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Steve Jobs y la odontología: pensar en el final, para empezar por el buen camino
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Dr. Jose Manuel Reuss

En boca de todos

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Steve Jobs y la odontología: pensar en el final, para empezar por el buen camino

Los pacientes de la clínica dental acuden por multitud de motivos. A menudo son sencillos, pero a veces son muy complejos. En muchos casos, la planificación del tratamiento puede ser la parte más difícil para el especialista

Foto: Steve Jobs. (AP Photo/Jeff Chiu)
Steve Jobs. (AP Photo/Jeff Chiu)

Cuando Steve Jobs concibió el primer Macintosh, no pensó en codificar un nuevo sistema informático. No se centró en mejorar el hardware, la potencia y capacidad del ordenador. No priorizó siquiera diferenciarse de sus competidores. Pensó en el usuario final que utilizaría el producto. Pensó en el final ideal, el ordenador perfecto para el usuario de a pie, y de ahí trabajó hacia atrás ('reverse engineering', ingeniería inversa), de forma que su trabajo llevara a esa experiencia final intuitiva, sin necesidad de instrucciones, para que la persona detrás de la pantalla lo tuviera más fácil y su experiencia fuera más agradable. Y bien, ¿qué tiene que ver esto con ir al dentista?

Los pacientes de la clínica dental acuden por multitud de motivos. A menudo son sencillos, pero a veces son muy complejos. En muchos casos, la planificación del tratamiento puede ser la parte más difícil para el dentista, y supone un gran trabajo de inspiración y, en cierta manera, de arte y artesanía. Según un estudio de la Universidad de Basilea, la mayoría de los fracasos en los tratamientos con implantes provienen directamente de una pobre planificación. Unas carillas de porcelana, por ejemplo, requieren de un profesional con gran visión espacial, destreza manual excepcional y conocimientos técnicos concretos.

Foto: Foto: iStock. Opinión

En el pasado, dicho trabajo dependía prácticamente al 100% de la destreza manual del dentista y de la calidad del ceramista que confeccionaba dichas láminas. Cabía una gran variabilidad en el resultado, ya que era necesario que el dentista “visualizara a ojo e improvisara” dónde tallar el diente más y dónde tallar menos. Obviamente, era muy difícil para el dentista hacer ese tallado sin pasarse ni quedarse corto (a veces, las carillas son de 0,3 mm de grosor). Existen, desde hace tiempo, herramientas y procesos artesanales que nos ayudan a planear estos tratamientos. Sin embargo, la incorporación de las herramientas digitales nos permite ver el tratamiento ideal incluso antes de empezar.

Para hacer un paralelismo comprensible, imaginemos la construcción de una casa. Antiguamente, el arquitecto hacía unas mediciones del terreno, después trazaba unos esquemas y terminaba por hacer un diseño manual con todo lujo de detalles. Ese proyecto, no obstante, era en dos dimensiones, con dibujos a mano o impresiones informáticas. También se hacían maquetas artesanales, para permitir al equipo del estudio de arquitectura, así como al cliente, ver el plan del arquitecto.

placeholder Foto: iStock.
Foto: iStock.

Hoy en día, todo se hace de forma informatizada; desde las mediciones hasta el diseño, para terminar con un 'render' o prototipo de la casa que vemos en la pantalla del ordenador, por el que se puede navegar de fuera a dentro, abriendo las puertas, cambiando la distribución de los espacios, integrado en el paisaje de alrededor, incluso cambiando la luz que incide sobre la casa. Todo ello permite al arquitecto ver un sinfín de posibilidades para anticiparse a posibles problemas y también para que el cliente pueda decidir sin dar un salto al vacío tan importante. Esta filosofía de trabajo digital de visualización e ingeniería inversa se aplica en la odontología al igual que en algunas disciplinas médicas.

Diagnóstico más digital, tratamiento más eficaz

Cada año que pasa, los dentistas somos capaces de ver con mayor nitidez los problemas y necesidades del paciente. Un dolor, un problema asintomático, un diente que no termina de salir y obliga a un tratamiento de ortodoncia… Cada vez es más fácil leer al paciente, 'detectar'. La radiología avanza de forma que cuesta entender cómo era posible colocar implantes hace tan solo 20 años.

