En los últimos años se ha puesto de moda este nutriente. La coenzima Q10 está presente de forma natural en todas las células del organismo e interviene en procesos como el transporte de electrones, fundamental en el metabolismo celular para convertir alimento en energía. Este nutriente tiene un papel muy importante en los procesos de oxidación y envejecimiento celular, de ahí la importancia creciente de valorar su suplementación.

La coenzima Q10 está presente también en muchos alimentos, en concreto en la carne roja, en el pavo y el pollo. Además de en pescados como el salmón, frutos secos como los cacahuetes y verduras como el brócoli. El problema es que, en determinados casos de déficit de coenzima Q10 y ante la necesidad de un mayor aporte, deberíamos aumentar mucho el consumo de determinados alimentos para llegar a los niveles adecuados. Es aquí donde hablaríamos de la necesidad de suplementar la dieta.

¿Cómo se relaciona este nutriente con los ojos?

Está implicado, como en el resto del organismo, en procesos 'antienvejecimiento', protege las células implicadas en el sistema visual, se ha demostrado su acción protectora en las células ganglionares y capa de fibras nerviosas del nervio óptico.

Podríamos decir también que es un neuroprotector. En aquellos pacientes con enfermedades degenerativas, como el alzhéimer y el párkinson, se ha comprobado que puede tener un efecto beneficioso por su capacidad de depurar radicales libres y regular la transición de permeabilidad mitocondrial.

Estas mismas aplicaciones se han visto en enfermedades oculares degenerativas como el glaucoma. Estos pacientes con afectación del nervio óptico pueden ser los candidatos para la suplementación de coenzima Q10. Por supuesto, este tratamiento coadyuvante nunca sustituirá a los tratamientos del glaucoma, tales como la trabeculoplastia selectiva láser, tratamientos con gotas hipotensoras o la cirugía.

Foto: Unsplash/@sharonmccutcheon.
Foto: Unsplash/@sharonmccutcheon.

Además, sabemos que uno de los factores de riesgo para el glaucoma es la edad y está demostrado que, con el paso de los años, nuestro 'depósito' de coenzima Q10 disminuye. También se ha visto que el estrés puede disminuir sus niveles, así como determinados fármacos, como las estatinas (fármacos para bajar el colesterol) o la práctica de ejercicio intenso. Estas situaciones alertan a nuestro organismo de que necesita un mayor aporte de coenzima Q10.

En oftalmología, otras enfermedades que causan daño del nervio óptico y que, además, están relacionadas con la función mitocondrial son, entre otras, la neuropatía óptica hereditaria de Leber (LHON) y la atrofia óptica autosómica dominante (ADOA). Aunque siguen siendo necesarios más ensayos clínicos, la coenzimaQ10 podría tener un papel beneficioso en este tipo de enfermedades, tan devastadoras para la visión.

Aunque la coenzima Q10 es más conocida en el mundo del deporte o la cosmética, en oftalmología tiene también muchas aplicaciones, no solo como neuroprotector, sino también como coadyuvante para el tratamiento de la sequedad ocular.

Foto: Unsplash/@amandadaljborn.
Foto: Unsplash/@amandadaljborn.

Hace décadas ya se demostró que la utilización de coenzima Q10 en conejos disminuía la muerte celular de los queratocitos de la córnea, lo que se traduce en una protección a las células corneales.

También se ha observado que la coenzima Q10 en forma de gotas puede tener un efecto positivo en la recuperación de la superficie corneal tras cirugía de catarata, como se comprobó en un ensayo clínico realizado en 40 pacientes. Se ha publicado su mejoría también en casos de úlceras corneales y ojo seco como complemento a los tratamientos ya estandarizados.

Podemos concluir que la coenzima Q10 ha venido para quedarse y que seguiremos viendo cómo en las diferentes áreas de la oftalmología tendrá su aportación, si bien es necesario un mayor respaldo con ensayos clínicos para un uso más estandarizado.