Como ya te he comentado anteriormente, cuando vas a cualquier taller o escuela sobre mindfulness, te trasladan poca o ninguna teoría para que no utilices tu racionalidad para hacer el camino, de forma que puedas alcanzar estados de conciencia plena, simplemente a través de su práctica, sin mapa, solo con tu propia experiencia. Pero los humanos somos claramente seres racionales, y más si cabe los del siglo XXI​, y nos gusta saber qué hay detrás de cualquier proceso o técnica. A mí también me ha interesado y he investigado, con ayuda de terceros, sobre los procesos neurobiológicos que hay detrás del mindful eating y del mindfulness.

El objetivo de estos nuevos 10 pasos vinculados con la neurociencia es poder trasladarte nociones básicas y sencillas, siguiendo el espíritu kimwani, sobre la relación entre mindful eating, mindfulness y neurobiología, para que entiendas mejor tu cerebro, tus sentimientos y tus emociones, así como los mecanismos de liberación de neurotransmisores y neurohormonas buenos (desde la perspectiva del mindfulness), como las endorfinas, dopamina, serotonina y oxitocina, y también los malos (desde la misma perspectiva), como el cortisol o la adrenalina.

"Se estima que tenemos 100.000.000.000 de neuronas y que cada una de ellas es capaz de conectarse hasta con otras 50.000"

Al fin y al cabo, el mindfulness no es sino una forma de optimizar el funcionamiento de nuestro cerebro, incluido el cambio de estado de nuestra conciencia tanto a nivel individual como colectivo, de acuerdo con lo que te trasladaba en el paso XII, en el que te hablaba sobre nuestra conciencia corporal y sobre la unicidad del ser.

Para entender bien los procesos neurobiológicos relacionados con el mindfulness como base de tu entrenamiento en mindful eating, antes de nada, tienes que percatarte sobre cómo es tu cerebro y qué son y cómo funcionan tus neurotransmisores y neurohormonas, para entender bien el resto de temas vinculados con la neurobiología sobre los que vamos a tratar en este y en los siguientes pasos.

¿Cómo es tu cerebro?

Nuestro cerebro tiene 3 áreas diferenciadas, si seguimos la clasificación denominada cerebro Triuno, propuesta por Paul Maclean en la década de los 60, en base a la evolución de las diferentes áreas de nuestro encéfalo a lo largo de la evolución de la humanidad, durante millones de años. Zonas cerebrales que son las que tienes que comprender para entender bien la relación entre mindfulness y tu sistema nervioso.

  1. En el primer nivel, se halla tu cerebro reptiliano, muy pequeño comparado con tu cerebro racional, en el tercer nivel, que es el que regula tus instintos y el más primitivo de los tres. Es del que disponían los primeros homínidos y el que nos permite sobrevivir en el aquí y en el ahora.
  2. Un poco más hacia el exterior de tu cerebro, está el sistema límbico, que es el que regula tus emociones y fue desarrollado por nuestros primeros antepasados, por encima y en torno al cerebro reptiliano, con el consiguiente crecimiento del cráneo de nuestra especie.
  3. Y la capa más externa, la que normalmente ves cuando se muestran imágenes del cerebro, se trata del neocórtex o cerebro racional, que es el área que nos permite, entre otras cosas, razonar, asociar, imaginar e intuir. Zona que se va incorporando a los cerebros de los primeros antepasados del homo sapiens, ya con un volumen de masa encefálica similar a la actual.

Foto: iStock.
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Sobre neuronas y sinapsis

Seguramente habrás oído hablar mucho de las neuronas, pero a lo mejor desconoces su mecanismo de funcionamiento o se te ha olvidado lo que aprendiste en las clases de ciencias del colegio. Las neuronas son células altamente especializadas en la transmisión de información y en ellas se pueden diferenciar zonas que se encargan de distintas tareas.

Simplificando mucho, se podría decir que lo que sucede es que la neurona capta la información por 'su' cabeza, baja por su propio cuerpo y llega hasta sus pies, donde tiene unos 'calcetines' llenos de neurotransmisores. Los neurotransmisores son sustancias químicas que contienen la información que hay que trasladar a la siguiente neurona, para que así continúe el proceso de transmisión de información. Un proceso donde se modula el impulso eléctrico o químico de la transmisión de la información entre neuronas.

