Las obsesiones estéticas: ideas fijas que dominan sin fundamento
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Dr. Enrique Rojas

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Las obsesiones estéticas: ideas fijas que dominan sin fundamento

La cultura del cuerpo promueve un deseo irracional de corregir defectos autopercibidos. El problema es psicológico y está en una deformación de la percepción corporal

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Foto: Unsplash/@grxcemadeline.

En los últimos años se ha producido una exaltación de la imagen y de la figura corporal como no había sucedido a lo largo de la historia de la humanidad. También la estética y el cuerpo pueden analizarse a través del microscopio psicológico, porque estos aspectos son parte del ser humano. Pero no es fácil acercarse a su análisis en la era de la imagen.

Morselli fue el primero que habló de ello utilizando la palabra dismorfofobia, que significaba que el sujeto tenía una idea fija, una preocupación muy acentuada por una anomalía física, a la que daba excesiva importancia, pese a estar en los límites de la normalidad. La palabra fobia estaba mal empleada, aunque hizo fortuna.

Los antiguos decían 'soma' y 'sema', cuerpo y cárcel, es decir, el cuerpo como cárcel del alma o de lo psicológico

Cada uno habita en un cuerpo. Somos nuestro cuerpo y tenemos nuestro cuerpo. Y, a su vez, podemos decir que el cuerpo nos tiene a nosotros. Los antiguos decían 'soma' y 'sema', cuerpo y cárcel, es decir, el cuerpo como cárcel del alma o de lo psicológico. Cada uno tiene una percepción concreta de su cuerpo, pero es una forma de interpretar la realidad. Con frecuencia oímos frases como “sácame el lado bueno en la foto”, “mi nariz no es bonita”, “tengo algunas arrugas que no me gustan”.

Exaltación de las partes

Personalidad y cuerpo, forma de ser y apariencia externa, las dos notas más características del ser humano, tienen una relación compleja. Cuando los dos se llevan bien y aceptan sus posibilidades y limitaciones se convierte en una relación madura. Vivimos en la cultura del cuerpo lo que significa que la exaltación de las partes descubiertas del cuerpo (cara y manos) y la morfología del cuerpo en su totalidad (la imagen externa que cada uno proyectamos) tienen un enorme relieve social.

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Foto: Unsplash/Milada Vigerova.

He comentado en muchas ocasiones que las dos disciplinas médicas en los dos últimos años son la psiquiatría y la cirugía estética. El psiquiatra hace 30 años era un médico al que solo se iba cuando había una enfermedad mental grave… Hoy, en la sociedad de nuestros días y en los países más desarrollados, es casi el médico de cabecera. Y el cirujano plástico ha cogido un enorme relieve porque tiene sentido que, con una expectativa de vida en Occidente de 85 años en la mujer y de 82-83 en el hombre, una persona quiera hacer algunos arreglos faciales y corporales. Siempre dentro de un orden.

No estar a gusto con la residencia corporal produce ansiedad, inseguridad, falta de confianza en uno mismo… En una palabra, descenso del nivel de autoestima.

Si no se produce esa aceptación, aparece el concepto subjetivo de fealdad o defectivo físico, que da lugar a un malestar muy acusado y que conduce a un deterioro en las relaciones con uno mismo, con los demás e incluso en el ámbito profesional.

Obsesión en sentido psiquiátrico

La obsesión estética es una auténtica obsesión en el sentido psiquiátrico del término: idea fija, quieta, detenida en el espacio mental, que domina sin fundamento.

La obsesión es tiranía del pensamiento, por eso recordar sus etimologías es muy ilustrativo. El término latino 'obsidere' significa cercar, rodear, asediar, encerrar. 'Sedere' es sentar. El latín jurídico utilizó la palabra 'compellere' en el sentido de verse forzado a declarar en un juicio lo que uno no quiere. Esta modalidad obsesiva se acompaña a veces de un síndrome obsesivo-compulsivo (el llamado TOC) de tal manera que una persona puede operarse tres o cuatro veces de la nariz, los labios, los pechos, o de los pómulos, o de la tripa, o de los muslos, los glúteos… El recorrido geográfico de una persona muy obsesiva puede ser, en algunos casos, el cuento de nunca acabar.

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Foto: iStock.

Es importante explicar a estos pacientes, con arte y oficio, que el problema es psicológico, es mental, y que está en una cierta deformación de la percepción corporal.

También es una idea sobrevalorada: pensamiento o grupo de pensamientos que tiene un gran predominio y se le da una importancia extraordinaria, todo ello enmarcado en una tonalidad afectiva fuerte, apasionada y con poco sentido crítico. Se descubre en comentarios como: “Lo peor es quedarte calvo cuando eres joven”, “Tener los ojos salidos es muy feo”, “Si sudas mucho, todo el mundo te mira”, “Tener tanto pecho es como un insulto”, “Una mujer plana llama la atención”…

Esto conduce a cierta fobia social, es decir, al miedo a la gente, a relacionarse… Es el temor a no ser aceptado, al rechazo, al desprecio, a la risa abierta o camuflada, a hacer el ridículo, o a la humillación clara y rotunda.

Aprender a pensar de forma sana

Uno de los objetivos que tenemos los psiquiatras en la psicoterapia es ayudarle a alguien a que se encuentre a sí mismo, en el sentido de que sea capaz de corregir los errores de conducta y también en la forma de pensar. Nuestros pensamientos moldean nuestros sentimientos. En una palabra, aprender a pensar de forma sana, positiva, equilibrada, madura, con los pies en la tierra y a la vez siendo capaz siempre de descubrir el lado mejor de uno mismo y de nuestro entorno. Porque muchas obsesiones estéticas tienen poco fundamento real y todo está en una interpretación negativa de esas partes públicas de nuestro cuerpo, especialmente la cara y las manos, y por supuesto el cuerpo global como imagen de uno mismo.

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La terapia para corregir las obsesiones estéticas es una tarea artesanal, lenta pero firme; que, si se aplica adecuadamente, tiene efectos positivos. En estos casos, la solución es hacerles ver a estas personas que esa forma de gestionar las parcelas estéticas es enfermiza, exagerada, patológica.

Generalmente, las obsesiones estéticas sumergen en una trama de alteraciones psicológicas en donde asoma lo fóbico y, de forma intermitente, hace acto de presencia una rica patología de la personalidad. Además, la ansiedad es una constante, que adopta ropajes distintos según el momento y la circunstancia.

La personalidad de cada uno tiene que consistir en defender un personaje coherente, atractivo, realista, y que no se quede en la fachada, sino que es capaz de mirar debajo de las apariencias.

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