¿Recuerdas lo que te comentaba en el paso IX, titulado 'Entrénate en compartir mientras aprendes mindfulness de la autocompasión'? En este artículo vamos a profundizar en las bondades del mindfulness de la compasión y del acto de compartir para combatir tus adicciones.

Como ya bien sabes, los kimwani lo comparten todo: casa, comida, tiempo de calidad con los suyos, risas y por encima de todo el disfrute de las cosas simples de la vida. Nosotros, los muzungus, poco o nada. ¿Has pensado alguna vez en que compartir y reconocer tus adicciones con los tuyos puede ser el inicio del camino para abandonar estas?

"Practicar mindfulness implica que te des cuenta de que el sufrimiento y el fracaso son parte de la experiencia humana"

El mindfulness de la compasión consiste en extender nuestro 'yo' sufriente a los otros para fomentar la empatía y la bondad con uno mismo y los demás. La bondad intrínseca en el acto de compartir es la mejor medicina contra el egocentrismo, los celos, el odio o las adicciones, y abre nuestra mente y corazón hacia los demás.

Es importante comenzar ejercitando la bondad con uno mismo para luego poder extenderla a los demás y al mundo. Gran parte de nuestro sufrimiento se deriva de la dureza con la que nos tratamos a nosotros mismos; de hecho, podemos ser nuestros peores enemigos tratándonos con dureza por los errores cometidos y utilizando grandes listas de 'debería' o 'tendría que…', que normalmente no conducen a nada.

Para empezar con tu entrenamiento en mindfulness de la compasión, piensa que se trata de una herramienta muy útil para combatir cualquier tipo de adicción, no solo con la comida, sino también con la bebida, el tabaco, las drogas, los móviles o con personas tóxicas. Y que, durante su aplicación en procesos de lucha contra una adición, ocurre exactamente lo mismo que en el caso de la compasión por los demás.

Foto: iStock.
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Primero y, antes de nada, tiene que haber reconocimiento de que hay sufrimiento. Sufrimiento que está siempre detrás de un hábito adictivo. Con el mindfulness y la atención plena te será mucho más fácil admitir que tienes un problema y superar su negación, además de aprender a identificar qué sientes, qué piensas, cómo reacciona tu cuerpo, antes, durante y después de que tenga lugar la conducta adictiva.

La conciencia plena te permite avanzar hacia el cambio, ya que es el desconocimiento de la cadena de procesos de esa adicción lo que tienes que revertir. La atención plena te permite entender que tienes la opción de no participar en esos comportamientos adictivos automáticos. Y, sobre todo, la atención plena te permite a través de la autoconciencia salir de los patrones de pensamiento automático.

Ya sea el chocolate, los gin-tonics, el tabaco, la coca, Instagram o una amistad tóxica el motivo de tu adicción, lo primero que tienes que hacer es reconocer que tienes una dependencia y entender y asumir que tienes la capacidad de elegir si participar o no en el proceso adictivo.

El segundo paso implica ser consciente de que hay que hacer algo para cambiar esa situación de sufrimiento, con amabilidad hacia nosotros mismos. ¿Recuerdas lo que te comentaba en el paso XI sobre las diferentes actitudes que hay que mantener al practicar mindfulness? ¿Recuerdas lo que comentábamos sobre 'no juzgar' y mantener una actitud amable hacia ti mismo?

Foto: iStock.
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La próxima vez que sientas un impulso adictivo, sea con lo que sea y donde sea, párate y haz un ejercicio de mindfulness y trae tu atención plena al momento presente. Entiendo que es complicado, por ejemplo, cuando te encuentras con el resto de tu tribu, bebiendo y estás en campaña de retirada del tabaco. Pero cámbiate de espacio (¿un WC?) y dedícate 7 minutos a ti, a entender la tiranía de esa compulsión y con amabilidad déjala que se vaya, como el humo con el que ibas a regalar a tus pulmones en esa ocasión. Vuelve con tu gente y con el siguiente momento de ansiedad hacia el acto adictivo, déjate llevar, verás que si no tienes tus sentidos muy deteriorados por la bebida, la experiencia va a ser totalmente diferente, por el sufrimiento implícito en dejarte llevar por la tiranía de tu adicción.

Y así, poco a poco, día a día, paso a paso, sin juzgarte y con mucha amabilidad hacia ti, hasta que poco a poco tu mente y tu conciencia acepten que es mejor no darle alas a tu piloto automático para que esa adicción pase a formar parte de tu pasado.

Y, en tercer lugar, tienes que concienciarte de que el sufrimiento es algo concomitante a toda la humanidad. Tienes que percatarte de que quien más o quien menos tiene una adicción, en la mayoría de los casos las más denostadas son las drogas, el tabaco y el alcohol, pero también es una adicción estar enganchado al móvil, a una persona tóxica o simplemente a un alimento. Practicar mindfulness de la compasión implica que te des cuenta de que el sufrimiento, el fracaso y la imperfección son parte de la experiencia humana, compartida por todos nosotros. Y que compartas con los tuyos tu sufrimiento.

La comida también puede ser adictiva. (iStock)
La comida también puede ser adictiva. (iStock)

Al reconocer y compartir tu adicción, tu gente te entenderá mejor y al hilo del ejemplo anterior si tu adicción es con el tabaco y eres por ejemplo un fumador social y solo fumas cuando bebes, a lo mejor consigues que los tuyos cambien de espacio o hábitos para no fumar delante de ti o, incluso y mucho mejor, que te acompañen en este viaje.

Y un dato importante es que si algún día vuelves a recaer como fumador social o con ese alimento, bebida o droga, no pasa nada; con amabilidad hacia ti, reconócete que te has dejado llevar por la compulsión y disfruta de tu caída en el aquí y en el ahora. Nadie es perfecto. Y, sobre todo, no utilices esa recaída como excusa para volver a ese mal hábito. El mejor antídoto a esa recaída pasa por incrementar tus 'paradas' para practicar sesiones cortas de mindfulness de la compasión con las siguientes llamadas de tu mente al acto adictivo, porque está claro que hay algunas emociones que todavía no gestionas bien.

El mindfulness de la compasión nos ayuda además a lograr la aceptación e incluso el amor por nosotros mismos, para así luego poder tener compasión con las otras personas, dado que no podemos dar a los demás aquello de lo que carecemos.

"Vuelve con tu gente y déjate llevar. Si no tienes tus sentidos deteriorados por la bebida, la experiencia va a ser diferente"

Con la repetición de un estado mental, como la compasión, estamos incrementando la probabilidad de que estados parecidos se produzcan con una frecuencia cada vez mayor y esto equivale a decir que con el tiempo se va convirtiendo en un hábito automático, que no requiere apenas esfuerzo. Por ejemplo, es el caso de la transición desde la atención al momento presente con esfuerzo, con aislamiento, a la atención al presente sin esfuerzo, ni aislamiento mental ni físico, a lo largo de toda la jornada. Es lo que separa al principiante del practicante de mindfulness experimentado.

El caso ideal es llegar a hallarse en estado de presencia continua, de atención plena durante todo el día, sea cual sea la actividad que estés realizando. Lo que al principio era un estado transitorio, se va transformando con la práctica en un rasgo de la personalidad. Algo que en principio era un estado de la mente localizado temporalmente en un momento circunscrito puede convertirse con la práctica en un rasgo duradero de la personalidad.

Feliz lucha contra la tiranía de las adicciones, kimwani