos eso: alimentos saludables.

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