Desayunar, comer o cenar pueden ser experiencias muy diferentes a partir de este entrenamiento en 'mindfulness' medioambiental si te haces cómplice de tu particular ejército de 10.000 papilas gustativas para disfrutar al máximo de cada bocado. Para ser realmente consciente de su poder, prueba a masticar, salivar y tragar muy muy despacio, mientras retienes los alimentos en la boca el mayor tiempo posible, para que tu lengua, que es la que te conecta con tu sentido del gusto en el cerebro, maximice la experiencia al degustar. De esta forma, aprenderás a disfrutar de tu sentido del gusto como una pieza fundamental de tu entrenamiento kimwani.

Los receptores de sabores de tus papilas detectan el dulce, el salado, el amargo y el ácido. Pero hay un quinto receptor-sabor para una sensación llamada umami, que fue descrita por primera vez en 1908 por científicos japoneses y cuya existencia se confirmó en el año 2000. El umami está considerado el sabor de uno de los aminoácidos más comunes que se encuentra en las proteínas: el ácido glutámico. Este sabor es la sensación que se percibe cuando nuestros receptores gustativos interactúan con este aminoácido. Un sabor que se encuentra de forma natural en infinidad de alimentos: carne, anchoas, quesos curados (en especial en el parmesano), jamón serrano, salsa de soja, salsas de pescado del Sudeste Asiático o en espárragos, tomates y muchas frutas maduras.

A los alimentos procesados, que carecen del umami de forma natural, se les añade el glutamato monosódico

A los alimentos procesados, que no tienen el sabor umami de forma natural, se les añade el glutamato monosódico (derivado del ácido glutámico), un aditivo que actúa como reforzador de sabores y que nos estimula las ganas de comer estos productos. Se utiliza sobre todo en alimentos industrializados como caldos de pollo en cubitos, frituras y sopas instantáneas.

Una vez analizado el umami y el resto de sabores que son capaces de distinguir nuestras papilas gustativas, vamos a profundizar sobre cómo entrenar la estimulación de la percepción del sentido del gusto, para lo cual basta con que te concentres en activar los receptores de sabores de tu lengua, ofreciéndoles sustancias puras durante tu entrenamiento. El objetivo es que aprendas a concentrarte en la detección individualizada de sabores, para que cuando practiques la degustación lenta, mientras comes en tu día a día, seas capaz de entender y diferenciar cada uno de los sabores que estas paladeando.

Estructura molecular del glutamato monosódico.
Estructura molecular del glutamato monosódico.

Para comenzar, puedes mostrarle tu lengua al espejo y conocer mejor a tus nuevas aliadas en la degustación lenta de los alimentos. Si no las ves bien, utiliza una lupa. Es difícil que puedas diferenciar entre papilas fungiformes, filiformes, foliadas o caliciformes, pero sí es importante que seas consciente de que todas y cada una de ellas te sirven para identificar sabores, texturas y temperaturas.

Una vez hayas conocido mejor a tu cómplice, siéntate en silencio en algún lugar sin ningún tipo de distracciones y céntrate en degustar una pieza de fruta -por ejemplo, una manzana-, y sigue los consejos del doctor Richard Hanson, autor del libro 'Buddah´s Brain' y profesor de Bioquímica de la Case Western Reserve University, fallecido en 2014, quien ofrecía en sus charlas una serie de consejos respecto a la transformación de eventos positivos en experiencias positivas. Consejos que pueden serte muy útiles en tu entrenamiento sobre el comer consciente o 'mindful eating':

Paso 1. Consiste en ser consciente de que un evento positivo te está ocurriendo o te va a ocurrir. En el caso que nos ocupa es fácil. Emplea 20 segundos en buscar mentalmente ese color, ese sabor o ese olor de la manzana que te guste. Focaliza tu atención en encontrar el componente agradable de la experiencia. Durante la concentración se desvanece la agitación de la mente. Una sola idea ocupa toda tu mente. Los demás sentidos se apaciguan y dejan de funcionar. Solo estará alerta el del gusto, aplicado a la manzana.

