La importancia de realizar actividad física para la salud ya ha sido ampliamente descrita en este espacio de opinión. En concreto, se recomienda que los adultos realicen como mínimo 150 minutos por semana de actividad aeróbica de intensidad moderada, 75 minutos de actividad vigorosa o una combinación equivalente de ambas y dos o más sesiones de entrenamiento de fuerza a la semana. Llevar a la práctica estas recomendaciones se ha asociado con importantes beneficios para la salud como, por ejemplo, reducción en el riesgo de mortalidad. Sin embargo, una parte importante de la población no cumple estas recomendaciones, siendo especialmente preocupantes los niveles de actividad física de las personas mayores.

Seguir un estilo de vida activo durante toda la vida aporta importantes beneficios para nuestra salud, atenuando o incluso evitando los efectos del envejecimiento, como confirman estudios recientes. Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en 'Ageing Research Reviews', revista especializada en los últimos hallazgos sobre los mecanismos del envejecimiento y las enfermedades relacionadas con la edad, observó que las personas mayores de 60 años y que llevaban al menos 20 años entrenando, presentaban un consumo de oxígeno máximo y una fuerza similares a las de jóvenes sanos, y mejores que el de personas mayores que no realizaban ejercicio, ambas variables predictoras de salud y longevidad.

"Un nivel de actividad física de 2 a 8 h a la semana se asocia con un 29%-36% menos de riesgo de mortalidad"

No obstante, parece ser que nunca es tarde para aprovecharse de estos beneficios. Así, comenzar a llevar una vida activa entre los 40 y 61 años podría resultar tan beneficioso a la hora de reducir el riesgo de mortalidad como hacerlo desde joven, según se desprende de los resultados de un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Americana, 'JAMA Network Open'. El estudio, que involucró a más de 315.000 participantes de 50 a 71 años pertenecientes a la Asociación Americana de Personas Jubiladas, encontró que el ser inactivo durante la adolescencia pero incrementar los niveles de actividad física, ya sea entre los 19 y los 29 años o más tarde, se relacionó con un 32%-35% menos de riesgo de mortalidad. Además, los autores hallaron que mantener un nivel de actividad física de 2-8 horas semanales desde la adolescencia se asoció con un 29%-36% menos de riesgo de mortalidad en comparación con los que fueron inactivos, mientras que solo una hora a la semana se asoció con una reducción en el riesgo de un 16%.

Foto: iStock.
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Tan bueno como sin tabaco

Estos datos del estudio americano confirman lo observado en un estudio que siguió durante décadas a miles de personas en Noruega y que fue publicado en la 'Revista Británica de Medicina del Deporte' en 2015. El estudio noruego aportó un curioso dato al respecto y es que aumentar los niveles de actividad física redujo el riesgo de muerte tanto como dejar de fumar. Se observó que los hombres que con 40 años o más eran inactivos pero posteriormente aumentaron su nivel de actividad física tuvieron un 44% menos de riesgo de muerte que aquellos que se mantuvieron inactivos, mientras que los que pasaron de ser activos a ser inactivos mostraron la misma tasa de mortalidad que quienes fueron sedentarios durante los 12 años de seguimiento. Por otra parte, se encontró un 31% menos de riesgo de muerte entre los que dejaron de fumar con respecto a los que fumaron durante todo el periodo de seguimiento.

La actividad física, el ejercicio y el deporte son uno de los principales pilares de la medicina preventiva para un envejecimiento saludable. La nutrición, la salud conductual, el descanso, la vigilancia continuada de los biomarcadores de salud y longevidad… son otros de los pilares. En mi opinión, los dos pilares principales son una actitud positiva ante la vida y la actividad física. Por otro lado, sabemos que la mayoría de las enfermedades relacionadas con el proceso de envejecimiento empiezan a incrementar su prevalencia a partir de los 35-40 años. Hasta entonces disfrutamos de la llamada 'vida libre de enfermedad' y es a partir de este momento cuando se hace especialmente interesante iniciar un programa de medicina preventiva antienvejecimiento. Los dos anteriores estudios corroboran la existencia de ese punto de inflexión en nuestras vidas, a partir del cual debemos extremar nuestros hábitos de vida saludables.

Por lo tanto, a pesar de no haberse movido antes, observamos cómo es a partir de los 40 años cuando es verdaderamente importante comenzar una vida activa, así que si tienes menos de 40 y eres sedentario, aún estás a tiempo. También hay que advertir sobre la importancia de no dejar de hacer ejercicio, aunque se haya seguido una vida activa porque, como hemos comprobado, quienes siempre realizaron actividad física y se convirtieron en sedentarios tuvieron el mismo riesgo de muerte que los que nunca se movieron.