Como te comentaba en el post anterior, el Mindfulness Medioambiental te proporciona las herramientas necesarias para entender el daño que le estas causando al planeta, asumirlo y remediarlo de forma sencilla: entrenando a tu mente con mindfulness para mejorar tu alimentación respecto a tu salud y la del planeta. Y, para avanzar en tu entrenamiento, vamos a seguir la senda de los Consejos Kimwani, y en concreto el primer consejo: “Coge de la naturaleza solo lo que necesites”, para que te sea más fácil respetar y cuidar al planeta con tu modo de alimentación.

Para identificar el daño que tus hábitos alimenticios y del resto de Muzungus pueden causar al planeta, te recomendamos ver el documental Cowspiracy (2014), para entender el perjuicio que le causamos a la biosfera consumiendo carne, leche de vaca u otros animales. Y, sobre todo, entenderás el enorme daño que causa en la Tierra nuestra dieta carnívora, que a día de hoy provoca que convivan más de 70.000 millones de animales de granja en el planeta -de los cuales 1.500 millones son vacas- para dar de comer a más de 7.580 millones de seres humanos. Diez animales de corral por habitante, con todo lo que ello implica en el uso de agua y zonas de cultivo para darles de comer.

Cowspiracy.
Cowspiracy.

Según afirman en Cowspiracy, "(...) Los animales libres hace diez mil años eran el 99% de la biomasa. Y los seres humanos solo éramos el 1%. Hoy en día, solo 10.000 años después, los humanos y los animales que mantenemos somos el 98% de la biomasa. Y los animales salvajes y libres son solo el 2%”. Y, para muestra, un botón: una hamburguesa de 100 gramos utiliza más de 2.500 litros de agua en su producción.

Si Cowspiracy te ha interesado y quieres profundizar sobre un modo de alimentación más sano para ti y para el planeta, te recomiendo ver también el documental Food Choices (2016), en el que se habla en profundidad de las enormes ventajas de comer verduras, legumbres, frutos secos, semillas y frutas en lugar de carne, lácteos, pescado y productos elaborados, entre otros.

Si evolucionamos hacia un mayor consumo de vegetales, disminuiremos las emisiones de gases de efecto invernadero

Una vez entendida tu huella en la devastación del planeta y cómo puedes contribuir a disminuirla cambiando tus hábitos de alimentación, puede que te sientas impotente para acometer este gran cambio en tu dieta. Pero, para entrenarte en el cambio y evolucionar hacia hábitos alimentarios más saludables para ti y para la biosfera, tienes la posibilidad de iniciarte en 'Mindful Eating' o 'Comer Consciente'.

Cuando aprendas a practicar la atención plena (mindfulness) en la alimentación y los alimentos, sin prácticamente darte cuenta empezarás a sentir una enorme gratitud hacia el planeta, sentimiento que conlleva la asunción por tu mente, de forma espontánea y natural, sin sacrificios ni frustraciones, de un cambio de hábitos en diferentes aspectos de tu vida, incluida la alimentación.

En la gratitud hacia la naturaleza que se genera en tu cerebro con la práctica del Mindfulness está la clave para que modifiques tu alimentación y se reduzca tu participación en el incremento de los GEI (Gases de Efecto Invernadero), que no son solo responsabilidad de los gobiernos y su mercadeo de cuotas de emisión, sino que son responsabilidad tuya, mía y de los más de 7.500 millones de humanos que habitamos el planeta Tierra en 2017. Si quieres puedes observar cómo crece nuestra especie en tiempo real en este link: http://poblacion.population.city/world/

¿Hasta qué punto somos conscientes de nuestra responsabilidad en el calentamiento global?
¿Hasta qué punto somos conscientes de nuestra responsabilidad en el calentamiento global?

El efecto invernadero y los GEI son parte de un plan diseñado por la sabia naturaleza para protegernos del frío del universo. Un plan cuya formulación está dinamitando nuestra especie. Para que funcione el efecto invernadero, la naturaleza deja pasar los rayos de luz generados por el sol a través de la atmósfera. Rayos que, al chocar contra el suelo, lo calientan, dando lugar a que este emita rayos infrarrojos (ondas caloríficas); estos infrarrojos, a diferencia de los rayos de luz, son absorbidos por los diferentes gases presentes en la atmósfera, que a su vez hace de techo de cristal del planeta para que no se vaya el calor. En la Tierra, el efecto invernadero es responsable de un exceso de 33 °C de la temperatura superficial (15 °C de valor medio) sobre la temperatura de emisión (−18 °C), en unas proporciones determinadas, diseñadas y establecidas por la naturaleza para proteger la vida en el planeta del frío del universo.