En vez de sentir los efectos del sentido del gusto durante solo un par de segundos, disfruta de este durante 10, 20 o 30


Paso 2. La manera de recordar algo es convertirlo en intenso y sentirlo en tu cerebro. Se trata de permitir a nuestras neuronas que se conecten, de forma que, en vez de sentir los efectos del sentido del gusto durante solo un par de segundos, disfrutar de este durante 10, 20 o 30 y que de esta forma se empiece a desarrollar la estructura neuronal en tu cerebro asociada a esa experiencia positiva.

Recuerda que, por múltiples factores evolutivos, nuestro cerebro retiene mejor las experiencias negativas que las positivas, ya que nos sirven de mecanismo de protección para la supervivencia del individuo, de forma que no cometamos dos veces el mismo error. Por tanto, si fuerzas la retención de experiencias positivas, provocando conexiones entre neuronas y la estimulación de tus neurohormonas del placer, será más fácil que estas experiencias permanezcan en tus recuerdos.

Paso 3. Consiste en detectar que esta experiencia positiva penetra y se convierte en una parte de ti. En definitiva, se trata de identificar que se está convirtiendo en parte del tejido de tu cerebro y, por tanto, de ti mismo. Piensa que tu cerebro cambia continuamente su estructura, en base a lo que piensas y sientes, por lo que tú puedes moldearlo a tu medida. Dedícale 30 segundos al menos, dando vueltas en tu cerebro al evento positivo, hasta su transformación en experiencia y poco a poco te convertirás en un experto en almacenar experiencias positivas.

Visualizar el origen del alimento, una ardua labor de muchas personas.
Visualizar el origen del alimento, una ardua labor de muchas personas.

Para continuar con la experiencia sensorial mientras degustas la manzana, reflexiona sobre el tipo de fruta, el color, cómo se siente en la mano, el olor. No ha aparecido por arte de magia. Ha llegado hasta ti como resultado de la ardua labor de muchas personas que la han sembrado, regado, cuidado, recolectado, embalado, transportado, colocado en estanterías y situado en tu casa o plato. Puedes también reflexionar no solo sobre los procesos, sino también sobre el ecosistema del que forma parte esa manzana. Sé consciente del sol, la lluvia, el suelo, la tierra, las nubes, el agua... Todos los elementos que han hecho posible que puedas llevártela a la boca.

Gratitud hacia el planeta

Sin la combinación de todos ellos, y sin la ayuda de muchas personas, simplemente no existiría la manzana. Comprobarás que, mientras reflexionas sobre todo esto, surge en tu mente un sentimiento de gratitud. Todo lo que tenemos es el resultado de la naturaleza, la amabilidad y el duro trabajo de muchas personas. Esa gratitud hacia el planeta es la que te ayudará a mejorar tus hábitos alimentarios y, además, la salud del planeta. Es decir, cómo se relacionan tu alimentación con los gases de efecto invernadero y tu 'econciencia'.

Solo una vez que hayas pasado tiempo examinando la manzana, da el primer bocado y, con este, los siguientes. Saborea realmente todas las cualidades de la manzana: su dulzura, aroma, frescura, jugosidad y textura crujiente. Probablemente, son cualidades que has pasado por alto una y otra vez, independientemente del número de manzanas que te hayas comido a lo largo de tu vida.

Prueba a masticar y degustar cada bocado lentamente mientras lo paladeas y recuerda que mientras lo haces no hay proyectos, ni plazos, ni preocupaciones: no hay una lista de cosas por hacer. No hay miedos ni tristeza, rabia, pasado o futuro. Solo la manzana. Aquí y ahora. Y aprende a disfrutar de tu sentido del gusto, con tu cómplice lengua como guía de tus nuevas experiencias gustativas.