Durante los últimos días la prensa se ha llenado de titulares que advierten de la presencia de microplásticos en el 93% del agua envasada a lo largo y ancho del mundo. ¿Cómo debemos interpretar esta información? ¿Deberíamos abandonar el consumo de agua embotellada o preocuparnos de algún modo? La información de la que hablamos procede de un estudio que llevó a cabo la Universidad Estatal de Nueva York por encargo de Orb Media, una organización periodística sin ánimo de lucro radicada en Washington D.C.

Lo que se hizo fue analizar la composición de diferentes muestras de agua envasada, siguiendo para ello varios pasos: se añadió al agua un tinte capaz de unirse a las partículas hidrofóbicas (es decir, que repelen el agua, como es el caso de las partículas de plástico), se hizo pasar la muestra a través de un filtro y, con la ayuda de una luz fluorescente y un programa informático, se realizó un recuento de las partículas retenidas. Así, se pudo conocer que en 247 de las 259 muestras analizadas (es decir, el 93%) había contaminación por microplásticos.

Lo primero que deberíamos tener en cuenta es que no todas las publicaciones científicas son iguales ni merecen la misma credibilidad

Lo primero que deberíamos tener en cuenta es que no todas las publicaciones científicas son iguales ni merecen la misma credibilidad. La forma más habitual (y más rigurosa) de dar a conocer los resultados de una investigación científica es a través de su publicación en revistas de revisión por pares. Esto significa que antes de salir a la luz son analizados de forma crítica por personas expertas en la materia con el objeto de evitar errores metodológicos y mejorar el rigor de las publicaciones. En este caso no nos encontramos ante una publicación de esas características (al menos por el momento), aunque eso no significa necesariamente que los resultados no sean válidos. Ahora bien, habría que considerar algunas cuestiones.

Una de ellas es que no se puede afirmar alegremente que el 93% del agua envasada de todo el mundo contiene microplásticos, como decían los titulares de algunos medios de comunicación, ya que el número de muestras analizado (259) no es suficiente para poder hacerlo (incluso aunque las muestras se tomen en diferentes partes del mundo, como en este caso). Pero no nos pongamos tan puntillosos y centrémonos en lo verdaderamente importante.

No se puede afirmar que el 93% del agua envasada contiene microplásticos como decían algunos titulares

En la publicación se hace distinción entre dos grupos de micropartículas de plástico. En el primero se incluyen las de gran tamaño (más de 100 micras o 0,10 milímetros) que se encontraron en una concentración media de 10,4 partículas por litro. En el segundo grupo se clasificaron las partículas de pequeño tamaño (entre 6,5 y 100 micras), que fueron las más abundantes, con una concentración media de 325 micropartículas por litro. La identidad de las partículas del primer grupo pudo ser confirmada mediante análisis específicos, así que no hay duda sobre su naturaleza.

Los microplásticos a debate. (iStock)
Los microplásticos a debate. (iStock)

Sin embargo, no pudo hacerse lo mismo en el caso de las partículas del segundo grupo debido a las limitaciones técnicas, así que ¿cómo podemos saber si se trataba realmente de microplásticos? Recordemos que el tinte empleado para cuantificar las partículas es capaz de unirse no solo a las partículas de plástico, sino también al resto de partículas hidrofóbicas que pudieran estar presentes en la muestra, así que podría ocurrir que se estuviera sobreestimando la cantidad. Esta es precisamente la principal crítica que se ha hecho a esta investigación.

Es lo que defienden, por ejemplo, los responsables de algunas de las marcas de agua analizadas, quienes confirmaron que sus productos contienen microplásticos, pero, eso sí, en una cantidad muy inferior a la indicada en el estudio. En la publicación se hace mención a este aspecto, aclarando que lo razonable es pensar que las partículas hidrofóbicas sean de plástico o al menos de origen antropogénico. De hecho, lo que indican los autores es que la cantidad de microplásticos no estaría sobreestimada, sino todo lo contrario, ya que no fueron capaces de detectar las partículas más pequeñas (de menos de 6,5 micras) debido a las limitaciones técnicas. En cualquier caso, parece claro que el agua estaba contaminada con microplásticos.

Las marcas confirmaron que sus productos contienen microplásticos, pero no en la cantidad indicada en el estudio

Según los investigadores, los datos sugieren que los compuestos presentes en las muestras analizadas (principalmente polipropileno, nylon, poliestireno, polietileno y tereftalato de polietileno) procedían, al menos en parte, del envase o del proceso de embotellado. ¿Significa eso que el agua del grifo no contiene microplásticos? Precisamente los mismos autores realizaron una investigación sobre ello hace unos años, encontrando que estas partículas también están presentes en el agua corriente, aunque, eso sí, su cantidad era aproximadamente la mitad. Pero no solo eso.

Agua corriente. (iStock)
Agua corriente. (iStock)

También se ha detectado la presencia de estas partículas en pescado, marisco, miel y sal, por poner unos ejemplos, lo que parece indicar que están ampliamente presentes en el medioambiente. No sería de extrañar ya que, por una parte, los plásticos están omnipresentes en nuestra vida cotidiana (prendas de vestir, aparatos electrónicos, envases, etc.) y, por otra parte, son muy resistentes a la degradación, manteniendo intacta su estructura química a lo largo del tiempo. Así, se van fragmentando en trozos cada vez más pequeños, convirtiéndose en pequeñas partículas (microplásticos o nanoplásticos) con tamaños comprendidos entre 5.000 y 0,001 micras.

Riesgos para la salud

Es precisamente su tamaño uno de los aspectos que más preocupan, ya que de ello depende en parte su actividad sobre nuestro organismo. Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que publicó un informe sobre este tema en el año 2016, el 90% de los microplásticos son de gran tamaño y eso impide que sean absorbidos o metabolizados por el organismo, así que saldrían de la misma forma que entraron; es decir, de manera parecida a lo que ocurriría si nos tragáramos accidentalmente una canica, por ejemplo. Sin embargo, las partículas de pequeño tamaño (menos de 1,5 micras) serían capaces de penetrar en las células, lo que podría tener consecuencias sobre nuestra salud. ¿Cuáles?

Se trata de un riesgo emergente, por eso apenas hay estudios o información al respecto ni tampoco regulación

Lo cierto es que a día de hoy poco se sabe sobre ello. Se trata de un riesgo emergente, lo que significa que se desconocía hasta hace no mucho. Por eso apenas hay estudios o información al respecto, del mismo modo que tampoco existen regulaciones en la legislación alimentaria ni métodos de análisis estandarizados (esto último explica parte de las críticas que se han hecho al estudio que protagoniza este artículo).

Por el momento, la OMS ha mostrado su preocupación acerca de la presencia de microplásticos en el agua y ha declarado que, aunque todavía no hay ninguna evidencia sobre los impactos en la salud humana, son conscientes de que es un área emergente de preocupación, de manera que “revisará la muy escasa evidencia disponible y establecerá una agenda de investigación para informar sobre una evaluación más exhaustiva del riesgo”. Otras entidades relacionadas con la salud como la EFSA también preparan medidas al respecto. Mientras tanto, como ciudadanos de a pie poco podemos hacer, más allá de tratar de reducir el consumo de plásticos y no obsesionarnos con un tema sobre el que aún se sabe muy poco.

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