Se acerca el final de curso y los nervios están a flor de piel. Por eso ayer visité mi supermercado favorito en busca de algún producto que me regulara la tensión arterial. Aunque les parezca surrealista, lo encontré. Fue peor el remedio que la enfermedad. Cuando analicé científicamente su composición y efectividad la tensión volvió a subirme. Esta vez del cabreo.

Uno de los grandes campos de investigación dentro de la Ciencia y Tecnología de los Alimentos es aquel que abarca la obtención de péptidos bioactivos, entendiéndose estos como secuencias de aminoácidos inactivas en el interior de una proteína precursora, pero que ejercen propiedades biológicas al liberarse por procesos de hidrólisis enzimática, in vivo o in vitro, o por procesos fermentativos. La principal propiedad de los péptidos bioactivos es que son capaces de ejercer una importante actividad biológica en el organismo (antioxidante, anticancerígena, anticolesterolémica, etc.), además de poseer un alto valor nutritivo y fisiológico.

"Las empresas han encontrado un resquicio legal: añadirle una cantidad de potasio"

En los últimos años se han publicado muchos trabajos de investigación sobre la capacidad antihipertensiva de muchos péptidos bioactivos procedentes de las proteínas de la leche (tanto caseínas como proteínas del suero) y que se generan en la elaboración de quesos, yogures y leches fermentadas. La actividad antihipertensiva de estos péptidos (preferentemente tripéptidos formados por valina-prolina-prolina e isoleucina-prolina-prolina) está basada en su capacidad inhibitoria de la enzima convertidora de angiotensina I (ECA-I), una proteasa conocida como peptidil dipeptidasa A con una alta capacidad vasoconstrictora y que tiene un papel fundamental en la elevación de la presión arterial.

Pues bien, aprovechando los estudios realizados sobre la capacidad de algunos péptidos bioactivos para inhibir la ECA-1, y basándose en la estrategia de buscar nuevas alternativas al tratamiento de la hipertensión que complementen a los fármacos tradicionales, diversas empresas alimentarias decidieron desarrollar una serie de alimentos funcionales enriquecidos en péptidos bioactivos con capacidad antihipertensiva.

La mayoría de estos productos son leches fermentadas que, según indican en sus envases, están indicadas para aquellas personas que tienen niveles ligeramente elevados de tensión arterial. Según lo que se puede leer en su publicidad, se obtienen a través de un proceso de fermentación de la leche con una bacteria natural, el Lactobacillus helvéticus, que es capaz de 'romper' la proteína de la leche y producir los famosos péptidos bioactivos que ayudan a controlar la tensión arterial. Además, presumen de tener alto contenido en calcio, potasio y magnesio, y bajo en sodio, lo que según las empresas responsables constituye otro mecanismo de estos productos para ayudar a controlar la tensión arterial. En la publicidad se nos promete que tomando 1 botellita diaria podremos reducir la presión arterial en el plazo de 5 a 7 semanas.

Todo cuadraba. Había encontrado el producto que estaba buscando y que me iba a tranquilizar tras un curso agotador…, pero tuve la fatal idea de comprobar lo que dice la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) acerca de estos productos y llegó el primero de los cabreos.

Potasio. (iStock)
Potasio. (iStock)

No solamente no hay evidencias científicas aprobadas oficialmente de que la adición de Lactobacillus helvéticus a un producto lácteo dé lugar a unos maravillosos péptidos bioactivos con capacidad para regular la presión arterial, sino que la EFSA informó negativamente hace un tiempo acerca de la petición de una empresa alimentaria para poder comercializar una leche fermentada con dicho lactobacilo publicitando dichas propiedades. En otras palabras, la presencia de este microorganismo no añade ninguna propiedad a estos alimentos funcionales.

Pero siguiendo la misma estrategia que he denunciado en otros análisis realizados en 'Un espía en el supermercado', las empresas han encontrado un resquicio legal para mantener estos productos en el mercado sin infringir la ley: añadirle una determinada cantidad de potasio. Según el Reglamento Europeo que regula la presencia de alegaciones saludables en la publicidad de alimentos funcionales, si un producto presenta cierta cantidad de potasio en su composición, puede anunciar, lleve o no péptidos bioactivos en su formulación, que “contribuye al mantenimiento de la tensión arterial normal”. Además, también puede publicitar que “contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso” y al “funcionamiento normal de los músculos”…, pero nada de hablar de semanas de tratamiento, ni de mejorar patologías ni de cosas por el estilo.

¿Y tan difícil es encontrar ese potasio en los alimentos que consumimos a diario que hay que recurrir a estos productos milagro? No. Según los últimos estudios nutricionales la deficiencia de potasio es muy rara en individuos que consuman una dieta equilibrada y no hay necesidad alguna de consumir suplementos en circunstancias normales. Los alimentos que son fuente alta de potasio incluyen judías blancas; garbanzos; hortalizas como brócoli, remolacha, berenjena y coliflor; frutas como plátano, uva, albaricoque, melocotón, cereza, ciruela; el germen de trigo; algunos frutos secos; las judías, etc. Vamos, que por falta de potasio no va a quedar.

Para hacer una comparativa nutricional y económica entre los alimentos ricos en potasio y estas leches fermentadas que hoy estoy analizando, he escogido al aguacate, una fruta de un inmenso valor nutritivo por su contenido lipídico de gran calidad debido a su alta cantidad de grasas monoinsaturadas, su concentración muy elevada de fibra soluble, su importante concentración de vitaminas antioxidantes y otros importantes nutrientes.

"Un aguacate, que cuesta un 15% menos que una botellita para regular la tensión arterial, tiene cuatro veces más potasio"

Pues bien, aunque hay muchas variedades de aguacate (Bacon, Fuerte, Gwen, Hass, Pinkerton, Reed, Zutano, etc.), las más comercializadas y conocidas pesan aproximadamente entre 150 y 350 gramos por lo que al poseer este alimento cerca de 500 mg de potasio por cada 100 gramos, y poniendo una media de 250 gramos de peso por unidad, podríamos establecer que cada aguacate puede tener unos 1.250 mg de potasio, lo que cuadriplica los 300 mg de este mineral que hay en cada botellita de 65 ml de la dichosa leche fermentada.

¿Y de precio cómo andan estos productos milagro comparados con nuestro querido aguacate? Se supone que al tener cuatro veces menos de potasio, y además no poseer las otras propiedades nutricionales de nuestra fruta exótica, será bastante más barato, ¿no? Pues no. Un pack de 6 botecitos nos cuesta aproximadamente 3.90 euros (unos 0,65 céntimos por unidad), mientras que en la misma superficie comercial por un aguacate me cobraron 0,55 euros, un 15% menos.

Aguacate. (iStock)
Aguacate. (iStock)

¿Saben todo esto lo que implica? Que un aguacate, que cuesta un 15% menos que una botellita de leche fermentada para regular la tensión arterial, posee cuatro veces más potasio (el verdadero ingrediente de este alimento funcional que ayuda a regular la tensión arterial y no los péptidos bioactivos) que el producto milagro de hoy…; sin comentarios.

Estimados lectores, les puedo asegurar que destapar estas historias no es nada agradable, pero lo considero necesario. Desde mi punto de vista, la divulgación científica no solo tiene como objetivo dar a conocer al público los nuevos avances que se hacen en la ciencia de forma que esta llegue a todos los ciudadanos, sino que además debe servir para denunciar el mal uso de la misma que algunos hacen con objetivos más que dudosos, y esto ayudará a proporcionar al consumidor toda la información científica posible para que sus elecciones sean libres pero con conocimiento de causa.