Lo que realmente tienen en común tu piel y tu boca
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Débora R. Vilaboa

En boca de todos

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Lo que realmente tienen en común tu piel y tu boca

A través de ambas podemos conocer en gran medida el estado de salud, física y emocional, de una persona. De hecho, antiguamente los dientes eran utilizados como un parámetro de medida de la edad y el bienestar

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La piel y la cavidad oral son los órganos del cuerpo humano más fáciles de observar. A través del aspecto de nuestra piel podemos conocer en gran medida el estado de salud, física y emocional, de una persona. Qué buena cara tienes es sinónimo de decir qué buena salud. De la misma manera, antiguamente el estado de la boca y de los dientes han sido usados como un parámetro de la edad y la salud.

Hoy más que nunca el ser humano quiere estar bien y permanecer joven y sano. Y el estilo de vida moderno, el estrés, la dieta e incluso los hábitos de higiene no siempre traen cosas buenas. De hecho, en un estudio realizado en la Universidad de Toronto se ha encontrado una relación directa entre el estrés y la mala salud oral.

Pero ¿qué tienen la boca y la piel en común?

De entrada, ambas tienen el mismo origen embriológico: el ectodermo. Del ectodermo se forman no solo la piel y el esmalte dental y la mucosa oral, sino las uñas, el pelo y el cerebro. No es de extrañar que antropológicamente se utilicen frases como 'los pelos de punta' o 'a flor de piel' para describir la percepción inmediata por parte de la piel de una situación desconocida.

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De la misma manera ante un estrés súbito alguien siempre nos ofrecerá un vaso de agua para aliviar la boca seca provocada por el estrés. Tanto la piel como la boca son perceptores inmediatos del estrés. El problema viene cuando este es mantenido o sobrepasa nuestro dintel de tolerancia.

¿Por qué mecanismo el estrés afecta a la piel y a la boca?

Que el estrés afecta a la piel y a la boca es de sobra conocido desde tiempos antiguos y ahora es considerado por los dermatólogos y odontólogos como factor causal o desencadenante de lesiones o enfermedades de diversa entidad. Numerosos estudios explican la relación entre el estrés, la inflamación y el envejecimiento tanto de la piel como de la boca.

Elevados niveles de cortisol, liberación de mediadores de la inflamación, respuesta inmunitaria alterada, dieta desequilibrada típica de situaciones que nos alteran, abuso de tabaco, alcohol, toma de medicamentos para combatir la ansiedad, el insomnio e incluso la depresión van a dar origen desde a arrugas a una deshidratación de la piel y las mucosas (xerodermia y xerostomía) hasta incluso el despertar de enfermedades autoinmunes cuya manifestación en piel y boca antecede muchas veces a los signos en otros órganos internos. Este es el caso de la psoriasis, la artritis reumatoide o el liquen, por ejemplo.

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En la boca, durante décadas, hemos dado por bueno el desgaste dental, como proceso fisiológico asociado a ir cumpliendo años. Hoy es considerada la pérdida de la estructura dental como algo patológico al ser una condición crónica, irreversible y cíclica, y que no solo acorta la vida del diente, también puede afectar a nuestra esperanza de vida.

La boca y la piel además son la primera y más importante barrera de defensa frente a infecciones o agentes tóxicos externos. La función de barrera no puede darse por descontada, puesto que para que exista debe existir un equilibrio e incluso acción simbiótica o coordinada microscópica y micromolecular entre dichos órganos y el medio externo. Como nos lavamos, la higiene de la piel y la boca también está entre las primeras causas de alteración o incluso ruptura de dicha barrera. En la boca además la dieta tiene una relación bidireccional: si la boca está mal, nos alimentaremos mal. Y si nos alimentamos mal, tendremos entre otros más caries y más desgaste dental.

¿Podemos evitar el efecto del estrés?

La buena noticia es que una dieta equilibrada y rica como es la mediterránea puede contribuir a la mejora del patrón inflamatorio junto con un índice menor de caries.

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Ejercicio moderado y hábitos de sueño saludables mejoran no solo la salud de la mucosa sino de las encías si se acompañan de una técnica de cepillado adecuada con un dentífrico no abrasivo preferiblemente sin biocidas ni antisépticos añadidos.

Técnicas de control de estrés, mindfulness o de relajación pueden combinarse con un control o supervisión más frecuente de las citas de revisión para conseguir minimizar el efecto del estrés sobre la salud oral.

En el caso de presentar especial predisposición a las úlceras o aftas bucales es preferible usar un dentífrico y un colutorio que no contenga detergentes ni alcohol para ayudar a mantener la barrera defensiva de la mucosa oral. Si es posible, mejor elegir una línea de higiene oral que incorpore antioxidantes naturales y polifenoles para contrarrestar el estrés oxidativo y los radicales libres que, como ocurre en la piel, pueden acumularse de forma silente dañando el equilibrio natural de una boca sana.

Cuidar de la piel y de la boca esta al alcance de nuestra mano.

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