Así se manifiesta el lado oscuro del tecnoestrés
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Mar Cabra

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Así se manifiesta el lado oscuro del tecnoestrés

El número de trabajadores digitales con mala salud se duplica cuando continúan con su labor en su tiempo libre. Los riesgos: depresión o enfermedad cardiaca

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Cuando empezó el dolor abdominal estaba disfrutando de unos días de vacaciones tras publicar un proyecto que nos había llevado mucho esfuerzo y horas extra. Poco después de llegar al hospital, mi ovario derecho se había quedado en el quirófano. Se había movido de su sitio, estaba estrangulado y sin sangre, y tuvieron que amputarlo. Me dejó de recuerdo una cicatriz de lado a lado de la cadera.

"Muchas veces es difícil establecer la relación causal entre lo laboral y la enfermedad"

Tardé semanas en volver a moverme como lo hacía antes, pero desde que salí del hospital estuve teletrabajando. Teníamos otro proyecto importante entre manos y creía que tenía que estar. Cuando lo publicamos tres meses después, la que avisó fue mi tiroides. Empezó a producir hormonas de manera alocada y me quedé sin energía. Por suerte, fue algo temporal, una tiroiditis.

Sin bajar el ritmo

A pesar del agotamiento, no paré ni bajé el ritmo. Pasaron seis meses hasta que mis análisis salieron bien, pero yo continué trabajando. Justo nos llegó a la redacción una de las filtraciones más grandes de la historia del periodismo, los Papeles de Panamá. Había que seguir, como fuera. Dos años después dejé mi trabajo. No podía más, ni física ni mentalmente. Tenía el síndrome del trabajador quemado o 'burnout'.

Mirando para atrás, no sé cómo no me di cuenta antes del elemento común detrás de todas esas señales: lo que me estaba quitando salud día a día era mi manera tan intensa de trabajar, que se amplificaba por mi hiperconexión tecnológica. Sufría tecnoestrés.

Experiencias como la mía son cada vez más frecuentes y no todas tienen que ser tan ruidosas. ¿Quién no tiene bruxismo o problemas para dormir bien? A nivel laboral, los niveles de estrés no paran de crecer y también sus consecuencias. Y la digitalización sin control podría llevarnos a problemas mayores.

Estrés y enfermedad

Reino Unido es uno de los países líderes en analizar este fenómeno y sus datos hablan de una realidad que cada año empeora. En 2019/2020, el 51% de las enfermedades relacionadas con el trabajo fueron por estrés, depresión o ansiedad.

No solo estamos hablando de enfermedades relacionadas con la salud mental. El estrés acelera problemas de salud de todo tipo. En mi caso, afectó a mi ovario y mi tiroides. En el caso de la periodista Leticia Mena, excoordinadora de la web del 'Diario Montañés', le activó un herpes zóster que estaba durmiente en su cuerpo desde la infancia. Se acabó expandiendo hasta sus nervios ciático y lumbar, y le acabó paralizando el cuerpo. “De poder con todo pasé a casi no poder moverme”, contaba en su periódico tras 12 meses de baja. “Quise correr como un Ferrari teniendo el motor de un Ibiza y un herpes zóster me gripó.”

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Leticia volvió al periodismo tras casi dos años luchando contra su enfermedad, pero ahora lleva un ritmo más calmado. Las dos personas que han estado en su puesto desde que ella se fue también acabaron yéndose asimismo por los niveles de estrés.

El origen del estrés laboral

¿De dónde viene tanto estrés entonces? Los datos británicos señalan que más de un 40% de los casos están relacionados con “plazos ajustados, demasiado trabajo o demasiada presión o responsabilidad”. Esto es algo que también vemos en España. Según la última Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo, un tercio de los trabajadores españoles dice trabajar con plazos ajustados siempre o casi siempre.

Muchas veces es difícil establecer la relación causal entre lo laboral y la enfermedad. Emilio (nombre ficticio para preservar su anonimato) tuvo un infarto tras salir con la bicicleta. Es algo que hacía de manera esporádica, su única manera de hacer ejercicio muy de vez en cuando. Resultó que sus niveles de colesterol estaban por las nubes. A la vez, cuando cuenta su historia también identifica que una semana antes había tenido el momento más tenso de sus 20 años de carrera y que llevaba meses estresado.

El número de trabajadores digitales con mala salud se duplica cuando trabajan en su tiempo libre para cumplir las exigencias

Su primer instinto tras salir del quirófano fue pedirle a su mujer el ordenador para escribir a sus jefes. El segundo día en el hospital se había montado su oficina desde la cama. “Estuve conectado a internet con mi teléfono, pasando la conexión al portátil”, recuerda. “Claro, las enfermeras se reían conmigo.”

Cuando el médico le dio el alta, le preguntó: “¿Mañana puedo ir a trabajar?”. No fue hasta que llegó a casa que se dio cuenta de la gravedad de la situación. “Podría haber muerto de verdad”, explica con lágrimas en los ojos, acordándose de que podría haber dejado sin padre a sus tres hijos.

En aquellos momentos, Emilio tenía un puesto directivo intermedio en una multinacional, encargado de un servicio digital con cientos de miles de usuarios. Su principal manera de comunicarse con los demás era a través de correos electrónicos y chats internos. Estaba disponible a todas horas.

La hiperconectividad perjudica la salud

“La combinación de trabajo digital e intensidad parecen suponer un 'cóctel molotov' para la salud”, señala Óscar Pérez Zapata, doctor en sociología y profesor de gestión empresarial en la Universidad Pontificia de Comillas/ICADE.

Pérez Zapata lleva estudiando las consecuencias del trabajo intensivo desde hace una década y observando con preocupación cómo los entornos laborales digitales están incrementando los efectos negativos sobre la salud.

El número de trabajadores digitales con mala salud se duplica cuando trabajan en su tiempo libre para cumplir las exigencias, según la Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo que hemos mencionado con anterioridad. Estos datos son de 2015 y los expertos creen que tras la digitalización a la que nos ha llevado la pandemia podrían ser incluso peores. Se estima que se empieza a sentir estrés y frustración tras 20 minutos de distracciones, lo cual es común en el mundo digital.

“La digitalización ha roto todo tipo de límites del trabajo (no solo el dónde o el cuándo del trabajo, sino el cómo, con quién, cuánto...) y se ha convertido en una selva”, explica Pérez Zapata. “Esos límites, aunque podían constreñir, también nos protegían”.

Entender el cómo para cambiar el sistema

A pesar de las señales de alarma que nos muestran los datos, aún hay muy pocas investigaciones de campo que analicen, con casos concretos, cuál es la influencia de la digitalización en enfermedades tan graves como las de Emilio, Leticia o la mía.

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Por eso, el profesor Pérez Zapata ha comenzado un estudio para entender mejor los mecanismos implicados en el desarrollo de problemas de salud en el trabajo digital en nuestro país. Busca casos de profesionales que hayan tenido un problema de salud serio a nivel físico o mental. Si ese eres tú, puedes contribuir a la investigación. El objetivo es sacar conclusiones que ayuden a generar entornos laborales más saludables.

“Es necesario ir muchísimo más allá que el conocido derecho a desconectar”, comenta. “Tenemos que establecer culturas digitales saludables a nivel individual, organizacional y social”.

Dada mi experiencia personal, yo me he sumado a su equipo como investigadora. Los testimonios que ya estamos recabando hablan de un problema sistémico que necesita ser resuelto con urgencia, sobre todo dado el salto digital que hemos dado con la pandemia. Últimamente se habla mucho del futuro del trabajo. ¿Queremos que esté plagado de bajas laborales y de problemas graves de salud?

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