A menudo el lector interesado en noticias sobre la salud se siente confundido por informaciones contradictorias sobre un mismo tema. Esto no es algo novedoso, siempre ha sido así en ciencia. Lo que hoy es dogma mañana podría quedarse obsoleto, incluso aunque en su día tuviera su evidencia científica.

Los resultados sobre cualquier remedio, tratamiento, nutriente, método diagnóstico, etc., pueden ser negativos o positivos de modo que al final el acúmulo de resultados se decanta en una u otra dirección. Esta es la razón por la que actualmente se elaboran gran cantidad de metaanálisis, estudios que analizan los resultados acumulados de muchas investigaciones seleccionadas según los criterios que decidan sus autores. Y también es la razón por la que gran cantidad de estudios científicos acaban con la coletilla de que son necesarias más investigaciones del tema en cuestión para seguir avanzando en su conocimiento.

Hasta los profesionales de la salud recibimos informaciones contradictorias sobre acciones que realizamos a diario

Es habitual leer titulares impactantes (“el timo de…”, “la mentira de…”) e interpretaciones que a menudo no corresponden con la realidad del artículo original. Generalmente estas noticias contrarias hacen alusión a los estudios sobre resultados negativos más que a los que aportan resultados positivos.

La polémica al detalle

En este sentido se ha publicado un reciente estudio relativo al consumo de omega 3 que ha sido citado en numerosos medios de comunicación generalistas con mayor o menor fortuna. Se trata del trabajo presentado en la prestigiosa 'Cochrane Library', una importante colección de estudios independientes y de alta calidad sobre temas de salud. La literatura científica sobre los efectos de los ácidos grasos omega 3 en la salud es ingente, en la mayoría de los casos mostrando resultados beneficiosos sobre la salud cardiovascular e incluso existen 'guidelines', protocolos, recomendando el incremento de su ingesta. En esencia el objetivo del estudio es valorar la utilidad de aumentar la ingesta de los ácidos grasos omega 3, ya sean procedentes de plantas (ALA), de pescado (EPA y DHA) o de suplementos, en la prevención primaria y secundaria de la enfermedad cardiovascular, niveles plasmáticos de lípidos, adiposidad y mortalidad por cualquier causa.

Para ello los autores realizaron una extensiva búsqueda de trabajos sobre el tema y seleccionaron aquellos estudios aleatorios, doble ciego y controlados -RCTs- (Randomized Controlled Trials), de al menos 12 meses de duración, que comparaban los resultados entre las personas que habían recibido el consejo de tomar más alimentos con omega 3 o suplementarse con ellos y las personas que no tomaban suplementos de omega 3 o no ponían especial interés en incrementarlos en su dieta.

Foto: iStock.
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Se seleccionaron 79 estudios que acumulaban 112.059 participantes, pero se consideró que sólo 25 de los 79 estudios tenían un bajo riesgo de estar sesgados, de manera que el número verdadero de participantes del estudio quedó reducido en al menos dos tercios, siendo por tanto de aproximadamente unos 30.000 o 40.000 participantes que fueron seguidos entre 12 y 72 meses.

Los autores concluyen que su estudio es el análisis sistemático más amplio realizado hasta la fecha sobre el efecto de los omega 3 en la salud cardiovascular, llegando a la conclusión de que el incremento de su ingesta tiene poco o ningún efecto en la mortalidad o en la salud cardiovascular y que los estudios anteriores que abogaban por los beneficios de los omega 3 no son de fiar.

Marcando las distancias

Como es lógico el lector interesado en temas de salud y ya introducido en las bondades de comer más pescado azul o incluso en tomar algún suplemento, queda desconcertado cuando lee en un medio de comunicación generalista las conclusiones de este estudio aderezadas con la interpretación del firmante del artículo. Pero no se sientan solos, también los profesionales de la salud recibimos con frecuencia informaciones contradictorias sobre numerosas acciones que realizamos a diario, ya sean diagnósticas, terapéuticas o simples consejos que damos a nuestros pacientes. La ciencia es así. Por ejemplo y sin entrar en detalle, en estos días he leído la recomendación de la AAFP (Academia Americana de Médicos de Familia) de dejar de hacer citologías rutinarias en el chequeo ginecológico anual en mujeres sanas o de abandonar el consejo de medirse la glucosa diaria a los pacientes con diabetes tipo 2. Otro reciente ejemplo, la toma de dosis bajas de ácido acetil salicílico (baby aspirin) no tiene efectos cardioprotectores en personas de más de 75 kg. En fin, como pueden imaginar es importante estar al día de las novedades que la ciencia nos aporta, pero no podemos cambiar a diario de actitud, más aún cuando a un artículo que dice A, le sigue otro que dice B.

Las noticias científicas requieren de una actitud crítica del lector, sobre todo ante titulares categóricos

Volviendo al tema de los omega 3 que nos interesa, quisiera hacer mención a otro estudio publicado el mismo mes que el anterior en la revista 'Journal of Internal Medicine', sobre nada más y nada menos que 421.000 participantes (no 30.000 o 40.000) que fueron estudiados durante ¡16 años! (no entre 12 a 72 meses). La conclusión de este estudio es la opuesta a la del anterior; la ingesta de omega 3 se relacionó con una importante reducción de la mortalidad por cualquier causa, por causa cardiovascular, por cáncer, por patología respiratoria y por patología hepática. Además, cuando se compara la cantidad media diaria de omega 3 ingerido se objetiva que a mayor ingesta mayor reducción de la mortalidad cardiovascular. Dos artículos sobre un mismo tema publicados simultáneamente con resultados radicalmente opuestos. Sin embargo, el que llenó páginas de la prensa generalista fue el de resultados negativos…

Foto: iStock.
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Entonces, ¿por qué el primer estudio contradice la tendencia general de la ciencia en este tema?. Afortunadamente la mayoría de los estudios científicos tienen réplicas y contrarréplicas y ahí está la grandeza del conocimento, del estudio y de la formación de un criterio propio basado también en la experiencia clínica.

En el primer meta-análisis se descartaron 54 de los 79 estudios inicialmente seleccionados por falta de fiabilidad y por poder estar sesgados según el criterio de los autores. Evidentemente los 54 estudios descartados están publicados en revistas científicas que han pasado un filtro de arbitraje, de validación, conocido como “de revisión por pares” (peer review). Por tanto, el criterio de descarte de estos 54 estudios es, sin entrar su idoneidad, arbitrario de los autores. Por otro lado, en este primer meta-análisis se mezclan estudios en los que la ingesta de omega 3 es de pescado, plantas o suplementos de distinta pureza y lo más importante, en dosis desconocidas. Además, se desconocen los niveles omega 3 en sangre (índice Omega 3) o el cociente Omega6/Omega3 alcanzados por los participantes en el estudio, ya fuesen los que tomaban como los que no tomaban. No se puede asegurar, por tanto, que los que tomaban omega 3 lo hicieran en una cantidad mínima efectiva, es lo que se conoce como la relación dosis-efecto. Por último, la duración media del primer meta-análisis fue de entre 1 y 6 años (la mayoría de los 25 estudios seleccionados duró entre 1 y 2 años), un periodo demasiado corto para poder obtener conclusiones del efecto antiinflamatorio que los omega 3 producen a través de la generación de las resolvinas sobre las enfermedades crónicas y su mortalidad.

En conclusión, en ciencia, al igual que en otras del conocimiento, la lectura de cualquier noticia requiere de cierto grado de actitud crítica, especialmente ante titulares cortos y categóricos.