Durante años se ha trasladado desde el personal sanitario una visión cuantitativa de la alimentación. Hasta un punto enfermizo, en el que la gente contaba gramos de alimentos, microgramos de nutrientes o incluso medía raciones exactas de diferentes alimentos. Y así, mientras contábamos miligramos de hierro, se nos olvidó meter puñados de verdura en nuestros platos.

Dejando de buscar culpables en los nutrientes

Este reciente estudio publicado en JAMA nos arroja una conclusión que refuerza un nuevo paradigma en nutrición: importa más la calidad que la cantidad. La comparativa que se hizo en esta intervención fue la de entregar a los participantes una dieta baja en grasa y una dieta baja en hidratos de carbono con la misma cantidad de kilocalorías, pero con una particularidad poco común en las dietas bajas en grasa y es que ambas dietas estaban diseñadas correctamente.

Lo importante es que sea una dieta bien diseñada, que permita mantener una alimentación que produzca un déficit calórico

Por tanto, ni los hidratos de carbono son el enemigo, ni tampoco las grasas. Para tener una dieta de pérdida de peso exitosa basta con diseñar una dieta con alimentos saludables y que se siga en el tiempo (independientemente de su distribución de nutrientes). Es ahí donde se deben centrar los esfuerzos. Es más, dentro de esa pauta tan inespecífica de 'quítate los hidratos', la gente aparta de manera injustificada a frutas, verduras, hortalizas, tubérculos…, alimentos completamente saludables y que no habría por qué restringir en una dieta de adelgazamiento. Es más, son herramientas muy útiles porque son alimentos saciantes, con baja densidad energética y que ayudan a controlar el apetito de las personas.

Para una dieta de adelgazamiento exitosa

Lo importante es que sea una dieta saludable, bien diseñada, que te permita mantener en el tiempo esa alimentación produciéndote ese déficit calórico que es el que explica el adelgazamiento. Incluso estos ejemplos de dietas 'atípicas' como son las bajas en grasa o bajas en hidratos se pueden hacer de manera saludable si escogemos los alimentos acertados.

Foto: iStock.
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Una dieta baja en hidratos de carbono debería mantener las verduras, cosa que es primordial para que sea saludable. Y alcanzar nuestras necesidades energéticas con más fuentes grasas de calidad: frutos secos, huevos, pescado azul, carne fresca… Al contrario de como se hace en muchos contextos, que es a base de productos cárnicos en exceso.

Ni grasas, ni carbohidratos. Señalemos a los dulces, la bollería, los refrescos... El objetivo estará mucho mejor definido

Mientras que una dieta baja en grasas podría estar bien diseñada no a base de harinas refinadas ni de productos desnatados como se recomendó en los años 90, sino con abundantes cantidades en frutas, verduras, hortalizas, legumbres… y las fuentes proteicas más magras.

¿En qué debemos centrar el foco?

El verdadero 'enemigo' no tiene nombre de nutriente, sino de alimentos. Deberíamos encaminarnos más a evitar aquellos alimentos que nos hacen consumir más comida superflua en exceso y que además desplazan a los alimentos de interés en nuestra dieta. Por tanto, ni grasas, ni hidratos; señalemos a dulces, bollería, refrescos, harinas refinadas, embutidos, bebidas alcohólicas… El objetivo estará mucho mejor definido.

Teniendo esta perspectiva clara, los esfuerzos del personal sanitario deberían centrarse en facilitar la ejecución y puesta en práctica de este modelo de alimentación, tal y como hacemos los dietistas-nutricionistas: adaptar para que se pueda seguir de manera sencilla. Otras investigaciones en nutrición, como por ejemplo las que realiza Sherry Pagoto​, ya ponían en cuestión los enfoques antiguos. Esta investigadora afirma que hay que dejar de buscar dietas perfectas (a nivel de nutrientes) y centrarnos más en cómo podemos hacer que la gente sea fiel a sus planes de alimentación.

Foto: iStock.
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El compromiso con una dieta bien diseñada es el factor que más importa a la hora de conseguir mejoras a largo plazo en nuestra salud. Reenfoquemos las prioridades de salud pública para evitar que mientras huimos de la grasa nos encontremos yogures desnatados con azúcar o que nos pongan delante de nuestros ojos bollería sin azúcar haciéndonos creer que es más saludable.