¿Recuerdas lo que comentábamos sobre el consejo kimwani que habla del cuidado de los tuyos en el paso VII, sobre el potencial de la risa para regular tus emociones respecto a la comida? En este artículo vamos a profundizar en ese mismo consejo kimwani, sobre cómo cuidar mejor de los tuyos, pero en este caso desde la perspectiva del mindfulness.

Normalmente, el estrés por exceso de actividad no nos permite relacionarnos demasiado tiempo con los nuestros ni con otros y el tiempo que lo hacemos es de poca calidad. Ya que el cortisol hace que no podamos salir de nuestro natural estado reactivo (lucha-huida), que nos ayuda a los mamíferos a mantenernos vigilantes, impidiéndonos conectar con la persona que tenemos enfrente, para que esta conexión sea armoniosa, se necesita un estado receptivo, que nos permita vincularnos de forma sana, desarrollando una comunicación atenta, siendo sensibles a las señales del otro.

"Haciéndote experto en atención plena, practicarás la alimentación consciente y así podrás mejorar tu salud y la del planeta"

Cuando estamos con los nuestros, los altos índices del nivel de cortisol que nos llevan a estar centrados en pensamientos o emociones de pasado o futuro impiden que podamos regular bien nuestras emociones, lo que conlleva que se generen tensiones con estos.

La práctica del mindfulness te permite entrenar la activación de tu estado receptivo mejorando las relaciones interpersonales con los tuyos y con terceros, a la vez que aprendes a la regular mejor tus emociones. Y con el tiempo y el entrenamiento, la mente se distrae menos y se concentra más. Pero la atención plena y la regulación emocional son solo dos de los múltiples factores que te proporcionará el mindfulness en tu relación con los demás.

La compasión y la autocompasión por los demás se desarrollan también con esta técnica. Y el mindfulness también aumenta tu capacidad para tolerar experiencias difíciles y dolorosas (tanto físicas como emocionales), y en ese entorno de las experiencias dolorosas en el que lo desarrolló el Dr. Kabat-Zinn. Durante la práctica formal del mindfulness, se practica el 'estar' con las dificultades que van apareciendo durante esos minutos de meditación (emociones dolorosas, dolor en el cuerpo, picores, pensamientos negativos…) sin hacer nada. Así se entrena la actitud de observar y aceptar las experiencias difíciles. Al no oponer resistencia a lo que ocurre en tu cuerpo o mente, la experiencia dolorosa se desvanece poco a poco.

Foto: iStock.
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Si aprendes a ser dueño de tu atención, para así dirigirla intencionadamente y de forma reflexiva al foco elegido, te podrás convertir en lo que se denomina un 'observador desapegado'. Estado en el que la mente observa con distancia y aceptación los pensamientos y los sentimientos que aparecen momento a momento.

Esta 'distancia' te permite evaluar la calidad de tus pensamientos y sentimientos y elegir conscientemente qué hacer con ellos, escucharlos o ignorarlos. Esta pausa y distancia consciente y reflexiva se asocia a una menor reactividad y a una mejor regulación emocional o gestión de tus emociones.

Para entender mejor la observación desapegada, piensa en ti como un espectador de una película, en la que los pensamientos, emociones y sentimientos que se te pasan por la cabeza no son sino escenas de esa misma película.

Pero piensa que la observación de la que estamos hablando no supone visualizar, ni imaginar, ni pensar. Es una acción que tu mente no puede hacer. Es un territorio reservado solo a tu conciencia. Un poco complicado, ¿no? Bueno, como todo aprendizaje, se trata de un proceso. Y tienes que ser consciente del propio proceso en el que te has embarcado y, sobre todo, tienes que ser consciente de que lo que importa no es llegar, sino el camino que vas a hacer.

"El observador desapegado contempla de forma compasiva todo aquello que pasa por su mente evitando juicios y etiquetas"

Lo cierto es que en cualquier escuela o taller de aprendizaje de mindfulness o de técnicas de meditación echarás de menos las clases teóricas para incrementar la faceta racional del proceso de aprendizaje, adquiriendo unos mínimos conocimientos sobre la actividad. Esta reducción de la dimensión racional se debe a que es más fácil hacer el camino, sin alimentar expectativas conceptuales ni racionales.

Quizás te sirvan las reflexiones que hace José María Doria sobre el observador desapegado en su libro 'Las 40 puertas', sobre cómo atravesar la dimensión pensante y habitar el espacio de la conciencia profunda. En este sentido, la antigua sabiduría señala al respecto que la trascendencia a tal dimensión sucede desde un silencio que no es pasivo ni desértico, sino despierto y fértil, un silencio que brota en quien se detiene y observa. Es decir, un estado de atención que permite desplegar al observador o 'conciencia testigo' que de manera imparcial y sin juicios atestigua con plena conciencia”

El observador desapegado contempla de forma ecuánime y compasiva todo aquello que pasa por su mente evitando juicios y etiquetas, limitándose a aceptar lo que le venga en ese momento de su conciencia.

Para poder observarte bien, tienes que pensar en desidentificarte, ya que el observador no puede ser a la vez el objeto observado. Tienes que comprender que eres capaz de percibir tus emociones, pensamientos o sentimientos y tu capacidad de dejarlos de lado, desde la conciencia. Esta separación (desidentificación) entre conciencia observadora y el proceso mental es la clave para alcanzar el estado de conciencia plena, en el que la concentración y la claridad de tu mente te permiten dar lo mejor de ti mismo, en el presente, aquí y ahora.

Foto: iStock.
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Durante la práctica del mindfulness se entrenan estas habilidades a través de la aceptación amable y bondadosa de todo lo que ocurre en el presente, sin juicios. Y a través de una escucha activa y empática dirigida hacia uno mismo y hacia los demás. Habilidades todas ellas que te proporciona el mindfulness y que te servirán para mejorar la calidad de tus relaciones con los demás y sobre todo para poder cuidar mejor de los tuyos, como un auténtico kimwani.

No se te olvide que todos estos ejercicios de profundización en mindfulness son la musa o esencia de este entrenamiento que sigues paso a paso para aprender mindfulness medioambiental o ecomindfulness, cuya práctica, como he explicado en los pasos I y XI, requiere que te formes en 'mindful eating' o alimentación consciente y, como sabes, para formarte en esta disciplina es fundamental que practiques mindfulness. De forma que haciéndote experto en atención plena, puedas practicar la alimentación consciente y así poder mejorar tu salud y la del planeta también.

Feliz desidentificación kimwani.