La gratitud activa regiones cerebrales asociadas a la dopamina y puede ser un antidepresivo natural

El incremento artificial y constante de los GEI a través de acciones humanas -como los procesos industriales, el transporte y, sobre todo, a través de la ganadería y la agricultura extensiva que ésta necesita para subsistir- están provocando el aumento de la temperatura global media del planeta. En el momento en que esta subida sea de 2ºC, si no antes, se espera que genere catástrofes ambientales, sobre todo por la desertización de muchas zonas del planeta y por la subida del nivel de las aguas del mar, debido al derretimiento de los polos.

Por tanto, lo tenemos fácil: si cada uno de nosotros evoluciona en su dieta hacia un incremento del consumo de vegetales, en detrimento del consumo de carne, contribuiremos a disminuir las emisiones de GEI de forma que se minimicen las posibilidades de aumento de temperatura media del planeta, a pesar de lo que decidan o no el presidente Trump y el resto de políticos en sus cumbres mundiales. Y el Mindfulness Medioambiental y la gratitud hacia el planeta, que este genera en nuestro cerebro, son una de las claves para facilitar este camino.

Podemos cambiar las cosas (Foto: iStock).
Podemos cambiar las cosas (Foto: iStock).

Y una buena noticia: está científicamente demostrado que, al fomentar la gratitud en nuestro cerebro, se consigue aumentar la densidad de las neuronas y la inteligencia emocional, lo cual ayuda a su vez a mejorar las relaciones personales. Investigadores del Instituto Nacional de Salud (NIH), de USA, examinaron el flujo sanguíneo en varias regiones del cerebro mientras los sujetos del experimento evocaban sentimientos de agradecimiento (Zahn 2009). Y encontraron que los sujetos que mostraron más gratitud, en general tenían niveles más altos de actividad en el hipotálamo.

Esto es importante debido a que el hipotálamo controla una enorme variedad de funciones corporales esenciales, tales como comer, beber y dormir. También tiene una gran influencia en el metabolismo y en los niveles de estrés. Y, según nos muestra la neurociencia, los sentimientos de gratitud están correlacionados con la activación directa de regiones cerebrales asociadas a la dopamina. Esta sustancia está involucrada tanto en la motivación como en la sensación de placer y felicidad en los centros de recompensa del cerebro.

Esta neurohormona guiada por la gratitud impulsará tu cerebro a focalizar la atención en un 'círculo virtuoso de observaciones positivas' a lo largo del día. Puesto que tus sistemas cognitivos no pueden fácilmente centrarse al mismo tiempo en estímulos positivos y negativos, tu cerebro intentará demostrar lo que ya considera como real: ese circuito de estímulos positivos.

Cuando eres consciente de lo que comes, puedes reducir de forma directa tu impacto sobre la subida de la temperatura del planeta

La gratitud, además, puede ser un antidepresivo natural. Cuando dedicamos tiempo a reconocer que estamos agradecidos se activan determinados circuitos neuronales. La producción de dopamina y serotonina aumenta y estos neurotransmisores viajan por las vías neuronales de forma muy similar a como funcionan los mecanismos de muchos antidepresivos. La práctica de la gratitud, por lo tanto, puede ser una forma natural para crear los mismos efectos que los medicamentos anti depresión y crear sentimientos de bienestar.

Así que, una vez que empiezas a mostrar gratitud por los regalos de la naturaleza y otras situaciones de tu vida, tu cerebro empieza a buscar más cosas que agradecer. Agradece. Escribe. Medita. Repite. Así es como se crea un círculo virtuoso. Que hace que la gratitud se convierta en adictiva, en el buen sentido de la palabra. Ya que los actos de agradecimiento liberan grandes cantidades de dopamina, que funcionan como estimulante, para seguir motivados a cultivar el propio agradecimiento.

Como ves, lo tienes fácil. Una vez que eres consciente de que puedes reducir de forma directa tu impacto sobre la subida de la temperatura del planeta cambiando tus hábitos de alimentación, solo tienes que empezar el aprendizaje del mindfulness en cualquier escuela de tu alrededor, para que a partir de ahí empieces a sentir gratitud hacia el planeta de forma permanente, e iniciar de forma natural, sin esforzarte, el camino del cambio de hábitos alimenticios, a ser posible de la mano de un nutricionista especializado en alimentación 'verde'.

Y recuerda, futuro Kimwani, coge de la naturaleza, solo lo que necesites. Feliz día