Los kimwani, la musa de nuestro entrenamiento de 'mindfulness' medioambiental, viven en familia, con una media de 30 personas, que provienen normalmente de las tres parejas que suele tener cada mujer, que es la que se queda en casa cuando el varón, o ella, cambian de compañero. Todos los hijos son hermanos, no hermanastros, y se cuidan como tales. Y pasan a ser hermanos también los que su padre procree con otra mujer. Todos cuidan de todos, sobre todo aportando comida. El vínculo principal es que comen todos ellos del mismo puchero y si hay, hay para todos. Por ello todos hacen sus aportaciones para poder comer, en especie o en dinero cuando lo tienen.

Los mayores de la familia son tratados con respeto y se mantienen en la vivienda familiar hasta el fin de sus días. Los más jóvenes forman sus hogares cerca del hogar familiar o se quedan en este. Y cada día cuidan de los suyos en todas las parcelas de la vida. Estos cuidados muchas veces se extienden a otros miembros de la comunidad que necesiten comida y no puedan trabajar por conseguirla. En la isla de Ibo hay, por ejemplo, una familia de 12 hermanos cuyos padres fallecieron de sida hace unos años. Es impresionante cómo todos los vecinos se ocupan de que sigan asistiendo al colegio, tengan ropa y coman todos los días. Y, sobre todo, de que se mantengan juntos todos los hermanos.

"La risa puede haber sido favorecida por la evolución, porque ayudaba a juntar grupos, al igual que la danza o la música"

Nosotros, los occidentales, en el siglo XXI nos criamos, en muchos casos, en hogares monoparentales, no vivimos con nuestros padres y nuestros hijos se emancipan para irse a vivir con amigos. Cuando llegamos a viejos, muchos de nosotros podemos acabar en una residencia. Este especial modo de vida occidental, no diseñado por la naturaleza, sino por el hombre, conlleva que muchas veces perdamos el sentido de familia como tribu e incluso el del resto de la comunidad, empezando por amigos y vecinos. Y esa pérdida de contacto con el resto de personas de nuestra tribu o de nuestra propia familia va en detrimento de nuestro propio bienestar e influye en la disminución de la liberación del neurotransmisor que regula nuestras relaciones sociales, la oxitocina.

Foto: iStock.
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La oxitocina permite a un mamífero relajarse y bajar la guardia en presencia de otro mamífero. La confianza genera una sensación de bienestar debido a este neuroquímico. En la naturaleza, disminuir la vigilancia puede acarrear un peligro letal, por lo que el cerebro de los mamíferos es realmente cuidadoso a la hora de liberar oxitocina. Y es en este punto de la secreción de oxitocina durante las relaciones sociales donde vamos a pararnos para que entiendas mejor el potencial del cuidado a los tuyos, no solo como sistema de liberación de oxitocina, sino como una fórmula muy especial para mejorar la gestión de tus emociones respecto a la comida.

Si tu relación con los tuyos es fluida y armoniosa, será más fácil que en los momentos comida, cuando estés con los tuyos puedas practicar 'mindful eating' e incluso llevarles a ellos a ese nuevo mundo que vas descubriendo a través de la alimentación consciente. La oxitocina puede aumentar el placer de las interacciones sociales mediante una estimulación de la producción de neurotransmisores similares a los que activa la marihuana en el cerebro, de acuerdo con una investigación de la Universidad de Irvine en California. La investigación proporciona la vinculación entre la oxitocina -conocida también como la 'hormona del amor'- y la anandamida, que se ha denominado la 'molécula de la felicidad', por su papel en la activación de los receptores cannabinoides en las células del cerebro.

Los investigadores descubrieron que el contacto social aumentó la producción de la anandamida en una estructura del cerebro llamada núcleo accumbens, lo que desencadenó la liberación de receptores cannabinoides en esa zona para reforzar el placer de socialización. Cuando los receptores de cannabinoides se bloquearon, este refuerzo desapareció.

El yoga libera oxitocina. (iStock)
El yoga libera oxitocina. (iStock)

Luego, el equipo del Dr. Piomelli de la Universidad de Irvine buscó una posible conexión entre la anandamida y la oxitocina, que, como he relatado, es bien conocida por su papel en la promoción de contactos sociales. Un pequeño número de neuronas en el cerebro crea la oxitocina y lo utilizan como un neurotransmisor. Cuando los científicos estimularon estas neuronas se registró un aumento en la creación de la anandamida en el núcleo accumbens. Más importante aún, encontraron que el bloqueo de los efectos de la anandamida también bloqueaba los efectos prosociales de la oxitocina. Lo que implica que la oxitocina refuerza los lazos sociales mediante la inducción en la formación de anandamida.

