La luz al final del túnel de la depresión: una enfermedad del espíritu
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Dr. Enrique Rojas

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La luz al final del túnel de la depresión: una enfermedad del espíritu

Un trastorno que sufren millones de personas, la gran epidemia de las sociedades modernas y del que se tratan pocos… Unos no quieren pedir ayuda por el 'qué dirán', otros porque no quieren parecer débiles…

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Desde hace un tiempo, el psiquiatra se está convirtiendo en el médico de cabecera. Está cambiando la visión general de esta especialidad, y ya no somos los médicos de los locos… Al menos para mucha gente… Es una perspectiva que hay que cambiar por el bien de la salud mental general.

La depresión y la ansiedad son los trastornos más comunes con los que nos encontramos actualmente. Hoy me gustaría dedicarle unas líneas al primero, y es que es un trastorno que sufren millones de personas, es la gran epidemia de las sociedades modernas, y que solo se tratan unas pocas… Unos no quieren pedir ayuda por el 'qué dirán', otros porque no quieren parecer débiles… Pero la depresión no es una debilidad, es una enfermedad, y es tratable.

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La depresión es la enfermedad de la tristeza. Es una enfermedad muy cruel, una enfermedad del espíritu, que hace que se distorsione la realidad y que se vea solo lo negativo, que de entre todas las cosas que suceden a tu alrededor, solo veas las malas… Cabalgan en su interior un abanico de sentimientos negativos que nos agobian, como la pena, la melancolía, el desencanto, la desilusión, el abatimiento, la falta de ganas y energías. Todo te hace daño, te deja sin ganas de hacer nada, afecta a lo más profundo del ser humano, cambia la forma de ser por completo, y en algunos casos en los que no se ve la salida, se utiliza este trastorno de salud mental como excusa para no hacer nada, continuar con esa tristeza profunda, apatía, pérdida del sentido de la vida, desesperación, hundimiento…

Distintas clases de depresión

Hay distintas clases de depresión: crónicas, residuales, obsesivas, adaptativas… A veces aparecen a causa de desórdenes bioquímicos, la endógena, y otras son debidas a motivos psicológicos o motivos externos, que sería la exógena: desde graves traumas de la vida a un sumatorio de frustraciones diversas que forman un mosaico negativo de factores. No es lo mismo la tristeza justificada por la muerte de un ser querido, por un revés de fortuna, un suspenso en unas oposiciones o por una ruptura afectiva, que aquella tristeza sin motivo que viene de pronto y se instala en el primer plano y se abre paso y recorre los entresijos de la personalidad. Casi todas las depresiones se curan hoy en día.

Este trastorno de salud mental no solo lo sufre el paciente, sino también sus allegados. Muchos trastornos de la personalidad no son diagnosticados y las personas que viven cerca de dicho sujeto sufren ese estilo de ser tan enfermizo. Pero el apoyo familiar y de los amigos es imprescindible para una persona con depresión. Necesitamos la ayuda y comprensión de los demás. Nuestro círculo más cercano debe ser recinto privado en donde se aprende a amar y donde mejor se siente uno comprendido. Cada uno es como un boomerang: lo que se siembra en nosotros es lo que se recoge. Si se siembra afectividad, confianza, perdón… se recoge eso mismo.

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El apoyo social, la calidad de las relaciones familiares, su consistencia, su positividad, pronostica la evolución de muchas depresiones hacia su mejoría primero y hacia la curación después. Pero hay que saber cómo podemos ayudar a la persona que lo padece, ya que, si no se sabe de esta enfermedad y se tienen unas pautas, este intento puede ser contraproducente, por muy buena que sea la intención, porque puede ser un intento torpe, sin tacto, un principio de frase tan común y conocido como un 'tú lo que tienes que hacer'. El primer pensamiento que tiene la persona depresiva es defensivo: tú no sabes de esto, no sabes de lo que hablas, y no tienes por qué meterte en lo que yo hago o dejo de hacer… Pero una vez que se tienen unas pautas y se siguen, contribuyen de forma significativa a la mejora del paciente, de su funcionamiento social, hasta establecer una vida social sana y equilibrada.

Claves para superarla

Existen algunas claves para poder superar la depresión, y se resumen en que hay que buscar los valores que no se pasan con el tiempo y vivirlos, luchar por vivirlos es la clave. Así es más fácil combatir la tristeza, sus túneles y las emboscadas que ella nos prepara para dejarnos atrapados en sus redes. Saber tomarse las cosas de la vida con sentido del humor (tener una actitud positiva), conocerse a sí mismo (saber cuáles son nuestras aptitudes y limitaciones, para un mejor equilibrio psicológico), desarrollar lenguajes interiores positivos (los monólogos interiores, esa voz que te habla en susurros y se abre paso a nuestra mente en forma de mensajes mentales, anímicos que comentan, critican o aprueban la conducta; ánimo, arriba, adelante, puedes superar esto si te lo propones), fortalecer la voluntad (si la voluntad está entrenada en una lucha constante, deportiva y alegre, será capaz de ponerse retos, exigencias, metas y objetivos concretos; ¡hay que querer ponerse bien!), aprender a superar las crisis de la vida (no debemos dejar que nos venzan los problemas), tener una correcta concepción del tiempo (no anclarnos en el pasado, disfrutar del presente, y mirar hacia el futuro), recurrir a profesionales cuando sea necesario (soy fiel defensor de la terapia integral: psicoterapia, farmacoterapia, laborterapia, socioterapia y biblioterapia), buscar un sentido a nuestra vida (sacarle el máximo partido a cada momento), tener el apoyo de la familia y los amigos, y todo ello nos llevará a un estado de felicidad razonable.

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La auténtica felicidad no es un estado perfecto y permanente, sino un balance existencial positivo. Los altibajos, frustraciones, dificultades, sinsabores, etc, son inevitables y, en la mejor de las vidas, todo eso asoma en distintas dosis y circunstancias. En nuestra mano está el saber encauzar esos fracasos y aprovecharlos como experiencia de la que se deben sacar enseñanzas. No debemos dejarnos dominar por el desánimo, incluso en las circunstancias más difíciles debemos crecernos ante las dificultades, mirando hacia delante con esperanza en el porvenir.

Vivir es reinventarse y volver a empezar.

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