Comienza un nuevo año, la estrategia real para la felicidad
  1. Tener perspectiva
Dr. Enrique Rojas

Tener perspectiva

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Comienza un nuevo año, la estrategia real para la felicidad

Ni darse por vencido, ni dispersarse en demasiados objetivos. Es posible avanzar cuando la persistencia y la resistencia se arropan de ilusión. No es cuestión de magia o de fe, es el valor del ser humano, que siempre puede volver a empezar

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El tiempo vuela. Ya está aquí el 2021 y es buen momento para coger papel y hacer una lista de objetivos concretos. Suelo hacer una distinción entre dos conceptos, que se parecen, pero que muestran claras diferencias: metas y objetivos. Las metas son demasiado amplias y generales, y tienen un fondo vago, impreciso, desdibujado. Por ejemplo: desearía ser mejor (así en general), mejorar la relación con mi mujer/mi marido, ser más ordenado, adelgazar, superar la anorexia-bulimia, etc.

"La felicidad consiste en ilusión. Vivir es mirar hacia delante. La existencia es un continuo aprendizaje, si somos capaces de tomar y aprender de los fallos"

Todo eso parece demasiado general. Los objetivos son puntos de lucha superconcretos que pueden ser medibles, que pueden ser seguidos de modo cuantitativo. Me voy al último ejemplo que ponía, la anorexia-bulimia, que es una enfermedad muy actual, que consiste en la obsesión por no engordar (estamos en la cultura del cuerpo).

Una enfermedad muy actual

La meta sería superar esa enfermedad psicológica. Los objetivos son precisos, una baraja de puntos que tienen un trazo específico, una baraja con nombres y apellidos: no pesarme cada día, luchar por no vomitar, no tomar laxantes, no ingerir diuréticos, no hablar para nada de las nuevas dietas que han aparecido en el mercado para adelgazar, comer disfrutando sin miedo o ansiedad y un largo etcétera.

La vista puesta en el futuro

La felicidad consiste en ilusión. Vivir es mirar hacia delante. La existencia humana es un continuo aprendizaje, si somos capaces de tomar y aprender de los fallos, errores y desaciertos. Vivimos en esta frontera de años en una pandemia que lo llena casi todo. Esto pasará, sin duda, aunque aún seguimos atrapados en ella. Yo lo suelo hacer en mi vida personal cada año. Y me digo a mí mismo: pocos propósitos y concretos. Tengo cuatro hijas y me dicen: "Papá, ¿qué te parece esto que me he propuesto para el año que comienza…? Y cada una me dice algo y yo procuro matizar el tema, pulirlo, perfilarlo.

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El que lucha está siempre contento. Y esta debe ser deportiva, sabiendo ganar y perder. Lo importante es ser constante: perseverar, insistir, no darse uno por vencido, crecerse ante las dificultades, superar las adversidades y contratiempos. Y tener claro que la pelea debe ser en lo concreto, evitando uno desparramarse o querer abarcar más de lo que se puede. Y de ese modo empezamos el año bien. Soy muy amigo de los eslóganes, sentencias breves que nos empujan hacia delante saltando por encima de las dificultades. Y propongo uno a nuestros lectores, tomado del libro de Unamuno 'Diario íntimo', que dice así: “No darse por vencido, ni aun vencido; no darse por esclavo, aun esclavo”.

El cóctel para avanzar

Y después vienen, a continuación, otra serie de ingredientes que se hospedan, residen, habitan en esa misma línea. Se deslizan en su geografía psicológica el orden y la voluntad, como dos ramas de un mismo río. El orden es uno de los mejores amigos de la inteligencia; y significa armonía, belleza, cada cosa en su sitio, saber priorizar… Y al mismo tiempo aceptar un cierto desorden sano por exigencias del guion.

El orden produce a corto plazo paz y alegría. Las dos personas que más me han enseñado en esto son mi hermano Luis (el mayor de mis seis hermanos) e Isabel, mi mujer (que es ordenada no solo de lo suyo, sino de los demás de la familia). El orden se contagia: se aprende a serlo viendo personas que lo practican y lo hacen fácil. Orden estático y dinámico: las cosas donde deben estar y saber programarse. Decían los clásicos que el orden es la buena relación que guardan las partes con el todo.

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Luego está la voluntad. Es una capacidad superior, junto con la inteligencia y la afectividad. Es voluntad, es una tendencia, un apetito, una aspiración… Que si se está motivado, toda la conducta se desplaza en ese sentido. Llegado a este punto, suelo hacer una distinción entre dos palabras que asoman como parecidas, pero que muestran marcadas diferencias y que son desear y querer. Y que se arremolinan en torno a ella. Desear es pretender algo, pero sin mucha fuerza porque es algo esporádico, pasajero, transitorio… Sin mucha fuerza, que depende de las sensaciones exteriores, algo que se pone en marcha en la cabeza y que decae con cierta rapidez. En cambio, querer es aspirar a algo de forma rotunda, sólida, fuerte… Es determinación, firmeza en el propósito. En una palabra, voluntad cuando se quiere algo es determinación: me propongo hacer algo y lo hago, pongo todo mí, máximo para lograrlo: los esfuerzos continuados que me llevan a conseguirlo.

El 'guía' no es un seductor mentiroso

Le pedimos al año que comienza que ambos, el orden y la voluntad, sean dos piezas esenciales en nuestros planes, puliendo y limando el inventario de cosas que tenemos por delante, un ir hacia delante poblado de ilusiones y asperezas, serpenteando obstáculos que se balancean a nuestro alrededor y aparecen y se esconden, como en un juego travieso y sin leyes.

"Necesitamos modelos de identidad que sirvan de referencia. Vidas atractivas, coherentes, que arrastren con su fuerza y nos llevan a imitarlas"

Cuando tienes las ideas claras, todo es más fácil. El que sabe lo que quiere está acostumbrado a renunciar y a centrarse en lo que es esencial. La vida está erizada de dificultades y más en este tiempo de la pandemia en donde el envoltorio es la incertidumbre. Desfilan delante de nosotros los propósitos y sabemos que, si ponemos en práctica lo que acabamos de mencionar, todo irá saliendo contra viento y marea, a pesar de los pesares: orden, voluntad e ilusión. Un tríptico que está hecho de orfebrería psicológica. La felicidad consiste en ilusión.

El ejemplo enseña más que el mejor libro. Necesitamos modelos de identidad que sirvan de referencia. Vidas atractivas, coherentes, que arrastren con su fuerza y nos llevan a imitarlas. El mundo está cansado de seductores mentirosos.

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