Simplificando aún más, imagina que tu sistema nervioso fuera el mar y que las neuronas son las olas y que en el contacto de una ola con otra, se produjera un impulso eléctrico y que estas olas (neuronas) pueden transportar elementos positivos como las sales marinas, iones negativos, ozono... (dopamina, serotonina, endorfinas, oxitocina), o elementos negativos, como envases de plástico, aluminio o caucho (cortisol, adrenalina, noradrenalina). E imagina que el viento y las corrientes que mueven las olas son el sistema sanguíneo y el sistema nervioso de nuestro cuerpo que desplazan esas neuronas (olas) por todo nuestro organismo.

Se estima que tenemos 100.000.000.000 de neuronas y que cada una de ellas es capaz de conectarse hasta con otras 50.000 neuronas. Impresionante, ¿no? Y en los últimos años se ha descubierto que la neuroplasticidad de nuestro cerebro puede ser activada por cada uno de nosotros, provocando entre otras cosas que las neuronas no mueran, como se pensaba hasta hace poco que ocurría con la edad, sino que se regeneren con mindfulness y meditación entre otras causas.

Sobre neurotransmisores y neurohormonas

Los neurotransmisores son sustancias químicas que pueden tener composiciones y orígenes diversos, pero que tienen en común que provocan cambios en nuestro cerebro. Un neurotransmisor es una biomolécula que transmite información de una neurona a otra neurona consecutiva, conectadas mediante sinapsis.

Las neurohormonas son neurotransmisores que se vierten a la sangre en lugar de la hendidura sináptica, por lo que se comportan como hormonas. Por tanto, muchos neurotransmisores, ya sean positivos o negativos, se pueden comportar como neurotransmisores o como neurohormonas, en función de cuál sea su vía de comunicación, la sinapsis o la sangre.

¿Cuál es la misión de los neurotransmisores?

El estado placentero y de bienestar es fruto de sustancias químicas del cerebro que todos los mamíferos tenemos en común. Los buenos (desde el punto de vista del mindfulness), nuestros neurotransmisores 'positivos', como la dopamina, serotonina, endorfinas y oxitocina evolucionaron para recompensar comportamientos de supervivencia, no para hacernos sentir bien todo el tiempo.

Foto: iStock.
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Los malos, también desde la perspectiva del mindfulness, son aquellos que elevan los niveles de estrés, como la exagerada adrenalina y noradrenalina, así como el cortisol, que cuando en estado normal nos sucede algo pasajero se liberan para luego volverse a equilibrar. Pero cuando el estado de alerta o el estrés se cronifica, estos neurotransmisores se convierten en tóxicos y provocan que disminuya la liberación de los neurotransmisores positivos.

Para comprender tus impulsos humanos, es importante entender cómo funcionan tanto los neurotransmisores buenos como los malos y cómo la serotonina, la dopamina, la oxitocina, las endorfinas o el cortisol afectan al resto de nuestros hermanos y hermanas mamíferos, de forma que tus impulsos humanos cobrarán todo su sentido.

"El estado placentero y de bienestar es fruto de sustancias químicas del cerebro que todos los mamíferos tenemos en común"

Estas nociones básicas sobre neurociencia te van a ser muy útiles a lo largo de los siguientes pasos de este entrenamiento en mindful eating para que entiendas bien la relación entre mindfulness de la gratitud y la liberación de dopamina, o el mindfulness corporal y la liberación de endorfinas, o la relación entre la codificación de la memoria, su relación con la ínsula, la concentración y el mindfulness de los sentidos, o incluso entender cómo conectar con tu propia conciencia corporal.

Piensa que con las simples nociones sobre neurociencia y mindfulness que te trasladaré en los próximos artículos, podrás entender y aprender cosas tan variopintas como activar tu sistema parasimpático o 'apagar' tus cerebros racional y emocional, o incluso aprender a conectarte con tu conciencia corporal, o interactuar con tu propia neuroplasticidad, así como entrenarte en la liberación de neurotransmisores y neurohormonas positivos.

Feliz viaje por la neurobiología del mindfulness, kimwani