Si has llegado hasta este artículo y has comenzado a poner en práctica todos los consejos anteriores, ya puedes considerarte un auténtico kimwani. Para facilitarte una autorreflexión sobre el nivel de compromiso alcanzado contigo mismo en términos de 'alimentación consciente', aquí tienes una recopilación de todos los pasos publicados de este entrenamiento, con el objetivo de que te sea más fácil poner en práctica tu nueva sabiduría en tu lugar de trabajo (o fuera de él):

Consejo I. “Coge de la naturaleza solo lo que necesites”. Y degusta alimentos vivos. ¿Te acuerdas de lo que leíste sobre la gratitud, por los regalos de la madre naturaleza? Gratitud que nos lleva a agradecer a esta todo el espectro vegetal que pone a nuestra disposición a la hora de alimentarnos y a ti a percatarte de todos los beneficios para tu salud y la del planeta de frutas, verduras, hortalizas, hierbas, frutos secos, legumbres, semillas, setas o algas.

Consejo II. “Cuida tu cuerpo”. Y disminuye la velocidad al comer y al cocinar. ¿Recuerdas lo que comentábamos sobre 'slow eating'? Cuando somos capaces de disminuir la velocidad, somos capaces de saborear cada bocado, de expandir la experiencia y por ende de conectar con la satisfacción de comer. Tu cerebro mamífero está preparado para comer lentamente y cuando tu estómago esté lleno, sus nervios mandan la señal de que estás saciado a tu cerebro, cosa que habitualmente suele tardar unos 20 minutos desde el inicio del proceso de comer. Y ¿sobre 'slow cooking'? Y las ventajas de alimentarte con alimentos vivos elaborados lentamente, sin fuego, de forma que los alimentos mantengan todos sus nutrientes y tengas plena comprensión de dónde vienen y por qué los comes.

Lo primero que deberías hacer es identificar y definir tus propios espacios para hacer tus ejercicios de 'mindfoodness'

Consejo III. “Disfruta de los sentidos”. Y lleva tu atención al sentido del gusto. ¿Recuerdas el ejercicio que te proponía para centrar tu atención plena en tu sentido del gusto, utilizando una simple manzana, en el que te sugería que antes de saborearla reflexionaras sobre qué tipo de manzana es, de qué color es, cómo se siente en la mano, a qué huele...? ¿Y de lo que te comentaba sobre masticar y tragar cada bocado lentamente, mientras lo saboreas? Recuerda mientras lo haces que no hay proyectos, no hay plazos, no te preocupes de nada, no hay una lista 'para hacer', no hay miedos, tristeza, rabia, ni pasado, ni futuro. Solo la manzana.

Consejo IV. “Simplifica tu vida”. Ser consciente durante el acto de comer y fijarte objetivos alcanzables es fundamental en 'mindful eating'. Se trata de una facultad que todo el mundo posee por naturaleza y que puede ser entrenada para ayudarte a cuidar mejor de ti mismo. El segundo paso implica plantearte objetivos a tu medida y el tercero aplicar las técnicas de 'mindful eating', que se recogen a los largo de este entrenamiento.

Consejo V. “Vive con la luz”, que podríamos definir como tu triunfo frente al no tiempo, que (crees) ahora no tienes. Y libera serotonina con el sol.

Foto: iStock.
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Consejo VI. “Cuida de los tuyos”. Paso en el que te comentaba la potencia de la risa, como herramienta del cuidado de los tuyos y su relación con la liberación de oxitocinas y tu alimentación consciente.

Consejo VII. “Cuida tu alma”. Y escucha a tu hambre de amor. Recuerda lo que comentábamos que decía Jan Chozen Bays, pediatra de Harvard, monja zen y autora del libro 'Comer consciente: Una guía para redescubrir una relación sana y alegre con los alimentos', sobre los siete tipos diferentes de hambre: hambre visual, hambre por olores, hambre de sabores nuevos, hambre estomacal, hambre celular, hambre mental y hambre de amor. Un hambre de amor por nosotros mismos. Hambre de amor por la tranquilidad, el no estrés, el sosiego, la paz, la armonía y la felicidad.

Consejo VIII. “Comparte”. Y aprende a practicar 'mindfulness' de la autocompasión con tu alimentación. ¿Te acuerdas? En el proceso de sanación de la autocompasión con 'mindfulness' ocurre exactamente lo mismo que en el caso de la compasión por los demás. Primero tiene que haber reconocimiento de que hay sufrimiento, después hay que ser consciente de que hay que hacer algo para cambiar esa situación de sufrimiento, con amabilidad hacia nosotros mismos. Y en tercer lugar hay que concienciarse de que el sufrimiento es algo concomitante a toda la humanidad.

Consejo IX. “Se feliz en el trabajo”. Y pon en práctica durante este periodo diario todos los consejos anteriores sobre 'mindful eating'.

