Son los complementos alimenticios de moda. No hay herboristería, parafarmacia o tienda de dietética que no los tenga en sus escaparates. Me refiero a los suplementos que prometen incrementar la capacidad intelectual, estimular la memoria, mejorar el rendimiento cognitivo, aumentar la concentración, etc. Por ello los consumen principalmente personas de la tercera edad y muchos estudiantes. A pesar de su éxito, son muchas las voces que se han levantado en contra de su efectividad. Por ello, en el artículo de hoy resolveré la gran pregunta que se empieza a hacer mucha gente: ¿sirve para algo gastarse los casi 30 euros que cuestan de media estos productos?

La mayoría de estos suplementos están compuestos por fosfatidilserina, taurina, teanina, jalea real, minerales y vitaminas. Analicemos en qué consiste cada una de estas sustancias y veamos si cumplen las propiedades que se les atribuyen.

La fosfatidilserina forma parte de los fosfolípidos que se encuentran en la monocapa lipídica interior de las membranas celulares. Allí desarrolla diferentes funciones fisiológicas. Sin embargo, y aunque algunas empresas han aprovechado las funciones que desempeña la fosfatidilserina en nuestro organismo para introducirla en diversos complementos alimenticios y publicitar que mejoran la memoria, favorecen los procesos cognitivos, incrementan el rendimiento deportivo e incluso mejoran la salud de los niños afectados por el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) lo ha negado.

Un cerebro ¿en forma?
Un cerebro ¿en forma?

En un contundente informe, su Panel de Expertos en Nutrición, Alergias y Dietéticos rechaza que la fosfatidilserina sirva para mejorar ninguno de estos procesos. Además, la ausencia de efectos positivos es común a todas las etapas de la vida: adolescentes, adultos o personas de la tercera edad.

Vayamos ahora con otro ingrediente estrella de estos productos: la taurina. Esta molécula, cuyo nombre deriva de la voz latina 'taurus' (toro), es un ácido orgánico derivado del aminoácido cisteína que interviene en la formación de la bilis. De forma natural se encuentra en muchos alimentos y en los últimos años se está empleando para suplementar bebidas energéticas o complementos alimenticios como los que hoy analizamos. ¿Es segura la taurina? Sí. ¿Mejora la función cognitiva? No. Tampoco tiene efecto sobre la función normal cardiaca, ni sobre la función muscular ni ayuda a retrasar la aparición de la fatiga tras el ejercicio físico. Un desastre.

No existe la menor evidencia centífica de que la ingesta de jalea real ayude al sistema inmune, al metabolismo o al corazón

Otro de los ingredientes de los complementos alimenticios destinados a mejorar el rendimiento cognitivo es la teanina, un compuesto abundante en el té verde y que se absorbe en el intestino delgado hidrolizándose en glutamato y etilamina. Como consumidores, la pregunta que nos interesa es: ¿ayuda la teanina a mejorar las funciones mentales una vez añadida a suplementos alimenticios? Parece ser que no. Informes oficiales de la EFSA dejan claro que la L-teanina de Camellia sinensis (L.) Kuntze no mejora la función cognitiva, ni reduce el estrés psicológico ni mantiene el sueño normal.

La famosa jalea real es uno de los compuestos que siempre se incluyen en los complementos 'intelectuales' por sus supuestas propiedades para ayudar a estudiar o a mejorar la memoria. Se trata de una masa viscosa de un suave color amarillo y sabor ácido que es segregada por las glándulas hipofaríngeas de la cabeza de abejas obreras jóvenes. Una vez mezclada con secreciones estomacales, la jalea real sirve de alimento a todas las larvas durante los primeros tres días de vida. Respecto a su composición, la jalea real está formada por casi un 60% de agua, azúcares, proteínas, lípidos, ceniza, vitaminas, minerales y otros compuestos.

Hay una leyenda que atribuye a la jalea real innumerables propiedades beneficiosas. Pues bien, según el Grupo de Expertos en Nutrición, Alergias y Dietéticos de la EFSA, no existe la más mínima evidencia científica de que su ingesta ayude al sistema inmune, ni al metabolismo, ni a la función vascular, ni a la salud de la piel, ni a los procesos relacionados con la menopausia, ni a mantener los niveles de colesterol, ni a mantener los niveles lipídicos, ni a mejorar la 'vitalidad intelectual'… ni a nada.

Estos micronutrientes se encuentran en mayor cantidad en alimentos de consumo diario que en los suplementos

En estos momentos, sería normal que ustedes se hiciesen la siguiente pregunta: ¿todos los ingredientes de los complementos alimenticios destinados a mejorar los procesos cognitivos (memoria, atención, rendimiento intelectual, etc.) son inútiles? La respuesta es clara: no. Para poder publicitar legalmente determinadas propiedades en sus envases, estos productos llevan una mezcla de vitaminas y minerales que sí poseen propiedades saludables aprobadas por la EFSA. Pero lo que los consumidores no saben es que estos micronutrientes se encuentran en cantidades mucho más altas en alimentos que consumimos a diario, por lo que es absurdo comprar estos complementos 'intelectuales'. Veamos un ejemplo.

Hay un mineral que aparece en la composición de todos estos complementos, sean de la marca que sea. Me refiero al fósforo, un micronutriente que tradicionalmente se ha asociado a mejorar ciertos procesos relacionados con la memoria. Pues bien, según el consenso científico, la cantidad diaria recomendada (CDR) de fósforo en adultos es de 550 miligramos, pero la mayoría de estos complementos tienen únicamente dos miligramos de fósforo: ¡un 0,36% de la CDR de este mineral!

Una ración de sardinas contiene muchísimo más fósforo que una pildorita. (iStock)
Una ración de sardinas contiene muchísimo más fósforo que una pildorita. (iStock)

Iré más lejos en esta comparación: una sardina de tamaño estándar pesa unos 70 gramos y su contenido en fósforo es de 189 miligramos aproximadamente. ¿Saben lo que esto significa? Que una sardina tiene 90 veces más fósforo que una cápsula de algunos de estos complementos alimenticios. Dicho de otra forma: ¡una sola sardina, que nos cuesta unos pocos céntimos, tiene más fósforo que tres cajas de estos productos que cuestan aproximadamente unos 90 euros!

Estimados lectores, esto no puede seguir así. Como profesor e investigador universitario me indigna que estos absurdos y ridículos complementos se vendan y, debido a su anticientífica publicidad, los compren estudiantes para usarlos en aulas, bibliotecas y salas de estudio. También me cabrea que, confundidas por surrealistas campañas de 'marketing', los consuman personas mayores que intentan ralentizar el deterioro cognitivo.

Por favor, no confundamos más a la sociedad y antepongamos la ética y el rigor científico a los intereses comerciales.

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