La cultura popular ha tenido durante bastante tiempo refranes y creencias alimentarias que no siempre estaban justificadas. Entre ellas, resulta más que llamativo el estigma que todavía hoy tienen muchos alimentos saludables a su alrededor.

Frutos secos, legumbres, frutas, verduras, semillas… Son ejemplos de cómo se ha extendido información contradictoria sobre los efectos que tienen para la salud. ¿Por qué esta injusta obsesión sobre alguno de ellos?

¿Engordan los frutos secos y las legumbres?

Los frutos secos han recibido críticas tradicionales por su presunta relación con el sobrepeso y obesidad. Relación que, por cierto, no sucede realmente, entre otras cuestiones porque los frutos secos tienen una gran capacidad saciante, además de que su energía no es muy aprovechable. Es decir, tranquilidad, añadir frutos secos a la dieta no produce un aumento de peso. No es necesario obsesionarse con llamar a la prevención máxima con "¡solo un puñado de frutos secos!". Y quizás debiéramos centrarnos en limitar otros alimentos más perjudiciales.

"Causa diabetes", "engorda", "no se puede tomar de postre": son muchos los bulos que todavía circulan sobre la fruta

Esto mismo sucede con las legumbres, plato que durante mucho tiempo ha estado en el punto de mira como pesado, de difícil digestión o incluso hipercalórico. Mucha gente sigue pensando a día de hoy que las legumbres engordan, cuando realmente sucede lo contrario, ayudan al control de peso y son una herramienta dietética muy versátil.

"¿Qué haces cenando legumbres? ¡Eso no puede sentar bien de noche!". Sigue chocando a día de hoy ver platos de legumbre en la cena y efectivamente sigue habiendo gente que se sorprende o piensa que no puede ser.

¿Es malo abusar de la fruta?

Uno de los alimentos más perjudicados tradicionalmente en este sentido ha sido la fruta. Es curioso cómo circulan bulos relacionados con su consumo, desinformación como "la fruta causa diabetes", "la fruta engorda", "la fruta no se puede tomar de postre", "no debes tomar fruta a partir de la tarde", "no debes tomar fruta sola"…

Todas ellas son falsas y, aun así, todavía hoy tenemos a un nutrido número de sanitarios que por ejemplo 'alertan' sobre el peligro de la fruta en exceso, e incluso se advierte de ello en sesiones de educación diabetológica.

Los avisos de "cuidado no te tomes dos frutas, que pueden alterar tu glucemia" son, sin embargo, demasiado frecuentes, más que advertencias más pertinentes para no pasarse con las galletas o con el pan blanco.

¿Por qué no se está poniendo el foco en los verdaderos responsables? ¿Por qué no circula esa información señalando si cenar un 'kebab' es o no saludable? ¿O si tomar por la noche un gin-tonic es sano? ¿O por el contrario si debiéramos vigilar nuestra ingesta de bebidas alcohólicas? Una muestra coloquial de esta señalización indiscriminada se puede ver de manera anecdótica aquí. Recientemente publiqué este tuit proponiendo llevar una 'caja roja' de fresas cuando visitásemos a nuestros enfermos en los hospitales.

Por supuesto, no faltaron reacciones sobre la potencial interacción que podrían tener con fármacos, su contenido en pesticidas o que las fresas en exceso son malas. ¡Incluso que podrían no ser sostenibles! Mensajes arrojados en el contexto de sustituir bombones por fresas. ¿Por qué no se hacen esas advertencias cuando la gente lleva a sus amistades cajas con bombones? ¿Por qué no se habla de su poca conveniencia para la salud?

Probablemente, los grandes dogmas alimentarios que se construyen sobre estas creencias tienen mucho que ver. A veces es tan sencillo como ponerle sentido común y relativizar, para darnos cuenta de que, en ocasiones, no solo son los alimentos saludables los que salen perjudicados, sino como consecuencia también la sociedad.