Sin límites de edad para donación y trasplante
  1. Bajo el microscopio
Dr. Rafael Matesanz

Bajo el microscopio

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Sin límites de edad para donación y trasplante

La edad se ha ido borrando hasta el día de hoy en que valoramos en todo potencial donante la viabilidad de cada órgano, su funcionalidad y edad biológica sin contar son su DNI

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Allá por los años setenta y hasta bien entrados los ochenta del siglo pasado, los criterios de edad eran prácticamente obligados a la hora de considerar una persona fallecida en situación de muerte cerebral como posible donante de órganos. Lo mismo cabía decir al valorar un enfermo como posible candidato a recibir un riñón, por entonces el único órgano trasplantable.

Razones muy sencillas: los resultados eran todavía bastante limitados por falta de medicamentos eficaces contra el rechazo y ni la cirugía ni otros aspectos de la medicina estaban tan desarrollados como lo están hoy día, por lo que había que buscar tanto donantes como receptores 'ideales' so pena de poner en grave riesgo la vida del enfermo. No podían tener ninguna otra patología aparte de la insuficiencia renal en el enfermo a trasplantar, ni trastorno alguno aparte del que le había producido la muerte encefálica (entonces casi siempre traumatismos craneales) en el donante.

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Esto hacía que la edad límite para donar y para recibir estuviera situada alrededor de los 45 años, lo que limitaba y mucho la posibilidad de recibir estos tratamientos.

Con los inmunosupresores

Pero las circunstancias fueron evolucionando de una forma progresiva ya durante los años ochenta con la llegada de inmunosupresores más eficaces y las mejoras en cirugía y otros aspectos del trasplante que además pasó a incorporar poco a poco el corazón, el hígado y el resto de los órganos.

Los límites de edad cronológica se fueron borrando paulatinamente en los donantes hasta el día de hoy en que valoramos en todo potencial donante la viabilidad para trasplante de cada órgano, su funcionalidad y edad biológica, con independencia de la referida en el DNI.

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Efectivamente hoy sabemos que la resistencia a la edad es variable según el órgano a considerar y que mientras es relativamente frecuente trasplantar hígados de más de 90 años (hasta de 97 años que me conste), el más delicado es el intestino, que rara vez supera los 20-30 años, o el páncreas los 45.

El resto, de más a menos sensibles: corazón, pulmón y finalmente el riñón, que alcanza edades casi tan elevadas como las del hígado. Por dar una visión global, durante los últimos años en España, más de la mitad de los donantes tenían más de 60 años, un 30% más de 70 y un 9% más de 80 años, con casos puntuales, pero no excepcionales de más de 90.

Un hecho revolucionario

Podría decirse que la ampliación de criterios en la aceptación de un donante de órganos ha sido la mayor revolución en el mundo de los trasplantes en las últimas décadas pues no es ya solo la edad sino multitud de factores que antes se consideraban casi excluyentes y hoy están perfectamente evaluados en cuanto a su relación riesgo/beneficio para el receptor, demostrando así su viabilidad. Junto con cambios sociales muy importantes como un mayor énfasis en la seguridad vial, ha hecho posible un cambio radical en el perfil del donante que si hace 40 años procedía en más de la mitad de los casos de accidentes de tráfico, hoy estos representan tan solo un 3-4%, una cifra muy pequeña.

Foto: Pacientes desahuciados, los ‘nuevos’ donantes de órganos

El donante tipo ha pasado de ser el motorista joven sin casco (por fortuna algo excepcional en la actualidad en nuestro ambiente), a una persona de 60-80 años fallecida por un accidente cerebrovascular.

Como en tantos otros aspectos de la donación y el trasplante, España ha sido pionera en este 'envejecimiento' de los posibles donantes como corresponde, por otra parte, al hecho de ser uno de los países del mundo con una pirámide de la población más desplazada hacia las edades avanzadas. Ello ha permitido a su vez ofrecer el trasplante de todos los órganos a un mayor número de enfermos de edades muy avanzadas, algo impensable hace décadas y con unos resultados francamente buenos.

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De todo ello no cabe deducir que sea indiferente la edad del órgano trasplantado a la hora de predecir los resultados conseguidos con el mismo. En general, los órganos van perdiendo con el tiempo su capacidad funcional y por tanto su periodo esperable de 'vida útil', aunque ello, como decíamos, depende de cada uno de ellos. Por ejemplo, igual que a partir de cierta edad vamos perdiendo pelo, a partir de los 30-35 años nuestros riñones van perdiendo cada año alrededor del 1% de su capacidad funcional. Ello hace que trasplantar a un enfermo un riñón de 70 años sea como ponerle medio de 30 y que nunca se deban utilizar estos riñones para niños o personas jóvenes con una prolongada esperanza de vida.

En cambio, resultan muy adecuados para trasplantar enfermos de más de 70-80 años a los que pueden proporcionar una esperanza y una calidad de vida muy superiores a las que tendrían de permanecer en tratamiento con diálisis. Es el principio del 'old for old' (órgano de anciano para anciano) que permite utilizar muchos más órganos y tratar con ellos muchos más enfermos.

En suma, el mensaje es muy claro: hoy día no existen barreras de edad para la donación y el trasplante de órganos. Solo las enfermedades asociadas no tratables con los trasplantes pueden excluir a una persona de acceder a estas terapéuticas o de ejercer su derecho a la donación. Otro día hablaremos del estado de los trasplantes en la infancia, algo que merece consideración aparte.

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