Ya han pasado casi 20 años desde que se secuenció por primera vez el genoma humano. Ya entonces se despertaron enormes expectativas sobre su utilidad en la prevención y tratamiento de múltiples enfermedades y, como casi siempre ocurre, las cosas se retrasan algo más de lo previsto. Hace tan solo unos pocos años no nos hubiéramos atrevido a sugerir la secuenciación completa de nuestro genoma (WGS-Whole Genome Sequencing) como una medida de medicina preventiva, no solamente por su coste, sino también por utilidad. Sin embargo, los últimos avances técnicos en la rapidez, precisión, interpretación, protocolos preventivos y el abaratamiento de la prueba han dado un vuelco a la situación.

Los estudios genómicos no solo nos informan de las enfermedades que podemos sufrir en un futuro, también nos dicen qué está pasando en nuestro cuerpo en este momento. Pueden ser más sensibles a la hora de detectar si una enfermedad ya está comenzando en nuestro organismo que la propia historia clínica, antecedentes familiares u otras muchas exploraciones médicas. Recientemente se ha publicado un estudio sobre 1.190 personas 'sanas' en el que en 1 de cada 6 se encontró una variante genética que les ponía en riesgo de padecer una enfermedad. Pero lo más llamativo fue que, al hacer estudios de imagen más profundos, se detectó que en 2/3 de los casos la enfermedad ya había comenzado sin que el paciente hubiera detectado signos o síntomas de la misma.

Un estudio en 27.000 personas revela la utilidad de hacer un estudio genético con el que se puede diseñar un plan personalizado de salud

Por otro lado, el pasado mes de julio se publicó en la revista 'Nature Medicine' un estudio realizado en casi 27.000 habitantes sanos de Nevada (EEUU), en el denominado Healthy Nevada Project (HNP), cuyo objetivo fue identificar portadores sanos de variantes genéticas autosómicas dominantes sobre cáncer de mama, ovario, endometrio y colon e hipercolesterolemia familiar, todos ellos hereditarios. Estas variantes se engloban en tres entidades; el síndrome de Lynch, el síndrome de cáncer hereditario de mama y ovario asociado al gen BRCA (SCHMO) y la hipercolesterolemia familiar, todos ellos declarados por el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta (CDC) como “clínicamente accionables” mediante una identificación e intervención temprana.

El 1,33% (360 personas) presentó variantes genéticas para estas enfermedades, y de ellos, el 90% (324) no estaban identificados previamente como sujetos de riesgo por su historia clínica y antecedentes familiares. Este novedoso trabajo refuerza la conveniencia y utilidad de la realización de un estudio genético que permita diseñar un plan personalizado para detección precoz de tumores y enfermedad cardiovascular independientemente de sus antecedentes familiares o personales.

La genética también en covid-19

Y, cómo no, la genética también importa en la variabilidad clínica del covid-19 entre distintas personas. Recientemente se ha propuesto cambiar el término pandemia por el de sindemia, para reflejar que la infección por el virus SARS-CoV-2 en personas con una enfermedad previa, o riesgo de enfermedad, potencia la gravedad de las dos dolencias (actúan en sinergia), añadido a situaciones socioeconómicas desfavorables.

Enfermo covid-19 en UCI. (EFE)
Enfermo covid-19 en UCI. (EFE)

Pues bien, algunos trabajos apuntan a diversas regiones genómicas relacionadas con la susceptibilidad a esta infección, así como al riesgo de severidad de la misma. Por otro lado, entre los genes responsables de las enfermedades hereditarias, hay alrededor de unos 70 que pueden ser relevantes para la toma de decisiones clínicas en pacientes infectados por el SARS-CoV-2. Por ejemplo, aquellos pacientes susceptibles genéticamente de tener arritmias (QT Largo) o de padecer trombosis (Factor V) o de padecer complicaciones cardiopulmonares severas durante la enfermedad (cardiomiopatías, hipertensión pulmonar).

Aunque el conocimiento del estado genómico no evita la infección, sí puede guiar a los médicos en el tratamiento, personalizándolo para disminuir la gravedad y mortalidad de la infección.

Mi DNI genético

Mediante la secuenciación del genoma completo de una persona sana, se obtiene información médicamente relevante. Pueden ser buenas noticias, como por ejemplo no tener predisposición a padecer una enfermedad de Alzheimer, a pesar de tener un padre afecto; pueden ser malas noticias como un aumento de riesgo de padecer algún tumor, o incluso podemos tener resultados ambiguos que en este momento de la ciencia no sepamos interpretar.

Datos genéticos. (iStock)
Datos genéticos. (iStock)

En el caso de detectar una mayor predisposición genética a padecer alguna enfermedad, existen protocolos preventivos establecidos por las distintas sociedades científicas relacionados con la realización de estudios complementarios y seguimientos periódicos personalizados, que nos permitirán posponer o, en su caso, prevenir la aparición de esa enfermedad. Por ejemplo, podemos determinar qué jóvenes tienen riesgo de padecer una muerte súbita por ataque al corazón y tomar medidas preventivas con medicación o hábitos de vida.

Además, una vez secuenciado el genoma, lo está para siempre y su 'reanálisis' bioinformático en un futuro nos permitirá valorar la presencia de las variantes genómicas que se vayan descubriendo en un futuro.

El pasado verano realicé la secuenciación completa de mi genoma. El orden de mis 3.000 millones de pares de bases nitrogenadas ya se conoce. De los aproximadamente 20.000 genes que tenemos, se han estudiado casi 1.000 de ellos en busca de variantes conocidas para más de 650 enfermedades 'accionables', entre ellos los 59 genes que recomienda analizar el American College of Medical Genetics and Genomics y los 100 genes que me confieren la condición de portador de más de 200 enfermedades que pudiera transmitir a mis hijos. Por otro lado, se ha analizado mi particularidad genética para interaccionar con más de 300 fármacos, con resultados relevantes para varios anticoagulantes. Afortunadamente, y a pesar de mis antecedentes familiares de cáncer, enfermedad cardiovascular y párkinson, a día de hoy, no tengo más que una intolerancia a la lactosa. Buenas noticias. Así que si mi colesterol o mi tensión arterial no están perfectos, no se lo puedo atribuir a la genética…

En conclusión, el conocimiento de la secuenciación completa del genoma de una persona permite establecer un plan personalizado que evite la aparición de diversas enfermedades genéticas, o al menos disminuya su gravedad, mediante la detección precoz permitiendo una vida más larga y de mayor calidad. Además, el conocimiento de nuestras debilidades genéticas frente a ciertas condiciones, incluso las infecciosas, nos posibilita romper las posibles sinergias de potenciación de severidad de enfermedades concomitantes.