Tres sugerencias para la vuelta de vacaciones
  1. Tener perspectiva
Dr. Enrique Rojas

Tener perspectiva

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Tres sugerencias para la vuelta de vacaciones

Volvemos a la realidad tras la época estival y si queremos cambiar las cosas hay que conocerse primero a sí mismo

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Las dos cosas que más tenemos cada uno con nosotros mismos son: nuestro cuerpo y nuestra personalidad. Allí donde vamos son nuestros acompañantes permanentes.

Hoy me voy a referir al segundo. La personalidad es el sello particular de nuestra forma de ser, que tiene 3 raíces: genética (temperamento), adquirida (carácter) y biografía (la historia personal). Tener una personalidad bien conformada es una tarea prioritaria que cada uno debe hacer consigo mismo.

El cambio

Para cambiar y corregir algo propio es necesario ser muy concreto. Conocer qué aspecto no está bien estructurado y ponerse manos a la obra. Pienso que en tales casos no se hace necesaria la participación de un psiquiatra o psicólogo. Basta que uno mismo tenga una cierta capacidad psicológica y la valentía de enfrentarse a ello. En otras ocasiones más complejas sí es menester buscar ayuda de los expertos.

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Cuántas cosas se escriben sobre tantos y tantos temas. Noticias que nos llegan, informaciones, mensajes… Pero para la conducta humana hay una que es primordial: conocerse a sí mismo, observando aptitudes por un lado, limitaciones por otro y errores pequeños a corregir. La realidad de cada uno tiene un bastión clave en la propia forma de ser.

Cuerpo y personalidad forman un binomio inseparable y decisivo. Y son muchos los elementos que van a ayudar a conformarlo: estar en la realidad, es decir, vivir con los pies en la tierra, bien asentados en la instalación que uno ha ido alcanzando. Otro ingrediente, tener un proyecto de vida, con esas tres notas que se integran a través del amor, trabajo, y cultura. Además, tener asumido y digerido el pasado con todo lo que eso conlleva: por ese camino se han superado viejas heridas y, al mismo tiempo, se evita 'el cambio de sentido' que hace volvernos hacia atrás con ira y rencor, y tal vez pidiéndole cuentas a la vida de la forma en la que nos ha tratado.

Razón frente a sentimiento

Y la alegría. El gozo y la satisfacción de seguir en la brecha, luchando por sacar lo mejor de uno mismo. A brazo partido con las dificultades que asoman en derredor y pretenden sacarnos de la dirección que nos habíamos propuesto. Hay que atreverse a tener una visión global de uno mismo. No en parcelas o a trozos, sino buscar la unidad intrínseca que se hospeda dentro de ella.

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Pero lo más importante de la personalidad es la integración de los diferentes aspectos que la recorren. Partida de ajedrez entre los dos grandes a gobernarla: razón frente a sentimiento, negro sobre blanco, transparencia y opacidad; libro abierto y texto críptico que descifrar. La claridad de un día mediterráneo que se contrapone a la confusa niebla imprecisa, desdibujada y etérea de un paisaje del mar del Norte.

Si la vida es un arte, me parece que el protagonista es un artesano de la combinación mejor posible, llamando a los tres principales intérpretes: cabeza, corazón y espiritualidad. Inteligencia, afectividad y trascendencia. Con ellos, uno se puede jugar la vida y arriesgarse. Arte y medida. Ensamblados de forma particular. Los tres le dan a la personalidad solidez, firmeza, consistencia, coherencia interior. De cada uno de ellos se derivan vertientes, facetas, aspectos parciales y ópticas determinadas.

Inteligencia

La inteligencia nos ayuda a abrir los ojos, captar, entender, utilizar la información almacenada, nos sitúa en el mejor de los ángulos, mediante una evaluación de los hechos: quién, qué, cómo, cuándo, dónde y por qué. La persona inteligente no es la que da las mejores respuestas, sino la que hace las mejores preguntas. Los niños son filósofos espontáneos: hacen las preguntas fundamentales desnudas.

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El amor es un misterio, no es un enigma; se le puede descubrir, nunca podemos contemplarlo como oscuro e imposible de entender. Ese es el principal componente. Sin amor auténtico en la vida, todo es soledad y vacío. Hoy nos encontramos con muchos sucedáneos del amor: productos afectivos livianos, ligeros, con los cuales no se puede llegar muy lejos. Hay que conocer la afectividad. La ignorancia en esta materia es una de las peores carencias. Cordialidad y talento la hacen fuerte.

La viga maestra de nuestra existencia es un tríptico, hilvanado de sentimientos, argumentos y visión espiritual.

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