La educación es el pilar de la visión positiva de la vida
  1. Tener perspectiva
Dr. Enrique Rojas

Tener perspectiva

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La educación es el pilar de la visión positiva de la vida

El optimismo es vivir con esperanza, pese a todos los males. Requiere de un aprendizaje de mirada psicológica que anota lo bueno y lo malo de cada circunstancia y se queda con lo primero

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El optimismo es una forma positiva de captar la realidad. La mejor de las vidas está llena de derrotas. Cualquier circunstancia histórica tiene muchos matices negativos. Por eso es importante aprender a interpretar la realidad con una visión panorámica. Hoy en día en las noticias de la televisión, en el periódico, la radio… Todo son malas noticias. Aquí, allí y en la otra parte del mundo. Los periodistas se recrean relatando los hechos y cunde de entrada una mezcla de indiferencia y agotamiento que nos deja anestesiados; por eso la mejor manera de funcionar es poner las luces largas y relativizar los hechos, comentarios y afirmaciones.

"El optimismo es una actitud caracterizada por la tendencia a descubrir más lo positivo que lo negativo y a ver o esperar lo mejor"

Ser una persona positiva es algo que se aprende. Es una tarea personal que lleva un tiempo. Un trabajo artesanal. ¿Qué definición podemos dar que cubra el espectro de este concepto? El optimismo es una actitud caracterizada por la tendencia a descubrir más lo positivo que lo negativo y a ver o esperar lo mejor, a pesar de las apariencias. Es ante todo una actitud, lo que quiere decir que el modo habitual de reaccionar ante algo es como una postura, un ademán. No es algo genético, sino adquirido, se va alcanzando mediante esfuerzos repetidos.

Del claro al oscuro

Hay cosas que se ven, hechos que se observan con claridad, pero hay otros que se esconden por debajo, que se camuflan, y es necesario un trabajo de espeleología para perforar la superficie y desvelar lo que está oculto. Pensemos en tantas circunstancias de la vida ordinaria, en donde aparece el fracaso, algo que nos ha salido mal: un problema económico grave, una enfermedad, una humillación contemplada por muchos… La lista de experiencias negativas de la vida es el cuento de nunca acabar.

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Por ello, en psicología se distinguen dos traumas. Los macrotraumas, que son impactos de gran alcance, históricos en la vida de una persona por la importancia y magnitud de los hechos. Desde la ruina económica, la pérdida de un trabajo, la muerte de un ser querido… Un abanico muy amplio y diverso… Y por otro lado, están los microtraumas, que son vivencias pequeñas, de mucho nivel de intensidad, pero que forman un sumatorio que puede llegar a pesar en exceso.

No hay árbol que no haya sido fuertemente azotado por el viento. La vida es la gran maestra. Es un saber acumulado de acontecimientos de muchos años, que forman un magma en nuestro subsuelo y nos muestran unas lecciones rotundas. Es una sabiduría almacenada en los archivos de nuestra memoria.

La mejor lección

Pero ¿cómo podemos aprender a pensar en positivo? ¿Qué hacer para educar la mente para que se detenga más en lo bueno que en lo malo? ¿Cómo hacer? Se trata de una educación de la mirada psicológica que anota lo negativo y lo positivo de cada circunstancia, pero que sabe quedarse más con lo segundo, y eso le lleva a pensar que aquello puede y debe cambiar, por lo que pone los medios adecuados para intentarlo, a pesar de los pesares. Educar es seducir con lo valioso; es convertir a alguien en una persona cada vez más libre. Educar es enseñar a pensar. La cultura consiste en enseñar a vivir.

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Nuestra primera aproximación a la realidad es afectiva, y lo decimos con claridad: no me gustó aquel sitio, esa persona me ha caído bien, etc. Los sentimientos influyen en nuestra forma de pensar. Cuando nos sentimos bien, vemos las cosas de otra manera, como a través de un filtro dorado. Hay una parte de nuestro cerebro que regula las emociones y modifica la forma de organizar las ideas. Todo está en nuestra cabeza. La clave está en entrar en el carril mental positivo para interpretar mejor la realidad.

Le mejor carta

Por debajo de los acontecimientos negativos se esconde una carta buena que toca a cada uno descubrir. Hay que colarse por ese pasadizo y llegar a ese punto luminoso. Se necesita querer y paciencia. Lo primero es determinación, y lo segundo es saber esperar y saber continuar. Hay que levantar la mirada. Dejar lo inmediato por lo mediato. La respuesta está en la lejanía. Hay que tener una visión larga de la jugada.

"Hay derrotas fuertes que en el curso de cierto tiempo se convierten en auténticas victorias. No quedarse en el hoy y el ahora"

De ese modo, hay derrotas fuertes que en el curso de cierto tiempo se convierten en auténticas victorias. No quedarse en el hoy y el ahora. El cortoplacismo no es buen camino. Nos vamos al medio y largo plazo… Esa es la mirada inteligente… Hay que aprender a crecerse ante las dificultades. Hay que desechar el derrotismo, que no es otra cosa que adelantarse en negativo, y pensar en que las cosas saldrán mal; y el victimismo, creer a pies juntillas que uno siempre sufre daños y es perjudicado y que las cosas son así y a menudo circulan por ese derrotero. El optimista es un luchador nato. No se viene abajo cuando las cosas se ponen difíciles o no salen como él esperaba. Enseguida viene la perseverancia para echar una mano y por eso lucha, se esfuerza, insiste, vuelve a empezar, ser levanta, es el tesón el que tira de él, el empeño por no darse por vencido. Si esto se va practicando, poco a poco, se convierte en segunda naturaleza.

Un prestigio desmerecido

El pesimismo goza de un prestigio intelectual que no merece. La felicidad no depende de la realidad, sino de la interpretación de la realidad que uno mismo hace. Hay dos piezas con las que trabajar el puzle de la ingeniería de la conducta: la confianza y la seguridad en uno mismo. Donde otros ven sombras y malos presagios, hay que ver oportunidades y retos por cumplir. Decía Winston Churchill que “el optimista ve una oportunidad en toda calamidad”.

En esta 'nueva normalidad' es algo más difícil la visión optimista de la realidad… Muchos han perdido familiares, amigos… Han perdido el empleo, no tienen cómo subsistir… La vida es como la navegación a vela. El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas.

El optimismo es el arte de vivir con esperanza. Saber mirar es saber amar.

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