Las galletas han sufrido una transición drástica durante los últimos años. Durante un tiempo eran el desayuno indiscutible en muchos hogares, y aún hoy lo siguen siendo en gran medida en los más humildes. Tras las galletas convencionales llegaron las que tenían supuestos efectos beneficiosos para la salud: integrales, con esteroles vegetales, con aceite de girasol alto oleico, con salvado, multicereales, saciantes, infantiles e incluso tan específicas como 'mi primera galleta'. Sin embargo, los supuestos efectos beneficiosos que nos aportan estos productos son más promesas que realidades.

Durante años, las estrategias de publicidad y marketing maquillaron ciertos alimentos para hacerlos pasar como saludables

Hemos pasado de unas estanterías donde estaban las clásicas galletas María con alguna que otra versión exótica, a encontrar propuestas que nos hacían creer que podían ser incluso un alimento funcional. Esta situación ha sido consecuencia de una estrategia de publicidad y marketing consistente en 'maquillar' o mejorar ciertos alimentos para hacerlos pasar como saludables. Fueron los años de 'añadir cosas' para hacernos creer que el resultado era una absoluta innovación de I+D.

(iStock)
(iStock)

Desgraciadamente, ante semejante formulación nutricional, el hecho de que pueda contener unas motas de salvado, un esterol vegetal, unos gramos de fibra o semillas incrustadas es simplemente irrelevante. La galleta, aunque se vista de seda, galleta se queda. Y sí, esto también incluye a la bollería y repostería caseras. Que los alimentos estén preparados en casa no los hacen más saludables si se mantienen los mismos ingredientes. No necesitamos mejores galletas, pizzas ni yogures para mejorar nuestra alimentación. Es tan sencillo como comer más alimentos saludables y estos ejemplos no suelen serlo.

Añadir ingredientes no modifica su esencia

Porque la esencia en sí misma de una galleta no es saludable, independientemente de que puedan variarse o modificarse ligeramente sus ingredientes. Para saber si un alimento procesado es saludable no nos debemos dejar llevar por los reclamos publicitarios, sino por los ingredientes de su etiquetado. Y a la hora de consultar de qué está hecha una galleta, en la inmensa mayoría de casos la respuesta es unánime:

  • Harina refinada

  • Azúcar

  • Aceite de no muy buena calidad (girasol o palma)

El último intento viene a ser reinventar las galletas de dinosaurios, en las cuales se sustituye parte de su azúcar por fibra y edulcorante en una gran cantidad. Misma estrategia que habían usado hasta la fecha tabletas de chocolate con polialcoholes, que pueden llegar incluso a superar un 30% de la tableta con edulcorantes, eso sí, con notables efectos laxantes. Por lo tanto y aunque sea una afirmación que a mucha gente le sorprenda: no hay ninguna galleta en el súper que sea saludable, simplemente porque su formulación no lo es.

Recetas de Instagram saludables

Sí es cierto que unido a la corriente 'foodie', cada vez nos encontramos alternativas saludables y recetas caseras que son bastante interesantes como alternativa a muchos alimentos ultraprocesados. El problema es que tenemos que considerar que se tratan de recetas excepcionales y no tanto una versión saludable de una galleta.

Existen bases de pizza hechas con coliflor o brócoli, tartas con harina de frutos secos e incluso galletas hechas con avena y plátano. Pero son tan diferentes en composición que prácticamente lo único que guardan respecto al original es la forma.

Comer estas recetas caseras extraordinarias puede ser saludable, pero no son versiones de galletas que encontremos en el súper, sino una preparación fuera de lo normal que podemos hacer en casa. Si queréis probar a hacer algo diferente en casa, empezad por esta ¿galleta? De avena y plátano. Le podéis dar incluso forma de dinosaurio. Lo que está fuera de todo debate es que será más saludable que las que nos encontramos en el supermercado.

Una receta saludable.
Una receta saludable.