El cáncer de piel (entendido como el crecimiento anormal de las células de la piel) se suele desarrollar más en zonas del cuerpo expuestas al sol. Los principales tipos de cáncer de piel son el carcinoma de células basales, el melanoma y el carcinoma de células escamosas. Cada año se diagnostican en todo el mundo unos 3 millones de casos, por ello, durante el verano, reducir la exposición a los rayos ultravioleta y llevar una alimentación saludable ayudará a reducir las probabilidades de tener este tipo de cáncer en el futuro.

El carcinoma basocelular es el tipo de cáncer de piel más frecuente y se origina en células de la capa externa de la piel (epidermis). Su incidencia está viéndose incrementada en un 10% de forma anual. Se produce en áreas del cuerpo expuestas al sol, como el cuello o el rostro, y representa el 70-80% de los cánceres de piel.

"El cáncer es una enfermedad multifactorial y la alimentación juega un papel preventivo en su aparición"

La alimentación es un factor ambiental modificable que se ha asociado con diferentes tipos de tumores, y, por lo tanto, también estar relacionado con el riesgo de cáncer de piel. La evidencia científica actual señala que una dieta rica en frutas, verduras, especias y granos puede disminuir el riesgo de cáncer. La explicación biológica para la reducción del riesgo de cáncer se basa en que tanto las frutas como las verduras son ricas en fibra, carotenoides, vitaminas C, E, selenio y fitoquímicos, todos ellos sustancias potencialmente anti-carcinogénicas.

Además, un mayor consumo de frutas, verduras y hortalizas se relaciona con un peso corporal saludable, provocando una relación inversa entre el consumo de frutas y verduras y el riesgo de cáncer en cualquier localización, como es el cáncer de piel. Las verduras crucíferas han sido objeto de estudio por sus potenciales efectos protectores frente al cáncer, como son el brócoli, coliflor, coles de Bruselas... Los compuestos contenidos en estos alimentos han demostrado ejercer un efecto protector en el desarrollo de cánceres del tracto digestivo, hígado, pulmón y mama, tanto en vivo como en modelos animales.

Figura 1
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Sin embargo, no se ha demostrado con exactitud qué compuesto por sí solo es el responsable del efecto protector frente al cáncer, aunque parece muy poco probable que haya un único compuesto relacionado con esta asociación protectora. Por ello, un enfoque basado en un solo nutriente o alimento en lugar de enfocarse en el patrón general de alimentos ha llevado a los investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) y de la Universidad de Milán a realizar el primer estudio que ha asociado una dieta saludable a un menor riesgo de carcinoma basocelular en poblaciones cuyos antecedentes de exposición al sol y antecedentes familiares de cáncer de piel fueron documentados.

El equipo de científicos del estudio investigó la adherencia de tres patrones dietéticos y su relación con el riesgo de cáncer de piel: la dieta mediterránea, la dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension) y la dieta pro-vegetariana de 22.492 personas entre 1999 y 2016 del proyecto SUN (Seguimiento Universidad de Navarra) definidos a continuación:

Dieta mediterránea: es una valiosa herencia cultural y se caracteriza por ser una dieta equilibrada, variada y con un aporte de nutrientes adecuado. Destaca el tipo de grasa que lo caracteriza (aceite de oliva, pescado y frutos secos), las proporciones en nutrientes principales (cereales y vegetales como base de los platos y carnes o similares como guarnición) y la riqueza en micronutrientes fruto de la utilización de productos vegetales frescos, locales de temporada, hierbas aromáticas y condimentos. Es baja en grasas saturadas y rica en monoinsaturadas, hidratos de carbono saludables y en fibra dietética. Además, existe una gran riqueza en antioxidantes, polifenoles y otras sustancias de origen vegetal. Ha demostrado la disminución del riesgo cardiovascular, la diabetes y la hipertensión arterial.

Dieta DASH

Es una alimentación diseñada para el control de la presión arterial. Se basa en el consumo de frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos, lácteos bajos en grasa, aves, pescados y bebidas sin azúcares añadidos, limitando la ingesta de sodio menos de 2300 mg/día. Este patrón dietético ha demostrado ser muy efectivo para controlar los pacientes con hipertensión arterial y disminuir las concentraciones de colesterol LDL y triglicéridos.

La dieta pro-vegetariana (o también conocida como dieta vegana estricta) incluye una amplia variedad y abundancia de alimentos basados en frutas y verduras, legumbres, cereales integrales, semillas y frutos secos, sin productos lácteos, carnes, pescados, huevos y alimentos de origen animal en general. Las dietas veganas han demostrado reducciones en las concentraciones de colesterol LDL, del peso corporal y de la presión arterial.

Foto: iStock
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Como conclusiones al estudio, las personas con una mayor adhesión a la dieta mediterránea obtuvieron una reducción del 72% del riesgo de enfermedad a igual exposición y antecedentes familiares de cáncer de piel. En el caso de la dieta DASH, esta reducción del riesgo fue del 68%, mientras que no se encontró asociación entre el patrón dietético pro-vegetariano y el riesgo de carcinoma basocelular. El menor riesgo de este tipo de cáncer asociado con estos patrones dietéticos parece estar relacionado con el consumo de frutas y productos lácteos bajos en grasa. Los productos lácteos son una buena fuente de calcio y vitamina D. Los autores señalan que ambos nutrientes son importantes para el desarrollo de queratinocitos (células predominantes de la epidermis que contienen una proteína llamada queratina, implicada en el crecimiento de las células epiteliales de la piel). Esto podría explicar la asociación inversa observada entre el consumo de lácteos y el riesgo de carcinoma basocelular, aunque los investigadores advierten que se necesitan más estudios confirmatorios.

Como reflexión, debemos entender que el cáncer es una enfermedad multifactorial y, a pesar de que se necesitan mayores investigaciones, la alimentación juega un papel preventivo en su aparición, junto con un estilo de vida saludable.