Los kimwani no son precisamente el pueblo más trabajador del mundo, debido principalmente a su enorme facilidad para acceder a los alimentos básicos, como el pescado y los mariscos, que abundan en sus islas, lo que redunda en su escasa necesidad de consumir productos o servicios no básicos, por lo que no tienen nuestra misma percepción del binomio trabajo-recompensa económica.

Pero si de su modelo laboral poco podemos aprender y sí mucho que envidiar, dado que a la abundancia de pesca y ausencia de necesidades consumistas se unen un clima excelente durante todo el año y un entorno paradisiaco, en cambio, sí que deberíamos inspirarnos en su modo de vida durante el trabajo, en el que solemos invertir un tercio del tiempo.

Con el objetivo de alcanzar la felicidad y facilitar el asentamiento en tus hábitos laborales de las técnicas de 'mindful eating' que vas aprendiendo, te propongo te regales tus propios espacios 'mindful' de tiempo en el entorno laboral. Piensa en dedicarte entre 5 y 10 minutos cada hora.

Quizás sea bueno que agradezcas los anteriores encuentros 'mindful' y los que están por venir en sucesivos días

Para crearte tus propios espacios 'mindful' de tiempo, a lo mejor tienes que negociarlos con tu jefe, para lo cual si cuentas con más aliados adictos a 'mindfoodness' entre tus compañeros, te será más fácil conseguir tus objetivos. Por otro lado, piensa que tu principal argumento para convencer a tu jefe de que te deje practicar tu nueva adicción es que si eres feliz en el trabajo, también lo serán los que te rodean, lo cual acabará incidiendo en la productividad y rentabilidad de la empresa.

Lo primero que deberías hacer es identificar y definir tus propios espacios para hacer tus ejercicios de 'mindfoodness'. Un jardín o una terraza ayudan mucho. Si no los tienes accesibles, las zonas comunes, como una cocina o una escalera, también sirven y si no, unos cascos conectados a tu móvil pueden hacer maravillas. Y si nada de eso es posible, basta con unos tapones de cera en tus oídos para aislarte y alcanzar el silencio en tu cerebro. De todas maneras, lo suyo es combinar diferentes espacios a lo largo del día, cambiando escenarios.

A continuación deberías crea tu propio menú diario de dosis de desconexión. Probablemente tengas una rutina de trabajo, que se organiza en torno a una oficina común, una mesa de trabajo, una herramienta, una máquina, una mesa de estudio, un mostrador, una cocina… Esa rutina podrías pensar en romperla cada hora. Supongamos que tu rutina empieza a las 8 a.m. y dura hasta las 4 p.m.

Dosis 1. A lo mejor a las 8 cuando llegas es bueno que, después de saludar a tus colegas, te dirijas a una terraza, un jardín, una escalera y te centres en un ejercicio de 'mindful eating', durante 7-10 minutos, degustando muy lentamente una pieza de fruta. Tómate tu tiempo con cada bocado.

Dosis 2. Sobre las 9, puedes dedicarte un rato, estimulando tu sentido del oído. Llévate tu móvil a un espacio en el que visualmente te encuentres cómodo (si no hay ninguno, ayuda un antifaz) y ponte el volumen a más de 45 decibelios con tu música favorita y concéntrate en la música. Y solo en la música.

Dosis 3. Un viaje por el cielo a través de las nubes vistas desde la terraza, jardín, escaleras o desde un espejo en tu mesa con los oídos tapados con música puede ser tu regalo de las 10.

Dosis 4. A las 11 quizás toca comer algo. ¿Fruta? Disfruta de ella. Saboréala lentamente, en modo 'mindful eating'. Y tatúa esa experiencia en tu mente.

Dosis 5. Es mediodía. Regálate unas risas. A lo mejor tienes grabados a tus humoristas favoritos en tu móvil. Si no es así, búscalos en internet. Y búscate un espacio donde tu risa se expanda. Y recuerda que es contagiosa.

Foto: iStock.
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Dosis 6. Sobre las 13 h, quizás puedes coger tu móvil de nuevo y ponerte una app que te permita concentrarte visualmente en algo que te guste y te sirva para recrear la vista y practicar la concentración sensorial, de la que hemos hablado en el paso IV sobre las imágenes que hayas escogido.

Dosis 7. Ya son las 14 h y probablemente te puedes dar un homenaje comiendo sano y disfrutando de tus viandas solo, con algún colega de trabajo o en casa con tu gente. Acuérdate que está en ti potenciar tus glándulas gustativas y disfrutar de cada bocado como comentábamos en el paso III. Y recuerda durante el proceso comer todo lo que has aprendido sobre 'mindful eating' en esta guía para exploradores.

Dosis 8. Ya le llega el turno a tu último encuentro contigo mismo durante tu jornada laboral. Quizás sea bueno agradezcas los anteriores encuentros 'mindful' y los que están por venir en sucesivos días. Una experiencia recopilatoria de todas las demás dosis, para asegurarte de que se queden almacenadas todas las experiencias de desconexión de la jornada en tu cerebro como experiencias positivas. Quizás un papel y un lápiz o tu móvil te puedan servir para analizar si vas o no por el buen camino.

Feliz Día Kimwani.