¿Recuerdas lo que se recogía en el paso X sobre ser feliz en el trabajo y sobre las bondades de celebrar diferentes paradas al día en tiempo laboral y dedicarte tiempo para ser consciente del momento presente?

Cuando estamos estresados, nuestro organismo concentra sus energías para la supervivencia. El sistema nervioso simpático, el 'acelerador', se activa y libera hormonas del estrés: adrenalina, noradrenalina y cortisol.

"Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio se halla nuestro poder de elegir la respuesta"

El organismo se prepara para luchar o para huir del estresor. Los efectos fisiológicos a nivel del sistema nervioso simpático son variados. Se dilatan las pupilas, aumenta la fuerza y la frecuencia de los latidos del corazón, se dilatan los bronquios, disminuyen las contracciones estomacales, se estimulan las glándulas suprarrenales… Es un fenómeno muy similar al que experimentamos si vemos un león, pero siendo este león cosas de la vida cotidiana, como nuestro jefe, el espacio de trabajo o las tareas acumuladas.

Domando al felino

Muchas de las funciones del cuerpo funcionan de forma automática, como la respiración, la presión sanguínea y la digestión. Estas funciones son controladas por el sistema nervioso autónomo. El sistema nervioso autónomo se divide en dos ramas: el sistema nervioso simpático, el 'acelerador', y el sistema nervioso parasimpático, el 'freno'.

El sistema nervioso simpático es responsable de lo que sucede en tu cuerpo en respuesta a situaciones estresantes. La adrenalina, que circula a través de la sangre, afecta a todos los órganos. El corazón bombea más rápido, la presión arterial aumenta, la respiración se hace más rápida y poco profunda, las pupilas se expanden y tus músculos se tensan. El sistema nervioso simpático es la respuesta natural del cuerpo a las emergencias, pero también se activa con el estrés diario, y cuando esto ocurre, puede hacernos sentir poco saludables.

Foto: iStock.
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En cambio, cuando se activa el sistema nervioso parasimpático, la frecuencia cardíaca se reduce, la presión arterial disminuye, la respiración se ralentiza, las pupilas se contraen y se relajan los músculos. Todo lo cual promueve la buena digestión y te hace sentir bien en todas las partes de tu cuerpo.

Cuando te paras, practicas mindfulness y te concentras en respiraciones profundas y relajadas, puedes 'apagar' el sistema nervioso simpático y 'encender' tu sistema nervioso parasimpático, el que te tranquiliza y ayuda a relajarte y sentirte bien.

Parar significa frenar y por tanto gestionar nuestra salud, activando el sistema nervioso parasimpático, el 'freno', equilibrando nuestro interior ante el alto estrés al que estamos sometidos en nuestro mundo multitarea. Frente a estar permanentemente con el sistema nervioso simpático activado, liberando continuas dosis de cortisol.

Es importante parar para saber lo que ocurre en nuestro interior y así poder desarrollar lo que Víctor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco, superviviente del Holocausto y fundador de la Logoterapia, recomienda: "Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio se halla nuestro poder de elegir la respuesta. En nuestra respuesta se basa nuestro crecimiento y nuestra libertad".

Un espacio de tiempo donde podamos elegir qué respuestas queremos obtener y así no dejarnos llevar por nuestras pautas habituales inconscientemente aprendidas. Pautas como la ansiedad con la comida, la ira, el abuso de sustancias, la adicción al trabajo y la sobreactividad, entre otros. ¿Te acuerdas de lo que comentábamos sobre las ventajas de parar y practicar mindfulness de la compasión en el paso XIX para combatir una adicción? ¿Y sobre lo que te comentaba en el paso XII sobre mindfulness de la gratitud?

Un lugar para respirar

Crear al menos un espacio en el día para parar, bajar de la mente preocupada y obtener paz en el momento presente ha demostrado ser de gran ayuda para mitigar los efectos negativos de nuestra respuesta a los estresores. Cuando nos dejamos estar en el presente, somos más propensos a ganar perspectiva y ver que tenemos el poder para regular nuestra respuesta a la presión. Y por tanto somos capaces de regular mejor la liberación o no de cortisol.

"Que el estrés laboral no te lleve a una alimentación deficiente. Come alimentos saludables con calma y en horarios regulares"

Pararnos y tener nuestro momento 'mindfulness', respirando lentamente en busca de la atención plena, una o varias veces al día, es lo mejor que nos puede pasar, para estar en armonía con nosotros mismos. Y si estas paradas son durante el trabajo, como te recomendaba en el paso X, harán que este sea mucho más llevadero. Es más que probable que algún día nos hablarán del mindfulness como herramienta de mejora e incremento de la producción en el trabajo, al estar en atención plena, como están los tenistas cuando practican mindfulness durante los partidos. Y si no, que se lo pregunten a los directores de Recursos Humanos de las miles de empresas que están introduciendo en Occidente esta práctica en el día a día de sus empleados.

Una vez parado y respirando, te sugiero poner en práctica el concepto 'thank'. Piensa en agradecer. Para lo cual lo tienes fácil si pones en práctica en tus paradas el mindfulness de la gratitud y las pautas que te trasladaba en aquel artículo: elige practicar la gratitud de forma intencionada. Agradece a la naturaleza todos sus dones. Relátate las cosas buenas de tu vida. Deja de centrarte en lo que no tienes. Abraza la humildad. Piensa en los que tienen menos. Encuentra la gratitud en la dificultad.

Un paso más allá

Pero además de parar (stop), respirar (breath) y entrenarte en mindfulness de la gratitud (thank), como ejercicio de relajación para prevenir o detener el estrés durante tu tiempo laboral (y el resto del día), ¿qué otras cosas se pueden hacer para reducir este? Come salud. No dejes que el estrés laboral te conduzca a un modo de alimentación irregular y deficiente. Come alimentos saludables y a ser posible en horarios regulares y despacio, saboreando las viandas. Practica 'mindful eating' como te sugería en los pasos I y III.

Moverte regularmente es muy bueno, ya que la reacción física al estrés es activar el organismo y prepararlo para el movimiento. Si te mueves, estarás ayudando a tu organismo a combatir los estresores. Disfruta de las cosas pequeñas de la vida y percibe e interioriza las cosas positivas que te ocurran, de forma que minimices las negativas. Practica mindfulness de los sentidos, como te recomendaba en los pasos IV y XIV.

Foto: iStock.
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Duerme. Duerme más de lo normal, cuando detectes que estás estresado. Vete a dormir antes, como los kimwani. Cuando duermes regeneras tu cuerpo y tu mente. Ya que si duermes poco, estás contribuyendo a empeorar tu estrés. Te acuerdas de lo que comentábamos en los pasos VI y XVI sobre las ventajas de vivir con la luz. Diviértete. Practica las cosas que te gustan, deportes o hobbies. Actividades extralaborales que te ayuden a mantener el equilibrio interno y que probablemente tu estrés te lleve a no practicar por falta de tiempo. Te acuerdas lo que te comentaba sobre regalarte tiempo de calidad en el paso VI.

Cuida tu vida personal, ya que el estrés laboral provoca que muchas veces reduzcamos el contacto con familia y amigos. Piensa que el contacto social es un factor clave, para la recuperación, ya que en estos contactos estarás aumentando la liberación de neuroquímicos positivos y reduciendo la liberación de los neuroquímicos negativos. ¿Recuerdas lo que recogía en los pasos VII y XVII sobre el cuidado de los tuyos?

Felices paradas kimwani.