Los puestos de trabajo son entornos potencialmente prometedores para la promoción de la salud, dado que los trabajadores y los altos ejecutivos pasan un tercio de su tiempo en ellos. Se ha evidenciado que los lugares de trabajo pueden propiciar la aparición de determinadas enfermedades o efectos metabólicos en los trabajadores, a causa de sus horarios irregulares, que provocan la alteración en la secreción de hormonas (como la leptina y grelina, implicadas en el metabolismo), llegando a causar problemas en el descanso, el sueño y la ingesta calórica. Los altos ejecutivos se caracterizan por llevar vidas con elevados niveles de estrés laboral y emocional, cargos con altas responsabilidades, horarios cambiantes y, a menudo, viajes y falta de descanso. Este ritmo, como consecuencia, afecta al estilo de vida de estas personas, especialmente en lo que se refiere a sus hábitos nutricionales.

La alimentación saludable representa uno de los factores más relevantes para el desarrollo físico, emocional e intelectual de las personas y tiene como principios la variedad y el equilibrio en el consumo de alimentos. Puesto que no existe ningún alimento que contenga todos los nutrientes esenciales, se hace inevitable para la población en general, y en especial los altos ejecutivos, el consumo regular de una dieta variada, que aporte agua, proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales, en cantidad y calidad adecuada.

"Alterar su reloj biológico se traduce en estrés, insomnio, cambios de humor, alteraciones de apetito y estreñimiento"

Diferentes revisiones han demostrado que una mala alimentación puede reducir el rendimiento físico e intelectual, disminuir la capacidad de trabajo, bajar la productividad, provocar desmotivación con respecto al trabajo, así como otros efectos en el desempeño laboral. Generalmente, la alimentación de los ejecutivos se caracteriza por la omisión de las comidas, comer a deshoras, el picoteo entre horas, un elevado consumo de snacks y comida preparada lista para consumir, así como demasiadas bebidas ricas en cafeína y azúcar, tipo refrescos, y altas dosis de café.

Según un estudio publicado por 'The Lancet', una alimentación desequilibrada está relacionada con 11 millones de muertes en 2017 en el mundo. Tres factores dietéticos, como la ingesta baja de cereales integrales y frutas y el alto consumo de sal, representan más del 50% de las muertes relacionadas con la dieta (Figura 1). El otro 50% se atribuyeron al alto consumo de carnes rojas y procesadas, bebidas azucaradas y ácidos grasos trans, entre otros alimentos.

Figura 1. Tasa de mortalidad y número de muertes a nivel global atribuibles a la dieta.
Figura 1. Tasa de mortalidad y número de muertes a nivel global atribuibles a la dieta.

De forma general, las harinas refinadas, el azúcar, la sal, las grasas insanas, así como la bollería, snacks, refrescos y alimentos ultraprocesados en particular, son los nutrientes y grupos alimentarios de más elevado consumo por parte de los altos ejecutivos. La evidencia ha demostrado que el consumo frecuente y continuado de estos nutrientes eleva el riesgo de las conocidas enfermedades crónicas no transmisibles, tales como la diabetes mellitus tipo 2, síndrome metabólico, cáncer, enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas. Resulta de especial importancia, por tanto, una buena alimentación que cubra las necesidades de los altos ejecutivos, tanto para su salud como para su rendimiento laboral.

El ejecutivo tiende en definitiva a alterar su reloj biológico, ya sea por el volumen de trabajo, modificaciones del horario, viajes y responsabilidades. Esto se traduce en estrés, insomnio, cambios de humor, alteraciones de apetito y estreñimiento. Para promover un óptimo estado de salud, mediante la alimentación, es importante que los altos ejecutivos:

  • Controlen el consumo de azúcares refinados y alimentos que los contengan (dulces, bebidas azucaradas, productos de repostería…).
  • Disminuir el consumo de alimentos con alto contenido en grasas insanas (como los alimentos ultraprocesados) por su directa relación con el desarrollo de enfermedades coronarias. Optar, pues, por grasas que han demostrado beneficios para la salud, como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos al natural y las grasas contenidas en el aguacate.
  • Controlar el agregado de sal a las comidas, así como evitar el elevado consumo de fiambres, embutidos, snacks, panes y galletas saladas para evitar el riesgo de hipertensión arterial.

Foto: Unsplash/@ruthson_zimmerman.
Foto: Unsplash/@ruthson_zimmerman.

  • Consumir alimentos ricos en antioxidantes y fibra, como las frutas, verduras, hortalizas y legumbres. Esto ayudará a controlar los niveles de glucosa en sangre, brindar saciedad, controlar el apetito y disminuir el riesgo de las enfermedades crónicas citadas.
  • Es importante estar bien hidratados, gracias al consumo de agua, infusiones, té, todos ellos sin azúcar añadido, evitando así el consumo de bebidas azucaradas, alcohol y grandes dosis de café, logrando un buen rendimiento físico y mental.
  • Distribuir los alimentos que se consumirán en el día, realizando 4 o 5 comidas, evitará el picoteo entre horas con el propósito de mantener un peso adecuado y saludable.
  • Comer en un ambiente tranquilo y confortable, alejado de teléfonos y pantallas, puede favorecer la reducción del estrés.

Finalmente, el impacto de la alimentación en la productividad y la necesidad de impulsar acciones que promuevan unos hábitos y estilo de vida saludables son las dos tendencias que los altos ejecutivos deben tener en cuenta, y lo mismo para su salud que para su rendimiento en su trabajo. La mayoría de los expertos coinciden con la Organización Internacional del Trabajo en cifrar en un 20% la mejora de la productividad provocada por una alimentación saludable.