La otra pandemia: ¿es heredable la obesidad?
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Ángel Durántez

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La otra pandemia: ¿es heredable la obesidad?

Las tasas van en aumento y la tendencia no es nada halagüeña. Un problema que afecta a toda la sociedad en el que influye la epigenética, pero el esfuerzo contra esta lacra depende de más factores

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Las tasas de obesidad van en aumento y la tendencia no es nada halagüeña. Las proyecciones son pesimistas, y preocupa especialmente la obesidad infantil. ¿Es posible que se esté amplificando la obesidad a través de las generaciones?

La obesidad y el sobrepeso son cuestiones que no solo afectan al que lo padece, sino al conjunto de la sociedad. Las cifras van en aumento, y tanto la situación actual como las predicciones auguran un futuro poco prometedor. Cerca de un 60% de la población adulta española padece sobrepeso u obesidad. A nivel mundial, estas cifras alcanzan el 52% según la Organización Mundial de la Salud.

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Más preocupante es el problema de la obesidad y el sobrepeso infantil que afecta a cerca de un 40% de la población española entre 7 y 9 años. La evolución a nivel mundial desde el año 1975 al 2016 muestra que las tasas de obesidad y sobrepeso en niños y adolescentes de entre 5 y 19 años aumentaron más de 4 veces, desde un 4% a un 18%. La malnutrición infantil tiene dos caras, la de la desnutrición, y la de la sobrenutrición, que azotan especialmente por igual a los países en vías de desarrollo y a los sectores menos favorecidos de la sociedad.

Epigenética

El hecho de que la obesidad esté yendo en aumento desde principios del siglo XX, ha disparado una hipótesis que ahora podemos explicar en parte gracias a los descubrimientos en epigenética.

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La idea es que desde hace décadas, se está produciendo una amplificación transgeneracional de la obesidad. Esto implicaría que el riesgo de obesidad de los padres afecta al de los hijos, y así sucesivamente. Veamos qué factores podrían estar detrás de este hecho.

Heredando los hábitos

Una de las primeras observaciones que apuntaron a que la obesidad no dependería solo de lo que sucede tras el nacimiento, sino también durante la gestación, es la llamada hipótesis de Barker. Hambrunas como la holandesa de los años 1944-1945 durante la Segunda Guerra Mundial permitieron recopilar datos que mostraban que los niños gestados en momentos de escasez, tenían un mayor riesgo de padecer enfermedades metabólicas de adultos. A partir de aquí, el epidemiólogo británico David Barker, pudo comprobar como existía una relación entre el peso al nacer, y el riesgo de diabetes en la edad adulta.

De padres a hijos

Ahora, y gracias a la epigenética, sabemos que efectivamente, no solo lo que sucede durante la gestación, sino también el estado de salud de los progenitores, puede programar la salud del futuro niño y adulto. Los estudios con ratones nos permiten observar estos mecanismos de forma acelerada. Y han mostrado que factores como la dieta, o el estrés materno afectaban a la tensión arterial, colesterol, glucosa, o la respuesta al estrés de la descendencia. Estos estudios han permitido determinar que, aunque al nacer el peso de los ratones nacidos de madres obesas o con normopeso era similar, los primeros eran mucho más proclives a desarrollar obesidad al ser alimentados con una dieta alta en grasas.

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Sorprende también el hallazgo de que los niños humanos nacidos de madres que habían perdido peso tras una cirugía bariátrica, tenían tres veces menor riesgo de sufrir obesidad severa 26 años después del nacimiento y mejores marcadores como glucosa o lípidos en sangre. Esto confirma que el peso de la madre afecta al riesgo futuro de enfermedad de la descendencia.

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Y algo similar sucede con los padres. Estudios en roedores también han demostrado que cuando estos son obesos, se transfiere la obesidad entre generaciones, con un riesgo un 67% mayor en las hembras de la primera camada, y un 24% mayor respectivamente en sus hijos.

Barrio rico, barrio pobre

La epigenética nos permite explicar los mecanismos que están detrás de esa transferencia del riesgo de obesidad a partir del estado de salud de los padres. Pero anteriormente a este conocimiento, se sabía que el entorno y los hábitos familiares pueden afectar al riesgo de obesidad. Los niños aprenden por imitación y consolidan sus hábitos especialmente durante la primera década de vida. Por tanto, un hogar en que las costumbres favorecen el desarrollo de mala salud, va sin duda a predisponer al futuro adulto a su adopción. El seguimiento de los hábitos familiares desde el nacimiento hasta los siete años de edad, encontró que estos explicarían un 11,3% de la variación del peso del niño a los 7 años.

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Y no podemos desvincular los hábitos familiares del nivel socioeconómico. Y es que, si hay un factor que explica con gran certeza y repetidamente el nivel de salud de la población, es el nivel de renta. Algo que ya en los años 70 del siglo pasado estableció el Ministro de Sanidad de Canadá, Marc Lalonde en los denominados determinantes sociales de la salud. Un estudio en España ha determinado que la renta per cápita es el único factor que explica las diferencias en los años de vida saludable, entre diferentes Comunidades Autónomas.

La gran extinción

Para finalizar no podemos dejar de hablar de la omnipresente microbiota intestinal, un factor a tener siempre en cuenta cuando hablamos de obesidad, salud, y su interacción con la dieta y el entorno. Las bacterias y microorganismos que residen en nuestro intestino se ven muy afectadas por nuestros hábitos. Y la composición de estas poblaciones en nuestro interior, afecta de forma muy marcada a nuestra salud.

"Las soluciones no son desde luego sencillas, y exigen del esfuerzo de todos: gobiernos, individuos, familias, sistema educativo y sanitario, comunidad científica, entre otros"

Analizando restos de heces fosilizadas de hace un milenio, los investigadores encontraron que muchas de las especies que estaban presentes en aquel momento, han desaparecido o se encuentran con baja frecuencia en nuestro entorno. Los autores hablan de un gran evento de extinción a nivel microbiano. Y encontraron que la diversidad, es decir, el número de especies bacterianas diferentes que habitaban los intestinos de nuestros antepasados, era mucho mayor. Algo muy deseable, ya que se ha comprobado que, a mayor diversidad, por lo general, menor riesgo de obesidad y enfermedades metabólicas.

Otro trabajo también ha señalado que las especies de bacterias cuya cantidad se reduce cuando la dieta es baja en fibra, se transfieren con dificultad a la siguiente generación. Esto es muy relevante, ya que el cambio a una dieta de tipo occidental, baja en fibra, puede haber supuesto en las últimas décadas una reducción en estas especies bacterianas beneficiosas. Estaríamos por tanto ante un nuevo factor que actuaría de forma transgeneracional, aumentando el riesgo de obesidad progresivamente de padres a hijos y nietos.

El efecto bola de nieve

Visto todo lo anterior, la hipótesis de la transferencia intergeneracional de la obesidad, cobra fuerza. Estaríamos ante una bola de nieve que se hace cada vez más grande, y que es más difícil detener cuanto más sigue rodando. Las consecuencias para la salud de la población pueden ser nefastas de seguir esta tendencia. Y también para nuestra economía y para la sostenibilidad de los sistemas sanitarios.

Las soluciones no son desde luego sencillas, y exigen del esfuerzo de todos: gobiernos, individuos, familias, sistema educativo y sanitario, comunidad científica, entre otros. Teniendo en cuenta todos los factores que influyen en la lacra de la obesidad, parece claro que cualquier intervención aislada estará condenada al fracaso.

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