En el caso de los kimwani, su espiritualidad está muy vinculada a sus dioses ancestrales y a los dioses de los colonizadores. Muchos de ellos son musulmanes y una pequeña minoría, cristianos. Y todos animistas. Sus dioses y la espiritualidad están muy presentes en sus vidas y muchos de sus actos del día a día se rigen en función de su devoción. Cinco veces al día los musulmanes son llamados a la oración y cuando el rezo es en horario comercial, las tiendas cierran. Celebran el Ramadán y también mantienen diferentes costumbres de sus dioses ancestrales, como los ritos de paso de la adolescencia a la madurez o la fetichería.

Los kimwani no se complican mucho la vida en su relación con el espíritu. Su práctica del animismo les conduce a estar armonizados con la naturaleza y el universo, al creer que todos sus elementos, tanto animales como vegetales, minerales o astros, tienen vida propia y son parte de un todo al que hay que cuidar y respetar, a la vez que practican religiones monoteístas, como el islamismo o el cristianismo.

"El camino de aproximación al alma se produce a través de tres interfaces inherentes al ser humano: cuerpo, mente y espíritu"


En un tema tan complejo como es la espiritualidad, te proponemos simplificar como hacen los kimwani y, para facilitar este ejercicio de reflexión, asumir que el camino de aproximación al alma y su cuidado se produce a través de tres interfaces inherentes al ser humano: cuerpo, mente y espíritu.

Las interfaces con el 'alma' a través del cuerpo son disciplinas como el yoga, el chi kung, el tai chi o la danza. Las interfaces con el 'alma' a través de la mente son disciplinas como la neuropsicología, la psicología, la psicología positiva o el eneagrama. Las interfaces con el 'alma', a través del propio espíritu, son disciplinas como la oración, la contemplación, la meditación o el 'mindfulness'.

Saludo al sol. (iStock)
Saludo al sol. (iStock)


En nuestro caso, vamos a profundizar sobre el 'mindfulness' y su derivada, el 'mindful eating' o alimentación consciente, como interfaces con el alma a través del propio espíritu, utilizadas por personas de cualquier credo o religión, al igual que se utilizan la oración o la contemplación como vehículos de acceso a nuestra espiritualidad.

Y, sobre todo, vamos a profundizar sobre las ventajas que implica en la alimentación consciente que cuidemos de nuestra alma, algo que muy a menudo se nos olvida.

Según dice Jan Chozen Bays, pediatra de Harvard, monja zen y autora del libro 'Comer consciente: Una guía para redescubrir una relación sana y alegre con los alimentos', en cada uno de nosotros conviven siete tipos de hambre diferentes. Una clasificación que puede ayudarnos a entender mejor la relación entre el 'mindful eating' y nuestra alma a través del interfaz espíritu.

1. Hambre visual o, como normalmente se dice, 'comer por los ojos'. El sentido de la vista es un potente estimulante del apetito: nos atraen las manzanas más rojas, los peces más grandes, los panes más o menos tostados, las tartas maravillosas o las cantidades de comida que puede haber en el plato.

Comemos con los ojos. (iStock)
Comemos con los ojos. (iStock)

2. Hambre por olores. Es difícil resistir la tentación de comprar pan o bollos cuando pasas cerca de un horno a primera hora de la mañana. Es normal, hace miles de años el sentido del olfato nos indicaba dónde estaban los alimentos y se agudiza cuando estamos en ayunas.

3. Hambre de nuevos sabores. Es el hambre motivada por el sentido del gusto, que nos lleva a degustar sabores diferentes. El que nos hace mezclar sabores dulces, salados, ácidos y amargos, o que nos lleva a engullir cantidades ingentes de un sabor que nuestro cerebro tiene tatuado como excelente.

4. Hambre estomacal. Es el hambre física, cuando nos suenan las tripas o cuando el estómago está vacío. Hay que aprender a reconocerlo para saber si es hambre real y necesitamos comer, o es un mal hábito. Por ejemplo, a veces la ansiedad se interpreta como hambre estomacal y comemos para sentirnos menos ansiosos.

"Nacemos con un hambre celular innata por alimentos dulces para obtener energía o salados para evitar la deshidratación"

5. Hambre celular. Es el hambre que experimentamos los seres vivos y que nos conduce a buscar alimentos para sobrevivir. Es menor en verano que en invierno. Nacemos con un hambre celular innata por alimentos dulces para obtener energía o por alimentos salados para evitar la deshidratación.

6. Hambre mental. Este tipo de hambre es muy habitual entre las personas que investigan y se preocupan por lo que comen. Comen con la cabeza. Por ejemplo, cuando sabes que el chocolate negro es rico en antioxidantes, puedes racionalizar este dato para justificar tu 'adicción' al chocolate. Es el poder de la mente.

7. Hambre de corazón o hambre de amor. Este tipo de hambre es difícil de detectar, entender y tratar. Y es el tipo de hambre con la que el 'mindful eating' más te puede ayudar. Es un tipo de hambre sentimental, al buscar en las comidas favoritas el vacío que nos entristece y que intentamos rellenar con alimentos asociados a la felicidad y a los buenos tiempos. ¿Con alimentos de nuestra infancia quizás? No es solo un hambre de amor, entendido como tal, porque nos quieran o no terceros. Es un hambre de amor por nosotros mismos. Es hambre de amor por la tranquilidad, el no estrés, el sosiego, la paz, la armonía, la felicidad.

Cocina con amor. (iStock)
Cocina con amor. (iStock)

El hambre de amor, bien proyectada su causalidad hacia el alma, a través del espíritu, con técnicas de 'mindful eating', nos puede proporcionar una gran armonía con nosotros mismos. Piensa el tiempo que dedicas a comer. Tres o seis veces al día. Si en esos espacios aprendes a estar en paz y armonía contigo mismo, es más que probable que esa paz se traslade al resto de tu día a día.

Este hambre de amor se puede erradicar con la alimentación consciente, conociéndote mucho mejor en el momento de enfrentarte a la comida o a la bebida. Piensa en ti o en personas de tu entorno que encuentran en las bebidas alcohólicas la paz que no encuentran en sus vidas.

Piensa en las bondades del 'mindful eating' para que no sean tus sentimientos los que dirijan tu relación con la bebida o con la comida. Y si lo son, la alimentación consciente te ayudará a que puedas aprender a gestionar tus sentimientos y emociones. Con atención plena. Aquí y ahora. Degustando despacio, previa racionalización del porqué, cómo, dónde, cuándo o cuánto como.