Los motivos de que vivamos una intensa incultura sentimental
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Dr. Enrique Rojas

Tener perspectiva

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Los motivos de que vivamos una intensa incultura sentimental

Los celos son solo una posibilidad entre las muchas que se producen por este analfabetismo global, pero es una de las que genera resultados más trágicos: como el maltrato doméstico

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La vida es un aprendizaje continuo. Y lo primero que debemos saber es que siempre somos ignorantes de algo. Por mucho que estudiemos, nos esforcemos en aprender, siempre habrá algo que no sepamos, un nuevo desafío. La piedra angular de la educación es la conciencia de las propias carencias y limitaciones; la viga maestra es la voluntad.

"Difícilmente una persona podrá alcanzar la plena madurez si no ha aprendido la cultura de los sentimientos"

La cultura abarca todos los campos de la actividad humana, la cultura es libertad, te ayuda a volar. El deseo puede ser educado. La educación del deseo no es otra que aprender a controlar los propios impulsos. Esta es una forma poco valorada en la sociedad moderna, e incluso hay quien considera que no tiene importancia este tipo de aprendizaje en materias tan etéreas como son los deseos o los sentimientos. Desear y querer son dos piezas de una misma moneda.

Relaciones sexuales epidérmicas

Difícilmente una persona podrá alcanzar la plena madurez si no ha aprendido la cultura de los sentimientos. Vivimos una época de intensa incultura sentimental, y eso se nota: infelicidad, falta de expectativas, consumo de sucedáneos sentimentales, amores ficticios y programados, rupturas traumáticas, relaciones sexuales epidérmicas, y esporádicas…

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Los sentimientos son la base de nuestra existencia. Una persona educada en este campo es más madura, más sólida, y puede expresar su interioridad de un modo más firme y sincero. El analfabeto sentimental puede disponer de una gran cantidad de información, ser un especialista titulado y reconocido, pero este conocimiento no sirve a la persona para avanzar en el camino de su desarrollo emocional.

Los sentimientos conforman un laberinto en el que a veces se producen choques y enfrentamientos. Unos son plácidos, otros generan inquietud. No es una materia bien definida, de corte matemático, sino que penetra profundamente en las raíces psicológicas de la persona y, por lo tanto, presenta una amplísima gradación de tonos y colores. Precisamente por eso es una materia de estudio compleja, pero también apasionante.

Educar en los sentimientos

El objetivo de la educación de los sentimientos es lograr equilibrio entre el conocimiento intelectual y las facetas afectivas y emocionales. Por desgracia, en nuestros días apenas se habla de educación sentimental. Hay quien lo considera un disparate romántico, y prefiere cerrar toda la oferta educativa en una abrumadora catarata de datos, sin un criterio de fondo para saber manejarlos. El resultado es una generación de técnicos con mucha información, pero apoyada sobre una estructura que, en lugar de ser de sólido acero, es fina y quebradiza como una tela de araña.

Cuando se descubre esta verdad ya no resulta extraño contemplar cómo cada día fracasan cientos de experiencias vitales. Vemos personas teóricamente bien educadas, con un buen nivel de vida, con éxito profesional, que, no obstante, viven una vida infeliz que con frecuencia acaba en una ruptura traumática de su vida familiar, y aún en un naufragio personal.

En la novela 'Climas', André Maurois describe a su protagonista, Philipe de Marcenant, como un joven sensible que se enamora enloquecidamente de Odile, una jovencita de belleza etérea y frágil psicología. Philipe idealiza a la muchacha hasta tal punto que, cuando viene la realidad del día a día, mucho más prosaica, aparecen los celos. El celoso es el resultado de la mala educación sentimental, un ejemplo claro de este tipo de analfabetismo afectivo.

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Es una muestra, entre otras posibilidades, del resultado que se obtiene en una sociedad que desdeña la enseñanza de valores, y efecto de una civilización que ha abandonado ideas como criterio o vida espiritual. Los celos son solo una posibilidad entre las muchas que se producen como consecuencia de la incultura sentimental global, pero es una de las que genera resultados más trágicos: las constantes noticias de maltrato doméstico, incluso asesinatos de los integrantes de una familia…, un padre que ahoga a sus hijos, una mujer que mata a su marido… Todo esto procede en última instancia de unos emparejamientos no basados en un proyecto común responsable, sino en una costumbre mecánica carente de verdadera sabiduría y de verdadero compromiso.

"Vemos personas teóricamente bien educadas, con un buen nivel de vida, con éxito profesional, que, no obstante, viven una vida infeliz"

La historia de los sentimientos en Occidente va muy ligada al desarrollo de su filosofía, pensamiento y psicología. En general, a medida que se ha avanzado en el campo de la razón, se ha retrocedido en el terreno afectivo. Por lo tanto, la situación actual no es una casualidad, sino una causalidad, el resultado de un proceso histórico que ha descuidado una parte fundamental del espíritu humano.

Amor inteligente

Buscamos hoy en día el amor como bien supremo. Es uno de los grandes iconos de la sociedad de consumo. Y, sin embargo, lo que nos ofrecen no es amor. El amor inteligente es aquel que combina afectividad e inteligencia, y que forma parte del proyecto personal. Amor con conocimiento, amor basado en una educación sentimental sólida. El amor no es una bandera, no el lema de un anuncio publicitario, sino uno de los grandes pilares de la vida.

Para que llegue realmente a serlo tiene que partir de la sabiduría verdadera. El amor verdadero no debe acabar en tragedia ni en ruptura. Una de las grandes plagas de la modernidad es la inestabilidad de la pareja, la proliferación de divorcios que no son sino la culminación de un fracaso. Si sabemos aportar a nuestra vida, y a la de nuestros hijos, un componente de educación sentimental apropiada, el camino hacia una plenitud sentimental resultará mucho más sencillo de recorrer. Pero si seguimos apostando por la razón privada de afectos, repleto de dolor, infelicidad y rupturas, seguiremos nuestro camino hacia el empobrecimiento del patrimonio humano. Una sociedad así no tiene futuro a largo plazo.

Los sentimientos tienen un alto porcentaje de artesanía psicológica. Educar los sentimientos con armonía y aprender a gestionar los diversos avatares.

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