Hace unos días visité de nuevo mi supermercado favorito, aquel donde hago de espía a diario. En el lineal cada vez más grande de suplementos nutricionales me llamó poderosamente la atención un nuevo grupo de complementos alimenticios. Me refiero a aquellos que prometen adelgazar gracias a transformar la grasa blanca en grasa parda. Como existe mucha gente que no conoce este fenómeno, hoy dedicaré este artículo a explicar este proceso de 'adipoconversión' y a analizar la efectividad de los citados suplementos.

Las personas adultas tenemos dos tipos de grasa: la blanca y la parda. La primera de ellas está relacionada con el sobrepeso y nuestros odiados michelines. Por eso también se la conoce como grasa mala. La segunda, la parda, es la responsable de quemar calorías y de reducir los depósitos de la grasa blanca. Es la grasa buena. En la actualidad son muchos los científicos que investigan para descubrir nuevas moléculas que sean capaces de transformar la grasa mala en buena. Si lo consiguen podrán incorporar dichas moléculas a fármacos y así luchar contra los altos niveles de obesidad que sufre la población.

"A día de hoy no existe ninguna 'molécula milagro' que pueda transformar la grasa blanca en grasa parda"

¿Y hay esperanzas de que se descubra esa molécula que permita la 'adipoconversión' sin provocar efectos adversos? Sí, pero es necesario seguir investigando para encontrar la manera de convertir la grasa mala en buena. A día de hoy no existe ninguna 'molécula milagro' y, aunque es cierto que se ha visto cómo el frío y el ejercicio son capaces de activar la grasa parda, no creo que muchos de ustedes estén dispuestos a pasar frío durante una larga temporada con tal de perder peso.

Afortunadamente, las investigaciones en este campo no se detienen… incluso algunas como la que les voy a contar han dado lugar a resultados inesperados. Un grupo de científicos pertenecientes al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas ha dado un paso importante en la investigación de la relación grasa parda/grasa blanca. En un articulo publicado en la revista 'Cell Metabolism' han demostrado cómo la grasa parda, la supuestamente buena, es también la responsable de la caquexia, la pérdida de peso que sufren algunos enfermos de cáncer y que es responsable directa de la muerte de uno de cada tres pacientes. ¿Y por qué esto es importante? Veamos.

No encontraremos en nuestro pastillero una píldora quemagrasas. (iStock)
No encontraremos en nuestro pastillero una píldora quemagrasas. (iStock)

Como ustedes saben, el proceso de caquexia se produce en fases avanzadas de diferentes tumores (estómago, páncreas, esófago, pulmón, etc.). Tradicionalmente se ha asociado la caquexia a una especie de autocanibalismo en el que el organismo recurría a todas las reservas energéticas posibles para alimentar las necesidades del crecimiento del tumor. Sin embargo, las investigaciones publicadas en 'Cell Metabolism' cambian el panorama significativamente, ya que a partir de ahora el mecanismo de conversión de grasa blanca en parda entra a formar parte del proceso de caquexia. ¿Cómo? De una forma sorprendente: la grasa buena, en determinadas situaciones, ya no es tan buena.

Efectos negativos

Los resultados demuestran que el cáncer puede activar de forma descontrolada la transformación de grasa blanca en parda, consumiéndose los depósitos de grasa y avanzando la caquexia. Sin embargo, los síntomas de la caquexia mejoran cuando la conversión de grasa blanca a parda se neutraliza proporcionando así una prometedora vía terapéutica contra la caquexia. ¿Y esto es transcendente? Sí, porque es la primera vez que este fenómeno quemagrasa se asocia a un efecto negativo. Los resultados confirman que la grasa parda no debe estar ni demasiado activada, como en el caso de los pacientes con cáncer, ni demasiado poco, como sucede con las personas obesas.

En resumen, aunque en algunas ocasiones es bueno disponer de un fármaco que promueva el paso de grasa blanca a parda para evitar la obesidad, en otras se necesita un fármaco cuyo objetivo sea bloquear dicha transición para evitar la caquexia.

Pues bien, como les comenté al principio de este artículo, los supermercados y parafarmacias están llenos de complementos alimenticios que, con una publicidad surrealista, prometen convertir la grasa blanca en parda. ¿Y por qué es surrealista? Está claro. Si decenas de científicos pertenecientes a los más prestigiosos centros de investigación internacionales están intentado dar con la molécula que regule el paso de grasa blanca a grasa parda y aun no lo han conseguido…, ¿no les parece algo extraño que haya empresas que por 30 euros te venden unas pildoritas que prometen realizar el mismo proceso? A mí sí. Veamos cuál es la composición de esas pastillitas y analicemos su efectividad.

La mayoría de estos productos contienen entre sus ingredientes extracto de Amorphophallus konjac, una planta de cuyas raíces tuberosas se obtiene el glucomanano. Esta molécula se comporta como fibra dietética no digerible y al consumirla nos saciamos. Sin embargo, su acción no tiene nada que ver con la conversión de la grasa blanca en parda. El glucomanano solo nos quita las ganas de seguir comiendo al igual que lo hacen otros muchos alimentos ricos en fibra. Estos además aportan muchos más beneficios que el dichoso glucomanano. Incluso un relevante artículo publicado en la revista 'Obesity' revela que el poder adelgazante del glucomanano no implica pérdidas de peso relevantes a largo plazo.

"Un artículo en 'Obesity' revela que el poder adelgazante del glucomanano no implica pérdidas relevantes de peso a largo plazo"

Pasemos a analizar el resto de ingredientes que forman parte de estos curiosos complementos que prometen la conversión de la grasa mala en buena. Casi todos contienen extractos de ajo (Allium sativum), uva (Vitis vinífera) y chile (Capsicum spp.), compuestos que, según se indica en la publicidad de estos productos, son capaces de movilizar y destruir la grasa acumulada. Sin embargo, estas propiedades no han sido avaladas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, el máximo organismo oficial en materia de alimentación.

Estimados lectores, de la lectura de hoy deben extraer dos conclusiones. La primera es que en muchas partes del mundo hay investigadores que, poco a poco, van descubriendo las importantísimas rutas metabólicas implicadas en diferentes enfermedades como la obesidad. La segunda es que mientras tanto hay tramposos que intentan encontrar atajos confundiendo al consumidor. Ninguno de los complementos alimenticios que prometen convertir la grasa blanca en parda ha demostrado ser capaz de hacerlo. Es la diferencia entre la buena y la mala ciencia.

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