Y aunque la oxitocina no se encuentra en ningún alimento, pudo ser sintetizada en la década de 1950 por el químico estadounidense Vincent du Vigneaud, lo que permitió su aplicación en diferentes ámbitos, principalmente en el parto. No obstante, se tienen evidencias leves de que algunos productos podrían llegar a estimular su producción, la cual tiene lugar en la glándula pituitaria. Son principalmente hierbas, como el perejil, romero, eneldo, tomillo, hinojo y la hierbabuena. El chocolate y la leche animal también.

Lo que sí está científicamente aceptado es que existen una serie de acciones humanas que pueden ir en favor de la secreción de oxitocina. Actividades como las siguientes:

- Meditación, yoga o mindfulness. Los ejercicios de respiración y relajación contribuyen a crear una sensación de bienestar, detrás de la cual se cree que está el incremento de producción de oxitocina, que tiene lugar en esos momentos.

- Las muestras de afecto. Tender la mano a alguien, abrazarse o besarse hace que aumente el porcentaje de oxitocina.

- Mantener relaciones sexuales. Durante el orgasmo, se ha comprobado que el nivel de oxitocina en sangre se incrementa considerablemente.

- Acariciar a una mascota. La sensación placentera que produce acariciar una mascota hace que se incremente el nivel de oxitocina. Al parecer, las personas con animales domésticos en sus casas segregan más hormonas de este tipo.

- La risa. Cuando reímos nuestro cuerpo se encarga de regular los niveles de oxitocina, así como los de serotonina, endorfinas y dopamina. Estas sustancias son fundamentales para mejorar nuestro estado de ánimo.

Además de la comida, los kimwani comparten con todos los suyos el mismo techo en sus cabañas de paja, bambú y adobe, aprovechando los espacios al máximo. Hay familias donde se reúnen 30 miembros a dormir. Y siempre con una sonrisa en la boca, a pesar de que duermen en esteras, en el suelo, en grupo y sin pastillas. Y muchas risas entre los diferentes miembros de la familia. Las carcajadas retumban en sus casas. Las cosas más nimias son motivo de risa. Por ejemplo, si vas por la calle y en las salutaciones te equivocas y, en vez de un 'buenos días', dices 'buenas tardes', la respuesta es una sonora carcajada.

Y entre amig@s, en las Quirimbas, el principal vínculo también es la risa. Piensa que no tienen tantas actividades lúdicas como tenemos nosotr@s, más que sentarse a charlar, jugar al ludo (parchís), a las cartas (herencia de los portugueses), o cantar y bailar en torno a sus tambores, animados por sus cantos y palmas.

Nosotros los muzungus, a diferencia de los kimwani, necesitamos de toda una parafernalia de objetos y situaciones especiales para divertirnos, dormir o comer. Y la familia, en la mayoría de los casos, cuanto más lejos, mejor.

"Y entre amig@s, en las Quirimbas, el principal vínculo también es la risa. No tienen tantas actividades lúdicas como nosotr@s"

El sueño de cualquier persona de veinte años es independizarse, alentado por la sociedad de consumo occidental, que es el modelo que nos vende: independencia. Hay una marca que incluso hace apología de la secesión en los hogares bajo el lema 'La república independiente de tu casa”. ¿Por qué será? ¿Para que vivas mejor? ¿O para venderte más muebles?

En la risa con tu familia están las descargas de oxitocina conjunta, la armonía y la mejora en la regulación de tus emociones. Los estudios realizados desde 1999 por Robert Provine, neurobiólogo del Comportamiento de la Universidad de Maryland, sostienen que la risa es “un balbuceo lúdico, instintivo, contagioso, estereotipado y de control subconsciente -o involuntario- que raramente se produce en soledad. En los seres humanos, la risa se inicia, de promedio, hacia los cuatro meses de edad y, según recientes estudios científicos, constituye una forma de comunicación innata heredada de los primates e íntimamente relacionada con el lenguaje”.

Comida en familia. (iStock)
Comida en familia. (iStock)

Según el Dr. Dumbar, reputado especialista en psicología de la evolución de la Universidad de Oxford, la risa puede haber sido favorecida por la evolución, porque ayudaba a juntar grupos, al igual que hacen otras actividades como la danza o la música. De hecho, los primates son los otros mamíferos que también sonríen y que utilizan la risa como mecanismo de aproximación a otros seres.

Piensa que la risa es contagiosa y una excelente herramienta para cuidar de los tuyos, mientras liberáis ingentes dosis de oxitocina y mejora tu relación con ellos. Todo lo cual favorecerá tu gestión emocional respecto a la alimentación.