El nivel de precisión y detalle que ofrece un escáner 3D CBCT (Cone Beam Computerized Tomography) nos permite ver y saber mucho más que en una radiografía en 2 dimensiones convencional. Las cámaras intraorales que nos posibilitan hacer impresiones de toda la boca sin emplear el famoso alginato, siliconas, etc, ofrecen una gran precisión y permiten enviar esa imagen 3D al laboratorio o consultarlo con otro especialista en cuestión de segundos.

placeholder Exocad.
Exocad.

La última incorporación en la clínica dental, los escáneres faciales (captadores de imagen, sin radiación) tienen una función clave en la digitalización del paciente; por primera vez, nos permiten ver la sonrisa del paciente y analizarla a fondo en 3 dimensiones, con infinidad de posibilidades más allá de una simple fotografía. A diferencia de un molde o modelo en escayola, un escaneado facial se realiza mediante la toma de cientos de fotos que se 'funden' para crear un modelo de la cabeza entera del paciente. Esto nos permite diseñar la sonrisa ideal, con el tamaño forma y posición de los dientes que necesita. Es más, podemos ver, a la décima de milímetro, cuánto hemos de recortar, alargar o girar los dientes para mejorar su aspecto y funcionalidad.

Surgen nuevas dificultades para el profesional de la salud oral; integración de aparatología compleja, manejo de programas informáticos de diseño de prótesis, cirugía guiada por ordenador… Saber usar esas herramientas no es fácil, pero lo más difícil es integrarlo y tener los conocimientos técnicos para satisfacer las necesidades del paciente, y darle la máxima seguridad y longevidad a su tratamiento.

Foto: Foto: iStock. Opinión

Pensemos de nuevo en una casa, al construirla no se colocan primero los cimientos y luego se piensa qué tipo de casa se pone encima. En el mundo de la medicina, es exactamente igual. Siguiendo los principios de esa ingeniería inversa, en lugar de colocar unos implantes y luego pensar en cómo hacer los dientes, primero diseñamos la sonrisa ideal, con los parámetros de función, biología y estética mejores para ese paciente, y después adaptamos todo el plan quirúrgico y protésico a ese final de la hoja de ruta. Los implantes se colocarán en la posición exacta que determine el diente en esa posición, y las necesidades de ese diente incluso obligarán o no a regenerar hueso y encía. Estas herramientas nos permiten optimizar los recursos y maximizar la anatomía.

Por ejemplo, muchas veces nos permiten evitar poner injerto de hueso, ya que operamos con una precisión muy superior a cuando se hace a mano alzada. Esto permite proveer al paciente de un tratamiento más eficaz, e incluso con menor coste. Además, los estudios demuestran que el dolor postoperatorio y la inflamación disminuyen de forma notable.

El objetivo del dentista debe ser analizar nuestras necesidades y ofrecer un plan de tratamiento que las resuelva. Pero si Steve Jobs hubiera sido dentista, habría pensado en el resultado final, para ofrecer la mejor experiencia para el paciente. El objetivo final requiere una definición con gran lujo de detalles. En esos detalles está el éxito y la calidad, o el fracaso y la frustración; la alegría y la seguridad, o la desesperación. Y para ello, para llegar a buen puerto en una situación compleja, debemos además establecer una relación de cierta profundidad y confianza con nuestro dentista. Las nuevas tecnologías, en manos de un dentista experto, nos acercan cada vez más a esa seguridad.

Cuando Steve Jobs concibió el primer Macintosh, no pensó en codificar un nuevo sistema informático. No se centró en mejorar el hardware, la potencia y capacidad del ordenador. No priorizó siquiera diferenciarse de sus competidores. Pensó en el usuario final que utilizaría el producto. Pensó en el final ideal, el ordenador perfecto para el usuario de a pie, y de ahí trabajó hacia atrás ('reverse engineering', ingeniería inversa), de forma que su trabajo llevara a esa experiencia final intuitiva, sin necesidad de instrucciones, para que la persona detrás de la pantalla lo tuviera más fácil y su experiencia fuera más agradable. Y bien, ¿qué tiene que ver esto con ir al dentista?

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