Es tiempo de la comida SIN, pero tiene trampa (no es más sana)
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Samuel Moreno

Un chef con alma de panadero

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Es tiempo de la comida SIN, pero tiene trampa (no es más sana)

Después de los excesos de las fiestas, queremos redimirnos con productos aparentemente saludables, una presentación que, con frecuencia, no se corresponde con la verdad. Lo mejor: alimentos naturales y ejercicio

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Se terminaron las fiestas y, como siempre, la llegada del mes de enero trae consigo los nuevos propósitos que son fruto del arrepentimiento posnavideño. Tras un sinfín de excesos, el inicio de año se convierte en el purgatorio donde pretendemos sanarnos de nuestros mayores pecados capitales: la gula y la lujuria.

Y qué mejor forma de depurar nuestros cuerpos que eliminando de nuestra dieta todos esos alimentos diabólicos CON grasa, azúcar, gluten, lácteos. Fuera los turrones. Es la hora de la dieta SIN.

Los refrescos SIN azúcar, la leche SIN lactosa, el pan SIN gluten, la cerveza SIN alcohol, el chorizo SIN cerdo, el kétchup SIN grasas, las hamburguesas SIN carne, la crema de cacao SIN aceite de palma, el helado SIN azúcares añadidos, el queso SIN calorías y todos esos productos pseudomilagrosos que el marketing enmascara como productos saludables.

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La cesta de la compra cada día contiene más y más productos de este tipo, y ya podemos afirmar que en muchos casos sus ventas están por encima de la versión CON del mismo producto. La industria, a sabiendas de que sus productos en muchos casos no son saludables, ha escuchado el mercado y sabe que cada día somos más sensibles con todo lo relacionado con la salud. La vida sana y una dieta equilibrada son uno de los objetivos más deseados por la población.

¿Cómo se enmascara un producto no equilibrado como saludable?

La respuesta la tenemos en la forma en la que aprendemos. Del mismo modo que no se enseña economía en las escuelas, tampoco se nos enseña a cocinar o hacer la compra. La economía y la alimentación son dos de las pocas disciplinas que deberíamos saber manejar a la perfección o al menos tener unas nociones básicas bien aprendidas. Pero como nadie se molestó en enseñarnos esto, nuestra educación quedó a merced de los sectores que controlan estas disciplinas, que son los que tienen el interés y el presupuesto necesario para educarnos en estos aspectos. Pero a su manera.

placeholder Mercado del Olivar, en Palma de Mallorca.  (iStock)
Mercado del Olivar, en Palma de Mallorca. (iStock)

Del mismo modo que los bancos nos dan lecciones de ahorro e inversiones de la forma que a ellos más les conviene, la industria alimentaria utiliza sus canales para enseñarnos a comer de la forma que a ellos les interesa que lo hagamos. Es decir, si a una empresa X le interesa que sus productos contengan un determinado tipo de grasa porque para su cuenta de resultados es más productiva, pues ellos saben cómo te tienen que contar la película para que tus acabes viendo bien utilizar esa grasa de dudosa calidad en lugar de otra más cara y saludable.

El pan de buena calidad contiene agua, harina sin químicos, sal y levadura. Un pan de molde sin azúcares añadidos incluye más de 15 ingredientes

Tanto es así que nos han hecho pensar que un pan de molde SIN azúcares añadidos es más saludable que una hogaza de pan. Algo completamente incierto. El pan de buena calidad contiene: harina sin químicos, agua, sal y levadura. Mientras que un pan de molde sin azúcares añadidos del supermercado contiene una lista de más de 15 ingredientes, entre los cuales podemos encontrar una mayor cantidad de grasas, hidratos de carbono, conservantes, emulgentes y estabilizantes. El pan blanco tiene unas 230 kcal y el de molde sin azúcares 260 kcal.

Lo mismo pasa con los alimentos sin gluten. Necesarios para muchos, moda para otros. Cuando somos celiacos no nos queda otro remedio que consumir estos alimentos, pero cuando lo hacemos de forma innecesaria debemos de saber que el gluten y el trigo tienen características distintas al arroz, el garbanzo, o la soja. Por este motivo, cuando hacemos panes con estos otros ingredientes, por lo general están cargados de grasas y azúcares para hacer que su sabor sea más amigable y similar al del pan.

No tan inofensivos

Este ejemplo lo podemos utilizar para aquellos otros sucedáneos de la carne: las pastas vegetales que simulan carne son, en muchos casos, mezclas cargadas de azúcares y otros hidratos de carbono, aderezadas de múltiples grasas y aditivos.

También sucede esto con las leches vegetales, excesivamente endulzadas y adictivas.

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O con los embutidos light, que contienen menos grasas, pero también muchos más hidratos que proteínas.

En muchos casos, el consumo de estos alimentos SIN son la causa de un empeoramiento de la salud general. Se trata de productos suaves de sabor, golosos y con menos carga de culpa por ser aparentemente saludables, y eso nos da sensación de barra libre muchas veces.

En fin. Si queremos redimirnos de nuestros pecados navideños, ejercicio, vida sana y alimentación natural. Los productos frescos son los que conservan sus cualidades naturales y tienen todo lo que necesita nuestro cuerpo para funcionar como un reloj.

Bon appétit!!

Dieta Industria alimentaria
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