Hoy toca cambiar el chip. Mientras en anteriores artículos les he contado las propiedades de algunos productos que se venden en mi supermercado favorito, hoy voy a escribir acerca de unos productos que, desgraciadamente, no hay forma de encontrarlos en ninguna superficie comercial española.

Retrocedamos hasta 1998. Aquel año se descubrió un mecanismo basado en el ARN de interferencia que sirve para bloquear, o más bien regular, el proceso de síntesis de proteínas. Fruto de este hallazgo muchas proteínas implicadas en la aparición y desarrollo de enfermedades pueden ser 'inactivadas'. La magnitud de aquel descubrimiento fue tan grande que en el año 2006 el Premio Nobel en Medicina y Fisiología fue concedido a los profesores Andrew Z. Fire y Craig C. Mello por sus avances en el ARN de interferencia. Lo sé, ustedes están pensado que esto poco tiene que ver con la alimentación..., pero se equivocan.

Gracias a las investigaciones de Fire y Mello, la primera cosecha comercial de manzanas Golden Delicious modificadas genéticamente se ha trasladado desde huertos del estado de Washington hasta 400 supermercados del Medio Oeste estadounidense para comercializarse cortadas en rodajas y en paquetes de 300 gramos. ¿Qué ventajas tienen frente a las manzanas tradicionales? Que las modificaciones genéticas a las que se han sometido provocan que tarden mucho más tiempo en oscurecerse con las consiguientes ventajas sensoriales para el consumidor y económicas para el fabricante.

Analicemos detalladamente la relación del Premio Nobel de Medicina y unas manzanas que no se oscurecen. Dentro de mis líneas de investigación en la Universidad de Murcia se encuentra el estudio del pardeamiento enzimático, un proceso bioquímico responsable del oscurecimiento de frutas y verduras que se produce cuando se pelan, trocean o golpean manzanas, lechugas, peras, plátanos, etc. ¿Y por qué se produce este pardeamiento? Por la oxidación de los polifenoles presentes en estos alimentos, que da lugar a la aparición de las clásicas manchas oscuras en frutas y verduras que tan poco nos gustan a los consumidores. Debido a la repulsa que nos produce el oscurecimiento de estos alimentos, la industria lleva años marcándose como objetivo la búsqueda de métodos que inhiban o retrasen la aparición del pardeamiento enzimático… y es ahí donde la investigación básica en el sector alimentario desempeña un papel importantísimo.

Se trata de luchar contra el oscurecimiento de frutas, que se produce cuando se pelan, trocean o golpean

La principal causante del pardeamiento enzimático es una proteína denominada polifenoloxidasa que trabaja en dos fases (hidroxilación y oxidación) gracias a su doble actividad enzimática. Para evitar su acción hay que buscar procesos que inhiban esta proteína. Tradicionalmente se han usado sulfitos, tratamientos térmicos adecuados, modificaciones de pH, etc. Sin embargo, la mayoría de estos procesos llevan asociados problemas nutricionales o sanitarios, por lo que se están buscando nuevas alternativas… y una de ellas son las modificaciones genéticas que han dado lugar a la comercialización de las manzanas Artic.

Hace aproximadamente tres años el Gobierno estadounidense aprobó dos nuevas variedades de manzanas transgénicas de la empresa Okanagan Specialty Fruits (Arctic Golden y Arctic Granny), donde la enzima polifenoloxidasa tiene reducida significativamente su actividad, lo que provoca que, al cortarlas, no se oscurezcan tan rápidamente. Para alcanzar este objetivo, los investigadores de Okanagan Specialty Fruits aplicaron en las manzanas Artic los descubrimientos de Fire y Mello que les llevaron a conseguir el Premio Nobel de Medicina en 2006.

El primer paso fue secuenciar el genoma completo de las manzanas Arctic, compuesto de 750 millones de pares de bases. Posteriormente hubo que determinar la secuencia de genes responsable de codificar la enzima polifenoloxidasa responsable del pardeamiento. Una vez encontrada dicha secuencia los investigadores responsables de las manzanas Artic introdujeron en el sistema un 'artefacto' para silenciar la enzima polifenoloxidasa. ¿Y cuál es ese 'artefacto'? Precisamente un ARN de interferencia.

Antes y después. (iStock)
Antes y después. (iStock)

Es posible que ustedes se estén preguntado cómo pudieron los investigadores responsables de las manzanas Artic introducir un ARN de interferencia en una fruta. Para ello emplearon como 'vehículo conductor' un organismo comúnmente utilizado como medio de insertar genes foráneos dentro de las plantas y desarrollar organismos modificados genéticamente: la bacteria Agrobacterium tumefaciens. Tras una serie de procesos biotecnológicos muy sencillos obtuvieron en el laboratorio 'pequeñas hojas de manzano transgénico' que, posteriormente, hicieron crecer en placa Petri. Finalmente, los investigadores realizaron tradicionales injertos en manzanos transgénicos y así obtuvieron las manzanas Artic donde la enzima polifenoloxidasa está 'bloqueada'. Gracias a estos procesos, las manzanas protagonistas del artículo de hoy aguantan hasta 17 días después de trocearse sin ennegrecerse significativamente, lo que comercialmente tiene muchísimo valor por su alto valor sensorial.

¿He acabado? No. Queda una duda por resolver. Si el ARN de interferencia se conoce desde 1998…, ¿por qué hemos tenido que esperar 20 años para ver en las superficies comerciales alimentos donde se ha aplicado la tecnología que hoy les he descrito? Pues porque hasta unos meses no existían informes oficiales sobre si el uso del silenciamiento de genes en alimentos puede producir problemas medioambientales y/o sanitarios. Sin embargo, y tras muchos años de controversia, el Departamento de Agricultura de los EEUU acaba de emitir su veredicto: las modificaciones genéticas llevadas a cabo para producir estas variedades de manzanas no presentan ningún impacto ambiental ni riesgo sanitario.

"Es hora de que se deje de asustar sobre los no demostrados riesgos de los organismos modificados genéticamente"

Sin embargo, no todo van a ser buenas noticias. Como les dije al principio de este artículo, estas manzanas difícilmente llegarán a nuestros supermercados. Las anticientíficas presiones de determinados grupos contra los alimentos transgénicos que inculcan absurdos temores en la población están ralentizando muchísimo su implantación en la Unión Europea. Es lo que hay.

Acabo, pero antes quiero que saquen dos conclusiones de este artículo. La primera es que la investigación en un campo concreto (por ejemplo la medicina) puede generar conocimiento científico que puede ser muy útil en otro campo muy distinto (por ejemplo la alimentación). Esa es la clave de la interdisciplinariedad de la ciencia. La segunda, no menos importante, es que no podemos seguir poniendo vallas al campo de la biotecnología. Ya va siendo hora de que se deje de asustar al consumidor sobre los nunca demostrados riesgos de los organismos modificados genéticamente. Una vez demostrada su inocuidad, hay que dejar comercializar estos productos y cada uno que elija si quiere comprarlos o no.