Así son los nuevos relojes de la vida que predicen la longevidad
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Ángel Durántez

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Así son los nuevos relojes de la vida que predicen la longevidad

Los marcadores de las señales que deja la edad en nuestro organismo pueden ser múltiples. Contamos con nuevas pautas basadas en la epigenética que anticipan la enfermedad

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Foto: Unsplash/@elcuervo.

La genética y el descubrimiento del ADN han sido sin duda una de las revoluciones del siglo XX. Pero transcurridas más de seis décadas desde aquel hito, todavía son muchos los interrogantes que rodean a la molécula de la vida. Ya mencionamos en este espacio que nuestra salud no está predeterminada por la secuencia del ADN, sino que nuestros hábitos actúan como interruptor activando o desactivando ciertos genes. Es la epigenética.

Nuestro lector habitual estará familiarizado con los telómeros, esos protectores de los cromosomas, que poco a poco se van acortando hasta que la célula no puede dividirse más veces. Y con cómo la longevidad estaría determinada no solo por la longitud de esos telómeros, sino también por la velocidad con la que se acortan, como ha demostrado María Blasco del CNIO, estudiando a diferentes especies animales y obteniendo un modelo que predice con precisión esta longevidad.

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El llamado límite de Hayflick, basado en los telómeros, nos da una longevidad potencial de unos 120-130 años. Sin embargo, nuevas investigaciones están poniendo en duda que ese límite no pueda superarse. Del mismo modo que el riesgo de salud o enfermedad viene marcado por nuestros hábitos, a pesar de nuestra mayor o menor predisposición grabada en el ADN, la longevidad también podría estar gobernada por la epigenética.

La metilación, el interruptor del ADN

El proceso por el cual ciertos genes se encienden o apagan recibe el nombre de metilación del ADN. En concreto, una molécula que forma parte del ADN, la citosina, puede estar metilada o no. Se estima que hay unos 20 millones de sitios en el ADN que regulan diferentes aspectos de nuestro metabolismo, y que pueden sufrir este proceso de activación o desactivación. Es decir, hay más de 20 millones de interruptores, ahí es nada. Y de ellos, se ha encontrado que varios miles estarían relacionados con el envejecimiento.

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Sabemos que la edad cronológica y la edad biológica no tienen por qué estar correlacionadas. Es algo que intuimos incluso a veces por el aspecto físico, y que se traduce también en marcadores biológicos. La longitud telomérica es uno de esos marcadores. Pero recientemente se han desarrollado métodos de medición basados en la metilación del ADN, altamente precisos. Básicamente, es la medición de la epigenética del envejecimiento.

Tradicionalmente se ha considerado que el deterioro del organismo se basa en la acumulación de daño celular al azar. Sin embargo, la enorme variedad de longitudes vitales que existe en la naturaleza desafía este concepto. Pensemos por ejemplo en efímeros insectos que solo ven un amanecer, frente a pinos milenarios. El hecho además de que existan mecanismos de regulación de la longevidad compartidos por especies tan alejadas como algunas moscas y los seres humanos, y que aparecieron hace millones de años, da que pensar. ¿Cómo sabe el organismo cuán viejo es? Porque, aunque nuestro ADN no cambia durante la vida, sin embargo, nuestro metabolismo sí que lo hace. Y del mismo modo, la clave para el reloj biológico puede estar en la epigenética y la metilación.

El reloj de la vida

Recientemente se ha publicado un estudio liderado por Steve Horvath, catedrático de Genética y Bioestadística de la Universidad de UCLA, por el cual se ha desarrollado un método de medición de la edad biológica, extremadamente preciso. Para ello, se analizaron más de 10.000 patrones de metilación de más de 37.000 citosinas (los 'interruptores' que mencionábamos anteriormente”) en fragmentos de ADN que se repiten de forma similar en diferentes especies animales. En concreto, analizaron la metilación en 59 tejidos de 128 especies diferentes.

De este modo, consiguieron encontrar algunos sitios específicos del ADN en los cuales los cambios en la metilación, se relacionaban con la edad de forma muy precisa. Con estos datos, construyeron un modelo con tres relojes universales para el cálculo de la edad en mamíferos, incluido el ser humano. Los resultados son sorprendentes, ya que estos modelos de reloj permiten predecir la edad biológica con una precisión del 96% para cualquier tejido y especie de mamífero, con una fórmula matemática. Este reloj recibe el nombre de GrimAge.

Esto, por tanto, es algo revolucionario, ya que indica que el envejecimiento es un mecanismo altamente conservado (es decir, similar) entre especies. Que la evolución haya elegido de algún modo limitar la longevidad, podría tener un sentido ecológico. Y este es un proceso que no queda al azar, ya que se necesita la intervención activa de una enzima especializada (metil transferasa) para activar esos interruptores del envejecimiento. Por tanto, este es un proceso dirigido y seleccionado por la naturaleza.

Covid-19 y envejecimiento

Recientemente hablábamos en esta página del virus y el envejecimiento, y la relación entre la severidad de la enfermedad y la longitud de los telómeros de los pacientes, donde el equipo de María Blasco había encontrado una relación. El virus aceleraría el acortamiento telomérico en las células pulmonares, al aumentar la necesidad de regeneración de las células.

Hace apenas un mes, y en relación con ello, se ha publicado un estudio en el que se ha comprobado como en pacientes graves por covid-19 el reloj GrimAge muestra una edad biológica aumentada y predice una elevada mortalidad, validando de nuevo este reloj epigenético. Se está estudiando este reloj en la predicción de otras enfermedades del envejecimiento, con resultados muy prometedores.

"Medir nuestra edad biológica con uno de estos tests da pistas con las que trabajar para reducir la brecha entre los años que marca nuestra epigenética"


Existen en la actualidad varios test disponibles comercialmente, con un funcionamiento similar a GrimAge. Uno de los más conocidos es Elysium Index, que se articula a partir de una muestra de saliva. Otros test epigenéticos de funcionamiento similar son los de EpiAging USA, o myDNAge. Medir nuestra edad biológica con uno de estos tests, puede darnos pistas interesantes con las que trabajar para reducir la brecha entre los años que marca nuestra epigenética, y los que marca el calendario. Unido a la medición de la longitud telomérica, y a algunos marcadores clásicos predictivos de riesgo metabólico, podemos tener una muy buena idea de en qué punto estamos.

Con todo ello, desde la medicina antienvejecimiento podemos diseñar una estrategia que incluya cambio de hábitos, uso de suplementación y de ciertos fármacos si es necesario, para poder mejorar la salud, y acercar el reloj biológico a la edad real. Steve Horvath señalaba en una entrevista que no había encontrado una muestra donde la edad biológica se alejara más de ocho años de la edad cronológica. Aunque no parezca demasiado, lo cierto es que la utilidad de las estrategias antienvejecimiento no se limita al corto plazo, sino que además tienen un gran valor preventivo.

Por el momento, quedémonos con estos relojes biológicos como GrimAge para predecir el riesgo de enfermedad y mortalidad, algo que va afinando su aplicación. Queda ya para soñar, el que, si los investigadores están en lo cierto, podamos superar el límite de longevidad máxima como especie, manipulando la epigenética de forma dirigida. Aunque hoy en día, las ciencias adelantan que es una barbaridad…

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